domingo 30 de marzo de 2008

La primavera en Granada
No todo ha de morir, 2008


Índice
Ladera del Zenete y Albaicín Bajo
1- Balcones para la primavera
2- Llega la primavera y no lo parece
3- Primera página del cuaderno del anciano
“Lo más hermoso de la vida”
30 de marzo: Las lilas, flores de primavera
31 de marzo: Los sueños que nos trascienden
1 de abril: Por el jardín de un carmen granadino
5 de abril: Por el aljibe del Zenete
6 de abril: Por las estrechas calles del Albaicín Bajo
7 de abril: Por la calle de Bocanegra
8 de abril: Hacia el Carme de los Escudos
10 de abril: Algunas aves en los jardines de los cármenes
11 de abril: Lluvias de primavera
14 de abril: Rocío de primavera
4- Algunas flores de primavera en el Albaicín Bajo
19 de abril: Por el Carmen de los Monfies

Río Darro, Paseo de los Tristes, Cuesta de los Chinos
Alhambra y Carmene de los Mártires



1- Balcones para la primavera

A Granada, a diferencia de otras ciudades del mundo, se le puede mirar desde muchos sitios elevados. Miradores naturales que, en cualquier época o día del año, ofrecen panorámicas importantes. Y, desde algunos de estos miradores, Granada se ve distinta según la época del año o el día o la hora. Algo que hay que vivirlo para saberlo. Y, desde luego, los miradores más originales se encuentran en el lado el Albaicín, donde la colina de la Alhambra y por donde el Carmen de los Mártires, hacia el barrio del Realejo. Por eso Granada, es la mitad de ella un gran balcón y la otra mitad, una extensa llanura llena de sombras, luces y colores.

Ya te he dicho que el mirador de la Lona, en un extremo del Albaicín, es punto y final o comienzo de la Granada Alta. A un lado, a la derecha según se mira para la vega, queda la Cuesta del Carril de la Lona. A la izquierda, mirando para la vega desde esta atalaya del Mirador de la Lona, queda la Cuesta de Quirós. Dos hermosas calles que suben desde los extremos de la ciudad y se juntan justo en lo más alto. En uno de los balcones naturales más bellos de esta ciudad, frente a la amplia vega y el sol de la tarde. El mirador natural frente al sol de la mañana es San Nicolás.
Pues desde aquí, en los primeros días de la primavera, se ve, se observa y se medita, un mundo muy original. Nuevo cada día, mañana o tarde, y especialmente bello por las noches. Por eso justo en este punto puse fin a mi relato del invierno en Granada y doy comienzo al que contará la primavera. Es un sitio éste, ya lo he dicho, que merece no solo un fin y un comienzo sino un sencillo y hondo libro. La primavera en Granada, observada y contada desde este balcón, tiene un matiz especial. Lo estoy viviendo y por eso lo escribo. Y también digo que el balcón de la izquierda, donde la pequeña plaza de la Cruz de Quirós, hay un algo especial para dar comienzo a la primavera. Un rincón estrecho, muy elevado en la ladera del cerro, recogido en sí, frente al sol de la tarde, empedrado, perfumado con el aire que sube desde la vega y lleno de un misterio muy concreto. Como si fuera algo que completa a la gran ciudad de Granada pero al mismo tiempo personal y nuevo.

2- Llega la primavera y no lo parece

A veces parece que las cosas son al revés de cómo esperamos o debiera. Como el caso de la primavera que acaba de llegar. Justo el último día de invierno el clima cambió por completo. Cuando todavía la Semana Santa caminaba por las calles de Granada. Fue la semana pasa, exactamente.

De la noche a la mañana bajaron las temperaturas, se nubló mucho el cielo, llovió un poco, nevó mucho sobre las cumbres de Sierra Nevada, sopló con fuerza el viento y todo parecía entrar en un crudo invierno. Han pasado los días, hoy es ya veinticinco de marzo, y el clima sigue con este aspecto. Hace frío por las noches, sigue muy nublado y no llueve. Y la primavera parece como si no se viera por ningún lado. Y sin embargo, es primavera. Muchos árboles ya se han vestido con trajes de preciosas florecillas y lo mismo muchos jardines y laderas del río Darro. Y hasta los jóvenes universitarios se preparan para celebrar “la fiesta de la primavera”. Pero esto es otro cantar en la verdadera primavera de Granada. Ellos se concentran para gritar, bailar y beber, bajo el pretexto de la llegada de esta hermosa estación del año y no le hacen ningún honor a ella. Su celebración es otra cosa. Y sin embargo, es primavera. Empiezo yo a observarla y me preparo para verla por muchos de los recogidos rincones de Granada. Y, especialmente, desde el Albaicín Alto, en el pequeño mirador de la Cruz de Quirós.

Ayer, cuanto ya se iba ocultando el sol por el fondo de la ancha vega, desde este pequeño mirador, contemplaba la tarde. Solo algunos turistas, subían o bajaban por la empinada cuesta y al fondo se palpaba el latir de la ciudad. Y meditaba tu lejanía y ausencia desde hace ya casi un año y, a ratos, pensaba en el Cortijo de la Viña. Ya sabes: el fantástico edén al norte de Granada y donde tiene su palacio la princesa guapa y el borriquillo Sinombre. Meditaba y me decía que también tengo que hablar de ella y de este rincón, cuando oí que alguien llegaba por mis espaldas. Volví mi cabeza y, ante mis ojos, me la encontré. Sí, era ella que, sin más rodeos, me dijo:
- Vengo para decirte que en el Cortijo de la Viña ya es primavera.
- También lo es en la ciudad de Granada.
- Y sin embargo, fíjate cómo blanquean las cumbres de Sierra Nevada.

Sobre estas altas cumbres, en estos últimos días de invierno, ha caído mucha nieve. Tanta que la nieve llega hasta las partes bajas. Le dije:
- La nieve es buena. Se necesita para que haya agua en la ciudad y en la vega. El río Genil, el que bien sabes tú que baja desde aquellas elevadas cumbres, es el que nos trae la vida. Ahora que llega la primavera, todas las plantas brotan y echan flores. Y en los jardines, públicos y privados de Granada, hay muchas plantas. Y a esta ciudad ya sabes que vienen muchos turistas. Este invierno ha sido de los más secos del siglo y por eso necesitamos agua. Y, ya que no ha llovido, al menos la nieve de Sierra Nevada, nos aliviará un poco.

Junto a mí, en el pequeño mirador de la Cuesta de Quirós, la niña se sentó. En sus manos traía un cuaderno. Lo miré y, antes de que me dijera nada, adiviné qué es lo que en este cuaderno hay escrito. Y me lo confirmó diciendo:
- El Anciano amigo nuestro nos ha dejado en herencia todos sus escritos. Ya lo sabes. Y, de entre los muchos cuadernos suyos, hoy he cogido éste. Y no es porque aquí haya dejado escrito él algún hermoso relato de primavera aunque yo creo que sí.
Me mostró las tapas del cuaderno y, en letras grandes, vi escrito el título: “El Joven de la Túnica blanca”. Me siguió diciendo:
- Esta historia, para mí, es una de las más hermosas que escribió nuestro amigo. Me gusta mucho. Y por eso ¿sabes qué he pensado?
- Dímelo.
- Ahora que empieza la primavera y tú te has propuesto escribirla para regalársela a la persona que ha sido nuestra mejor amiga, he pensado que podrías hacerlo usando como cimiento la historia que hay escrita en este cuaderno.
Medité un minuto y luego le pregunté:
- ¿Por qué crees tú que es una buena idea contar las cosas de la primavera en Granada usando como cimientos la historia del cuaderno del Anciano?
- Porque merece que se sepa la historia tan bonita que aquí ha dejado escrita. Y porque es una muy perfecta y profunda pincela de la belleza de Granada.

Frente a nosotros, con los últimos rayos del sol de la tarde, silenciosa la ciudad. Y al mirador pequeño de la Cuesta de Quirós, llegaban y se iban algunos turistas. Todos hacían fotos y alguno que otro preguntaba. Al fondo y en el mismo centro de la ciudad, la robusta silueta de la catedral. Le dije a la niña:
- Yo también pienso que será muy bonito contar la primavera en Granada sobre el relato que el Anciano ha dejado escrito en su cuaderno. Esta misteriosa ciudad, aplastada en los cerros y laderas y extendida por la llanura de la vega, merece un tratamiento especial a la hora de escribirla. ¡Hay tantos matices en cada callejuela, jardincillo, luz y sombra! A ahora en primavera, ya está viendo. Como si todo fuera un dulce sueño que lentamente se abre para que lo gocemos despacio.

Me alargó el cuaderno y otra vez me dijo:
- Que lo que en estas hojas hay escrito te sirva como tierra para sembrar las flores, luces, colores y olores de la primavera en Granada. Habla de ella y habla de las tardes, mañanas, calles, rincones y plazas y habla de la belleza y de la eternidad. Todo es ausencia desde que se marchó nuestra amiga y todo es espera desde que nos falta el Anciano. Pero Granada, como bien dices tú, es como un sueño que solo mirarlo llena de paz el alma. El Anciano así lo vio y ella de igual modo lo soñó. Cuéntalo todo desde el corazón para que muchos veamos lo que hay dentro del corazón de la primavera de Granada. Tal como ha hecho siempre el Anciano del cortijo del Laurel: describir y hablar de las cosas siempre desde dentro, desde el corazón de las cosas, paisajes, atardeceres, luces, sombras…

Y digo que tiene razón la niña del Cortijo de la Viña. Te voy a contar la primavera en Granada desde el corazón. Es lo mejor de todo. Porque de este modo es como el corazón se alimenta y porque la sinceridad de las cosas es lo que de verdad es bello y vale por encima de todo.


3- Primera página del cuaderno del anciano
“Lo más hermoso de la vida”

Lo más hermoso de la vida es soñar. Mucho más hermoso que ser muy rico y tener mucho dinero. Más hermoso aun que la misma vida y mucho más placentero que la realidad más perfecta.

Y lo más difícil de la vida es conseguir hacer real los sueños que soñamos. Muy pocas veces, en la vida, lo logramos. Pero lo segundo más hermoso de la vida es luchar por los sueños que soñamos. Y en la lucha por alcanzar lo que soñamos es donde gastamos la vida entera. Así que la vida es solo una lucha por materializar el sueño que en el corazón llevamos. No hay más. En este sencillo esquema se encierra la vida de todas las personas que vivimos en esta Tierra.

Pero una cosa más tengo muy claro: en la lucha por hacer real el sueño que llevamos dentro, es donde se encuentra la gran verdad. No en el sueño que soñamos ni en la realización de este sueño, sino en el esfuerzo por conseguirlo. En esto gastamos la vida entera y es donde vamos encontrando, a veces alegría, otras veces, desánimo, cansancio, ilusión, gozo… Todo, todo aquello de lo que está hecha nuestra vida. La parte espiritual y la parte material.

Esto es lo que me decía a mí mismo la otra noche, mientras, pensando en ti, me iba quedando dormido en la solitaria habitación que me cobija y al fresco vientecillo del verano. Y me quedé dormido. Tuve un sueño y en él seguía pensando que lo mejor de la vida es luchar por el sueño que, en el alma, cada uno llevamos. Era por la tarde. Me vi caminando por algunos de los rincones de Granada, buscándote. Por algunos de los sitios que sé has estado. Y, aunque sabía que no iba a verte, ni ahora ni nunca, caminaba ilusionado. Y, mientras iba caminando y mirando las cosas y a las personas, me decía a mí mismo que tenía que encontrar la manera de contarte, en un sencillo relato, lo que siento y lo que sueño. Para que sepas lo que has sido y lo que has dejado por esta ciudad de Granada.


30 de marzo: Las lilas, flores de primaveraLas casas, en el barrio del Albaicín, casi todas son viejas. Y, muchas de ellas, tan antiguas que se caen a pedazos. Aunque la mayoría ya están restauradas y siguen siendo casas. Quiero decir que, en este barrio del Albaicín, hay pocos pisos. Las típicas viviendas modernas y más en las grandes ciudades. En este rincón de Granada, la mayoría de las viviendas, son casas. Y, en algunos trozos del barrio, más que en otros.

¿Y qué ventajas tiene que en este barrio haya tantas casas y no pisos modernos? Con la niña lo comentaba ayer por la tarde. Sentados en el recogido mirador de la Cuesta de Quirós, en la pequeña explanada de lo que fue la entrada al Ojo de Granada, me decía:
- En el Cortijo de la Viña ya han florecido las lilas.
Le contesté:
- Y también en los pequeños jardincillos de muchas de las casas del barrio del Albaicín.
- ¿Cuántas casas con jardín, huerto y ciprés hay en la ciudad de Granada?
- Varios cientos.
- ¿Y en todos los jardines de estas casas tienen lilas sembradas?
- En muchos sí y en otros limoneros, nogueras, parras, palmeras… Ya sabes tú que esto es una de las características de las casas en el barrio del Albaicín.
- ¿Y si en lugar de haber tantas casas viejas fueran pisos modernos?
- Pues que las lilas por aquí, en estos primeros días de primavera, no habrían brotado.

Hoy ya es treinta de marzo. Se abre el día sin nada de nubes, todo el cielo despejado, cantan las abubillas y arrullan las tórtolas y hace fresco. Pero en la mañana de este día de primavera, lo mismo que ayer por la tarde cuando se ponía el sol, el aire huele a flores de lilas. No todas pero sí muchas, han brotado en los patios y jardines de las casas viejas del barrio del Albaicín. Algo hermoso que no ocurre en ninguna otra ciudad del mundo. Ni siquiera en otros rincones de esta ciudad. Por eso la niña, ayer por la tarde, frente a una puesta de sol muy bella, me seguía comentando:
- Si el Anciano estuviera y si estuviera la amiga que se marchó qué hermosa sería ahora por aquí la primavera.
- La primavera siempre es hermosa. Y, de una forma especial, en este lugar de la tierra. Pero lo que dices es cierto: si ellos estuvieran, todo por aquí tendría otra belleza.
Y sería así ciertamente. Ya las lilas han florecido en muchos de los jardines de las casas viejas del Albaicín. Y con su perfume se impregnan todas las calles, rincones y plazas. Y la primavera vista, saboreada y meditada desde el mirador del Ojo de Granada, tiene un matiz especial. Y más lo tendría si el Anciano estuviera y si estuvieras tú.

Faltas
pero el Supremo jardinero,
de flores guapas,
llena cada día los jardines
de Granada

Flores delicadas
que al llegar la primavera
brotan y exhalan
el perfume de la tierra
en la mañana.

Estrellas moradas,
lilas frescas
que regalan
sus esencias al corazón
y al alma.

Primavera azul.
tardes templadas,
oración consoladora
que callada
irradia perfume de flores
y salvan.


31 de marzo: Los sueños que nos trascienden

En algunos de los patios y pequeños jardincillos de muchas de las viejas casas de este barrio también crece la glicinia. Una delicada planta que florece justo en estos primeros días de la primavera. Y es tan espectacular que sus ramilletes de flores cuelgan y se desbordan por encima de las pareces que protegen a estos jardincillos y patios. Porque la Glicinia japonesa, Wisteria floribunda, abre sus flores en grandes racimos colgantes, de hasta 25 cm de longitud. Son de color azul violáceo, aunque hay también variedades con flores blancas o rosas. Estos manojos de flores siempre desprenden un fino perfume. Y la glicinia hecha las flores antes de que aparezcan las hojas. También brotan racimos más pequeños en verano-otoño en una segunda floración. Y la planta pueden tardar varios años en comenzar a producir flores. Los frutos aparecen tardíamente en forma de bayas colgantes, verdes y aplanadas. Las semillas y vainas son muy venenosas si se ingieren. Se usa, muchas veces esta planta, para cubrir porches, pérgolas, muros o paredes de edificios o trepando por los árboles.

Pues ayer por la tarde, último domingo del mes de marzo, hasta nosotros llegaba el olor de las flores de esta planta. Como si todo el barrio del Albaicín y, en especial, por este lado del Zenete, estuviera impregnado de este grato olor. Un poco antes de ponerse el sol, en la plaza que hay por delante de lo que fue el Ojo de Granada, la niña tenía el cuaderno del Anciano en sus manos. Miraba ella al sol que ya se iba allá por la profunda vega y, de vez en cuando, me miraba a mí. Los dos respirábamos el aire fresco que de la ciudad subía. Y miraba ella las pequeñas matas de hierba que, por entre las piedrecillas del empedrado, ya han nacido. Son algunas de las señales, además de las flores en los patios y jardines, propias de la primavera en esta ciudad de Granada.

La tarde, solitaria a pesar de los que, de vez en cuando, algunas personas subían por la empinada Cuesta de Quirós. Y de fondo, como un leve y sordo sabor a tristeza. Es el de tu ausencia que vive con nosotros desde que te fuiste. Como si desde que te marcharas al alma le faltara un trozo de la vida propia. Pero la niña, de esto no me decía nada. Con el cuaderno del Anciano en sus manos, lo abrió por el centro, me mostró unas de las páginas y me dijo:
- Escucha y verás qué cosas más hermosas ha dejado estas aquí el Anciano.
Y no le dije nada. Simplemente esperé y puse atención a lo que me anunciaba. Y leyó lo siguiente:
- “¿Sabes? En la vida, al final de todos los tiempos, no quedará nada más que nuestros sueños. Un día, como en un abrir y cerrar de ojos, nos encontraremos delante de Dios. Y frente a nosotros aparecerá un mundo hermoso, muy distinto a éste y transformado. Allí todo será dulzura y belleza. Y allí, lo más importante, lo que permanecerá luminoso por encima de todo, será precisamente esto: el sueño que cada uno hayamos tenido en esta tierra. Porque los sueños siempre nos trascienden y por eso ellos son los que nos dejarán eternos. Al final de todos los tiempos, solo tendremos con nosotros y para siempre, nuestros propios sueños”.

Cerró la niña el cuaderno del Anciano, me miró de nuevo y luego observó los ramilletes de flores moradas que rebosaban por encima de la pared de la casa. En el viejo patio de una casa vieja ha la primavera de este barrio, ha brotado la primavera. Me preguntó ella:
- ¿Llamamos a la puerta y pedimos permiso a ver si nos dejan entrar y la vemos?


1 de marzo: Por el jardín de un carmen granadino

La puerta es de hierro forjado. De la mitad para abajo toda maciza y en la parte de arriba, con rejas. Para que las personas que pasan por la calle se puedan asomar y ver las plantas que decoran en el patio. Un espacio que es jardín, algo de huerto, piscina, fuente y asientos para el recreo. ¿Y qué plantas son las que en este patio crecen?

La niña y yo nos acercamos, buscamos el timbre y llamamos. De momento, dos perros nos reciben con sus ladridos, uno negro y el otro lanudo color blanco y negro. Los calma la niña diciéndoles que somos personas de paz y callan. Por la reja de la parte alta de la puerta miramos mientras esperamos que alguien nos conteste por el portero automático. Las flores de la glicinia cuelgan espesas, como si chorrearan en una lluvia de colores, traspasadas por la luz de la tarde y mecidas por el vientecillo amable. Me dice ella:
- ¡Mira qué precioso! Parece de película y por eso da pena que no esté ni el Anciano ni la amiga del país infinito, allá donde todo es blanco.
Siento que el corazón se me encoge y más cuanto mayor es la belleza del cuadro que frente a nosotros se abre.

Porque ciertamente es verdad: recorrer hoy otra vez Granada para regalártela y encontrarla tan engalanada de primavera y que no estés ni sepas nada, duele con un dolor que se hace nudo en la garganta. Cuando no se pueden compartir las cosas bellas que se aman, parece que hasta el aire que roza es triste. Como si la vida no supiera a nada. Se oye, en estos momentos, el canto de un mirlo y los arrullos de una tórtola. Me vuelve a decir la niña:
- Si nos dejan entrar y nos dan permiso, hazle fotos a todas las flores que en este jardín crecen. A las enredaderas y a las parras, a las lilas, tulipanes, lirios, a los granados y a las nogueras. Como si fuera éste el único carmen, casa con jardín, fuente y ciprés, que hubiera en todo el barrio del Albaicín y en el mundo entero.
- ¿Estás pensando en mandarle a ella todas estas fotos y lo que escribamos?
- Se las podríamos mandar y podríamos también ofrecerlas como un homenaje más a nuestro amigo el Anciano.


Mientras esperamos en la puerta la niña habla con el perro negro. Y, mientras habla con él me dice quedamente:
- El Anciano escribió con un estilo muy sencillo pero para mí muy bello. Y, de su manera, de escribir lo que más me gusta es la forma en que subraya las cosas. Sin negritas ni mayúsculas pero destacando, palabras, frases o pensamientos, con una singularidad tal que gusta mucho y llena.

Y, voy a preguntarle a ella para que me aclare lo que comenta, cuando vemos que al fondo se abre la puerta. Una puerta pequeña que hay al final de largo y estrecho pasillo que atraviesa el jardín de un extremo a otro. Y por la puerta sale una señora. Nos saluda y desde la distancia dice:
- Esperad un momento que me acerco. Con los ladridos de los perros y el de los coches no oigo nada de lo que me decís por el portero automático.
Esperamos y, en unos segundos, ya está a nuestro lado. Nos da las buenas tardes y enseguida la niña le dice:
- Estamos recorriendo algunos de los rincones de Granada para escribirlos y sacarle fotos ahora en primavera. Y, al pasar por aquí hemos visto las flores de tu jardín. ¡Son preciosas! ¿Nos das permiso para entrar y verlas de cerca y hacerle fotos?
- ¡Claro mujer! Pasad con toda confianza que esta casa mía es vuestra casa.
Y abre la cancela de hierro. Nos invita a entrar y a que recorramos su jardín por donde nos apetezca.

Le damos las gracias y la niña comenta de nuevo:
- Este jardín tuyo es como una muestra muy importante de la primavera en Granada.
- Muchos me dicen eso pero ahora lo tengo un poco abandonado. Y aun así es verdad que este jardín mío tiene abundantes árboles y flores. ¿Es que estáis escribiendo un libro?
- Lo estamos intentando.
- ¿Para venderlo y sacar dinero?
- Solo por capricho y para ofrecerle un recuerdo a dos personas que ya no están ni en Granada ni con nosotros y hemos querido mucho.
- ¡Cuánto lo siento! ¿Eran vuestros amigos?
- Mucho más que eso. Los dos, ella y el Anciano, han sido como trozos en lo más hondo de nuestros corazones. A nadie hemos querido nunca tanto en nuestra vida como a ellos.
- ¿Y dices que uno era un Anciano?
- Nosotros lo hemos llamado siempre así aunque en su corazón tenía y tiene tanta juventud como el más joven que tú hayas conocido nunca.
- Pues no hace mucho tiempo pasó por aquí, también un día, un anciano muy bueno que iba en compañía de un joven vestido de blanco. Si acaso luego, cuando terminéis de ver este jardín mío, os sentáis aquí un rato conmigo y os cuento.
- Lo que tú quieras eso haremos.

Subimos los tres escalones de la entrada y enseguida estamos bajo el emparrado de los ramos de glicinia. Moradas y abiertas y exhalando perfume a chorros.
- Parecen los panales de un enjambre.
Comenta la niña. Y le digo yo:
- Y como si colgaran del cielo mismo ¿verdad?


Justo debajo del emparrado que sujeta a las flores de glicinia, están los bancos. Tres y son de hierro forjado, pintados en blanco. Nos aclara ella, la dueña de este carmen y buena persona:
- Antes y en verano, donde ahora cuelgan estos ramilletes de flores, poníamos un toldo. Para que nos diera sombra. Pero al mismo tiempo también daba mucho calor. Como no dejaba pasar el aire siempre hacía bochorno. Por eso sembramos esta enredadera. Ya estáis viendo qué florida se pone nada más llegar la primavera. Y, antes de que se le acaban las flores, hecha las hojas. Muchas, todas muy verdes y espesas. Su sombra es mucho más fresca y densa que la del toldo.
Y la niña comenta:
- Es una idea estupenda.

Frente a los bancos y en el mismo centro del rectángulo que forma el jardín está la piscina. Tapada con una lona para que el paso del otoño, invierno y primavera no la ensucie. El viejo limonero cargado de limones queda cerca de la piscina y, los arriates de los tulipanes, llenan toda la pared de la derecha. Ya la primavera también les ha dado vida y se abren frescos mostrando sus brillantes colores. Al fondo del rectángulo se ven los setos de mirto que quedan rematados por un gran mechón de cañas de bambú. En el mismo centro del gran rectángulo y, junto a la piscina, crece la noguera. Ya mostrando también sus nuevos brotes, frescos y de colores y, junto a ella, el ciprés. Pegado al tronco se encuentra la fuente con sus dos chorrillos de agua clara y el pequeño naranjo y un cerezo florecido. Como si arroparan a la fuente para darle frescura al agua y que huela a azahar.

A todo le hago fotos. Y también a los limones y a las blancas flores del limonero. Ya le han brotado y hermosas se muestran por entre los amarillos limones y las verdes hojas. También han brotado las flores del naranjo y las del cerezo. Por eso me dice la niña:
- Lo mismo que en nuestro Cortijo de la Viña.
El perfume del azahar se mezcla con el que mana de las flores de la glicinia y por eso por todo el recinto hay un denso olor a cielo. Cientos de abejas revolotean libando en las florecillas y canta un mirlo. Sus trinos se funden con el rumor del agua de la fuente y los golgojeos de algunos gorriones. De nuevo comenta la niña:
- Tu carmen es precioso y la primavera te lo está vistiendo con sus mejores galas. ¿Sabes tú cuántos cármenes como éste hay en el Albaicín y en Granada?
- Muchos, hija mía. Granada entera y más ahora en primavera, está llena de jardincillos floridos y olorosos. Si no lo crees te animo a que la recorras ya verás como no te miento.

La tarde va cayendo. Mientras la niña y yo despacio hemos ido observando cada rincón del jardincillo, la dueña nos ha acompañado. Al lado nuestro nos ha ido contando la historia y nombres de cada una de las plantas y nos ha dado ánimo. Sintiéndose orgullosa de mostrarnos su casa. Al final, se ha sentado en uno de los bancos de hierro. Le he ofrecido el libro que llevo en mis manos y le he dicho:
- Son algunas de las fotos y lo que hemos escrito del invierno que hace unos días ha terminado.
Con interés lo ha cogido y se ha puesto a mirar las fotos y a leer algunos de los párrafos. Ha preguntado:
- ¿Y qué pretendéis hacer con todo este material tan original y bueno?

Junto a ella, en los otros bancos, nos hemos sentado nosotros. Yo con la máquina llena de fotos y la grabadora atestada de información. A la pregunta que la dueña ha hecho la niña ha respondido:
- Ojalá pudiéramos publicarlo para que muchas personas vean y lean algunas de las abundantes cosas bellas que hay en Granada.
Se produce un breve silencio. La duela sigue pasando las hojas del libro. Comenta algunas de las fotos y luego dice:
- el anciano que hace un tiempo pasó por este carmen mío, también traía con él un cuaderno. Lo acompañaba un joven vestido de blanco y los dos decían que iban buscando a una princesa. Pero más la buscaba el joven que el Anciano. Decía que ella había venido a este lugar de la tierra, en busca de un sueño. Me preguntaron que si yo la había visto y le dije que no.

En sus manos la niña tenía el mismo cuaderno que la dueña había visto al Anciano. No dije nada pero sí pensé que podría mostrárselo a la amable mujer que nos estaba dejando ver su jardín. No lo hizo. Y tampoco comentamos nada ninguno de los dos, ni del joven ni del Anciano. Observamos, durante unos segundos, el ramillete de rosas de pitiminí que rebosaba por encima de la tapia. Recortadas sobre el fondo verde de algunos cipreses y otros árboles. Dijo de nuevo la buena mujer:
- Todavía no ha llegado del todo la primavera. Y como este año no ha llovido casi nada, las plantas no tienen mucha fuerza. Pero si volvéis por aquí luego en el mes de mayo ya veréis vosotros qué bonito está todo esto.
Le damos las gracias y le decimos que sí, que si podemos, luego en el mes de mayo, volveremos.
- Pero ya esta tarde tú has sido muy amable con nosotros. Nos has tratado como si fuéramos tus amigos verdaderos.


5 de marzo: Por el aljibe del Zenete

Hoy ya es sábado cinco de marzo. Hace fresco al amanecer pero no hay ni una sola nube ni señales de que en los próximos días pueda llover. Sin embargo, al comentarlo con la niña, me ha dicho:
- Parece que a partir del domingo sí se van a presentar las lluvias.
- ¿Por qué lo sabes?
- Tengo noticias y son muy fiables. Y puede ser que ahora sí llueva como no lo ha hecho en todo el invierno. Creo que marzo y abril van a ser dos meses lluviosos.

Nos hemos venido al pequeño mirador que hay por encima del aljibe del Zenete. Una antigua construcción bien conservada que hay justo en el centro de este trozo del Albaicín Bajo. Y desde este mirador, trazado y elevado como si fuera un balcón en mitad de la Cuesta de Quirós, observamos la ciudad y la zona que tenemos cerca. No hay por aquí muchas señales de primavera. Las calles todas son estrechas, las casas bajas y chicas y las plantas muy escasas. Solo junto a la construcción del aljibe hay un pequeño trozo de tierra con algunas adelfas, pitas, chumberas y poco más. Sí también algunas macetas en las ventanas y lo demás calles y casas. La estrecha y larga del Zenete que viene desde Cuesta Alhanaba y se junta con la Cuesta de Quirós un poco antes de la plaza de San Gregorio. Me dice ella:
- Por este rincón de Granada la primavera casi no tiene presencia.
Y estoy de acuerdo.

Y, sin embargo, le digo:
- Pero lo que hay es bueno que lo contemos. Las cosas tal como son.
Y entre otras pequeñas peculiaridades, por este rincón hay mucho silencio, se ve una gran extensión de casi toda la ciudad y parte de la zona baja del Albaicín. Son importantes las puestas de sol que se ven desde aquí y el ruido de los coches ni se percibe. Por eso es mucha la tranquilidad.


6 de marzo: Por las estrechas calles del Albaicín Bajo

La calle baja desde el mirador que hay sobre el aljibe del Zenete. Y la calle es ancha, empedrada toda ella, descendiendo por la cuesta en escalones anchos y escoltada, a derecha y a izquierda, por paredes. En la esquina tiene un farol y una salida por la izquierda. Lleva esta salida a la entrada de un carme que se alza por aquí.

Con el cuaderno en sus manos la niña me dice:
- En este barrio del Albaicín y más por este rincón siempre parece que nunca el tiempo pasa. Como si la primavera, el verano, el otoño o el invierno fueran una misma cosa. Y como si las casas, las calles y las plantas, siempre estuvieran esperando y nunca llega lo que esperan.
- Es cierto y además, fíjate que las pocas personas que por aquí pasan lo hacen también como fuera del tiempo. Como si buscaran, por entre estas callejuelas, algo que ni saben qué es. Pero lo buscan con gran interés.

Segunda puerta en la segunda calle por la izquierda. Una vieja palmera emerge por entre las blancas paredes. Como si no estuviera clavada en la tierra y solo pretendiera irse al azul del cielo. Ya aquí, la calle Cuesta de Quirós se ensancha mucho, es más llana, deja de tener escalones pero sigue empedrada. Algunos rosales y claveles en este jardín de la palmera que también ya tienen sus flores abiertas. Para estas plantas ha llegado la primavera pero son poca cosa en este viejo y prieto rincón del Albaicín Bajo.

Le hacemos una foto a la palmera y seguimos. Por la derecha sale una calle que baja buscando calle Elvira. Al frente otra calle y por ella avanzamos. Remonta un poco y giramos para la izquierda. Si continuamos al frente iríamos a salir justo a la plaza de S. Gregorio, donde termina S. Juan de los Reyes y Calderería Alta. Por la izquierda, callejuela estrecha por la que hemos girado y subimos ahora, nos queda un pequeño jardín. Un trozo chico de tierra acotada en la ladera y todo sembrado con cactus. Una muy bella vista sobre la silueta de la catedral. Es ella la que me pide que le haga una foto y que salgan en primer plano los cactus.
- Seguro que ella, cuando la vea, va a gustarle. Ya sabes que en su país no hay cactus y creo que este rincón tampoco llegó a conocerlo. - Le gustará, seguro. Porque además, la foto desde este lugar es fantástica.


7 de marzo: Por la calle de Bocanegra

La calle de Bocanegra se aparta por la izquierda de la calle Cruz de Quirós a los cincuenta metros de comenzar ésta. Tiene una anchura de unos cuatro o cinco metros, empedrada y en leve cuesta al comienzo. Un carmen pequeño por la izquierda y con las plantas rebosando por las paredes del patio. Están repletas de flores amarillas. Calle Cascajar enseguida por la izquierda y lleva justo a la plaza de S. Miguel Bajo. Solo unos metros más adelante y también por la izquierda el carmen de la Muralla de Cadima. También chico pero bonito y con plantas asomando por encima de las paredes.

Me dice la niña:
- Cada vez me asombra más este lado y rincón del Albaicín. Parece como si por aquí se hubieran concentrado las casas más lujosas y bella desde los lejanos tiempos.
- Eso es cierto y por eso la primavera, aunque ya está viendo que ha llegado con poca fueraza, es por aquí especialmente hermosa.
- Y ella, nuestra amiga del país blanco ¿llegó a conocer las callejuelas y plaza de este rincón de Granada?
- Seguro que no. Y, aunque en algún momento recorriera estas callejuelas, lo hermoso por este lugar son las casas por dentro. Y esto si que estoy seguro que no lo vivió.

A unos veinte metros de recorrido, la calle de Bocanegra, termina de remontar y se allana. Otro pequeño carmen por la izquierda. Y en éste no son las plantas las que rebosan por encima de las tapias. Las plantas las han puesto en macetas y lucen colgadas de los balcones. Casi todos son geranios y están repletos de flores. Aparece por la derecha la calle S. José. Es esta calle bastante principal y por eso por ella descienden las procesiones que salen de la iglesia de S. Miguel Bajo. Discurre muy inclinada y, a solo unos metros de este cruce, en la calle de S. José queda la iglesia con el mismo nombre. Rincón chiquito y muy bonito donde se recoge este templo y lugar fantástico para observar la primavera por las laderas de la Alhambra. Vuelve a comentar la niña:
- El Anciano sí dejó escrito, en unos de sus cuadernos, todas estas callejuelas y plazas. Y estoy pensando que, un día, cuando hayamos recogido la primavera y llegue el verano, me traigas por aquí. Nos sentamos en el mejor sitio y me lees el contenido del cuaderno que te digo. ¿Te parece bien?


8 de marzo: Hacia el Carme de los Escudos

El último tramo la calle de Bocanegra, en bajada, cambia de nombre. Se le conoce, en los callejeros y en todo el barrio, con el nombre de Clavel de San José. Y por la izquierda, este último tramo de calle, queda un espacio grande. Toda una manzana no de casas sino terreno acotado con altas tapias. ¿Sabes tú qué es toda esta manzana? Casi exclusivamente los jardines de dos grandes cármenes. ¿Sus nombres? El Carmen de los Escudos y el Carmen de los Monfies. El primero tiene su entrada por la calle Tiña y calle de Santa Isabel la Real y es compañero con el Carmen de los Monfies. Este segundo tiene su entrada por la pequeña calle Cauchiles de San Miguel. El San Miguel Bajo, iglesia y plaza que queda al lado de arriba de estos dos cármenes.

Y son importantes no solo por el terreno que ocupan sino por los jardines que hay en ellos. Por encima de las tapias rebosan las ramas de granados, higueras, rosales de rosas pequeñas, cipreses, palmeras y otras muchas plantas. Por eso, a simple vista y cuando se recorren estas calles, lo que más llama la atención son estos árboles. Clavados en la parte más alta del cerro del Albaicín, las plantas en los jardines de estos cármenes, sobresalen por encima de todas las casas. Asombran por su majestad.

Ayer por la tarde, aunque llovía y hacía viento, al pasar por aquí la niña me decía:
- Le pedimos permiso y si nos deja los vemos. ¿No crees tú que merece la pena los jardines de estos cármenes dentro de la primavera que estamos buscando?
- Sí que merece la pena. Si tenemos suerte y nos dejan será algo muy incesante. Pero la primavera de este año de pronto se ha tornado en invierno. Ayer por la tarde todo el cielo estaba lleno de espesas y negras nubes. Y hacía frío y corría el viento. A ratos llovía y a ratos la ciudad y los tejados de las casas en este barrio relucían recién lavados. Y según las noticias hoy y mañana y quizá todo lo que queda de semana sea invierno. Que llueva, desde luego, porque es lo que más falta hace pero la primavera parece que tampoco llega.

Al llegar a la calle Tiña torcemos para la izquierda y subimos unos metros por ella. Y, al llegar a la puerta, nos paramos. Leemos en la pared: “Carmen de los Escudos”. La puerta es de madera vieja, muy recia, clavos anchos de hierro y una aldaba para llamar. Aldaba, del ár. hisp. aḍḍabba, y este del ár. clás. ḍabbah, literalmente, 'lagarta', por su forma, en origen semejante a la de este reptil. Pieza de hierro o bronce que se pone a las puertas para llamar golpeando con ella. Me dice la niña:
- Por llamar y preguntar no pasa nada ¿verdad?
- Venimos en son de paz y somos personas buenas y educadas. Por llamar y preguntar a nadie hacemos mal.
Y llamamos.

Justo al golpear con la aldaba en la madera la hoja de madera se abre. Aparece un pequeño pasillo empedrado y con gruesas vigas de madera del mismo color que el de la puerta. Al fondo se ve otra entrada y más adentro un ancho patio repleto de plantas con flores. Pero más cerca de nosotros se ven dos jóvenes. Andan pintando unos hierros. Parece una lámpara antigua. Al vernos y verlos la niña les pregunta:
- Nos gustaría hacerle unas fotos a las flores de vuestro jardín ¿podemos?
- Sí, pasad y esperad uno minuto que llamo a mi madre.

Atravesamos la primera puerta y nos acercamos a ellos. Los saludamos cortésmente y, mientras esperamos que aparezca la madre lo grande y hermoso que se ve su jardín. Nos dice que es cierto pero que no es ahora el mejor momento para las plantas.
- No se sabe qué está pasando este año que ni ha llovido en invierno ni hace tampoco buen tiempo en lo que llevamos de primavera.
- Eso es cierto aunque según las últimas noticias en los próximos días todo va a cambiar y será para mucho tiempo.


10 de marzo: Algunas aves en los jardines de los cármenes

Tienen libertad y viven con mucha comodidad. Y, para algunas de ellas, casi no hay diferencia entre el invierno, la primavera o el verano. Ni tampoco del día con la noche. Porque cantan por la mañana, al mediodía, por la tarde y, muchas veces, también cantan a media noche. Ejemplos claros de esto que digo son los mirlos. Hay muchos entre la vegetación en los jardines de los cármenes del Albaicín. Y viven, como ya he dicho, en una libertad y comodidad que ya quisiéramos muchos.

Aquella tarde, mientras ya dentro del patio esperábamos a la madre, hasta nosotros empezó a llegar el canto de uno de estos mirlos. Se le oía por el lado de la izquierda, donde hay un gran ciprés, varios caquis casi centenarios, granados y una espesa hiedra. Y estaba de nosotros a solo unos metros. La niña y yo estamos muy acostumbrados a oír los cantos de estas aves. En el Cortijo de la Viña, edén fabuloso al norte de Granada, hay muchos mirlos. Se les ve a todas horas por entre las ramas de las viejas nogueras, los álamos gigantes, los naranjos, almendros, membrillos y por entre los robles de la ladera del río. Y el canto de estos mirlos resuena casi en todas las horas del día y por todos los rincones de los paisajes del edén en el Cortijo de la Viña.

Aquella tarde, esperábamos a la madre ya entre las plantas del Carmen de los Escudos, cuando al oír el canto del mirlo me dijo la niña:
- Hazle una foto y la recogemos en nuestro cuaderno de la primavera en Granada. Para que también sepa ella que son importantes y tienen su belleza las pequeñas aves entre los jardines de los cármenes en esta ciudad.
Y le hice caso. Porque estaba y estoy de acuerdo que son hermosos los mirlos por estos rincones siempre cantando. Se han adaptado ellos tan bien y viven tan en libertad o comodidad que ya son parte esencial de los jardines en este barrio.


11 de abril: Lluvias de primavera
Hoy amanece con muchas nubes. Con fuerza ha soplado el viento a lo largo de toda la noche, lo mismo que a lo largo de todo el día de ayer. El viento, las nubes y algo de lluvia han sido los protagonistas de los últimos cuatro o cinco días. Algo que se ha presentado de pronto y ha trastornado el tranquilo ritmo y buen clima que iba llevando de la mano a la primavera de este año. Pero han sido buenas las lluvias aunque escasas. Por eso hoy, todo el Albaicín, las plantas en los cármenes y jardines y Granada entera, tienen como una cara nueva. Recién lavada al poco de llegar el día y, además, con algunas nieblas sobre las cumbres de Sierra Nevada y por las montañas del Cortijo de la Viña.

En el Cortijo de la Viña, esta mañana, la niña comentaba conmigo algunas de las cosas en los cuadernos del Anciano mientras, allá a lo lejos, las nieblas se veían subiendo por las laderas. Me decía:
- Las personas que algún día lean los escritos que nuestro amigo el Anciano ha dejado en las páginas de sus cuadernos, se darán cuenta de una cosa importante.
Le he preguntado:
- ¿De qué cosa deberán darse cuenta?
- Que este Cortijo de la Viña, el barrio del Albaicín, los cármenes y Granada entera, nunca podrán ser cosas distintas. Quién no sepa y conozca algo de este cortijo nuestro, sus montañas, valles y ríos, no podrá nunca saber lo que es Granada en su totalidad.

Guardó unos minutos de silencio y yo aproveché para seguir anotando lo de hace unas tardes en el Carmen de los Escudos. A los tres minutos de entrar nosotros salió la madre. Joven ella, guapa, muy amable y nos saludó con una educación exquisita. Le correspondimos y enseguida le dijo la niña:
- Al pasar por la calle hemos visto las plantas rebosando por encima de las paredes de tu casa. Nos ha gustado y por eso hemos llamado. ¿Nos enseñas tu jardín y nos lo explicas algo?
- Os lo enseño con gusto. Pasad y mientras lo recorremos los veis despacio.
Y lentamente la madre nos fue llevando por cada uno de los rincones de su jardín.

Hacia el fondo primero. Y enseguida vimos que su jardín es rectangular. Con muchos arriates llenos de lirios, peonías, tulipanes, rosales, lilas, glicinias, almendros, naranjos y granados. Todos los pasillos empedrados y en el centro la piscina. En el lado que da para el río Darro, crecen un par de cipreses y dos gruesos caquis. Uno de ellos se ha secado. Al verlo preguntó la niña:
- ¿Es tan viejo que ya no puede vivir más?- Quizá pero fue el otro año, cuando vinieron aquellos fríos tan grandes. ¿Lo recordáis? Nosotros lo hemos sentido mucho porque es un árbol hermoso. Sus años infunden tanto respeto que hasta me da pena cortarlo. Aunque esté seco y ya no dé ni hojas ni frutos, queremos conservarlo. Que se pudra aquí lentamente con la misma dignidad que tenía cuando estaba verde.
Ya en el centro del espacio que ocupa el jardín de su carmen, nos paramos. Ella nos lo pide. Y nos dice:
- Mirad para ese lado.
Y nos indica para el lado que da a la Alhambra y a Sierra Nevada. Las blancas cumbres se ven allá a lo lejos, todavía con mucha nieve y por eso reluciendo cual purísima sábana que cayera desde el cielo. La Alhambra no se ve desde donde estamos parados. Nos la tapa el edificio que ella quiere que miremos y los árboles. Nos dice de nuevo:
- El edificio y lo que veis al otro lado ya no pertenece a mi carmen sino al de los Monfies.

El Carmene de los Monfies nos queda un poco al poniente y para el lado de Sierra Nevada. No podemos verlo claramente pero sí distinguimos los árboles y otras muchas plantas que sobresalen por entre las casas y las tapias. Y en el rincón que ella quiere que veamos hay una vieja construcción. En forma de torre con ventanas y balcones, por completo toda cubierta de hiedra desde arriba abajo. Pero más cerca de nosotros y en el terreno del carmen que pisamos, crece un caqui. Es compañero del que se ha secado pero mucho más esbelto, viejo y recio. Lo corona una inmensa copa casi redonda y el tronco lo tiene pelado y lleno de heridas. Pregunta la niña:
- ¿Cuántos años tiene?
- Yo creo que pasa de cien y por eso lo valoramos tanto. Tengo miedo que cualquier día se nos seca y sería una pena.
- Comprendo que te preocupe.
- Sería una pérdida muy valiosas. Y más por lo que ya hemos dicho: un árbol, en cuanto pasa de veinte años, yo creo que debe ser algo sagrado. Merece el mismo respeto que una persona. Y un árbol como éste que vemos es un verdadero tesoro.

Y, al oírle esto, pensamos nosotros en nuestro Cortijo de la Viña y en el Anciano. Tierras donde hay nogueras y robles con más de doscientos años. Y donde los manantiales son de aguas tan puras que da miedo tocarlas.
Le dice la niña:
- Aunque no nos conocemos porque es la primera vez que nos vemos ya ahora mismo te invito para que un día vayas a nuestro Cortijo de la Viña.
Y preguntó ella:
- ¿Es un carmen en este barrio del Albaicín?
- Sí y no. Pero es como este barrio del Albaicín en algunas cosas. Porque pertenece a Granada, tiene mucha hierba y bosques, abundantes aguas claras, sol, flores y mariposas en verano, otoño y primavera. Llueve y hace frío y nieva cuando llega el invierno. Y por allí hay tantas clases de árboles y abundan tantos las aves silvestres que es todo un mundo lleno de vida y belleza. Y, además de esto, en nuestro Cortijo de la Viña hay algo que no existe en ningún otro lugar de la tierra.
Se produjo un momento de silencio y, mirándonos fija, preguntó ella:
- ¿Qué es ese algo que proclamas con tanto entusiasmos?

Mientras la niña le ha ido contando estas cosas nos hemos movido despacio por todos los pasillos y rincones del jardín de su carmen. Nos ha enseñado las plantas de lilas cuajadas de flores moradas y blancas, algunos rosales todavía con pocas rosas, las matas de bogambillas, los gladiolos y los narcisos y los mil ramos de glicinias colgando de las ramas de los árboles. Y hemos ido descubriendo que el jardín de su carmen es fantástico. Grande, muy cuidado, repleto de árboles y plantas pequeñas así como macetas y arriates. Tienen mucha luz y mira para el lado de Sierra Nevada y la colina de la Alhambra aunque no se ve desde este lugar. Y algo asombroso: entre los muchos árboles que crecen en este jardín cerrado y bien cuidado, vive un almez. Un fantástico ejemplar que, por su altura y vejez, se parece mucho al que hay justo al lado de la Puerta de las Pesas. Nos dice ella:
- Eso si es una pena. Las vistas desde mi carmen son escasas. Su situación no es tan buena como la de otros muchos cármenes pero aun así yo tampoco lo cambio por nada.
Su carmen corona el cerro de S. Miguel Bajo y, las mejores vistas se observan en todos aquellos cármenes que se extienden por la ladera, alzados sobre el río Darro frente a la Alhambra. Por ejemplo: el Carme de los Cipreses, el de la Virgen de las Angustias, el de San Agustín…

Cuando ya nos estamos despidiendo y le damos las gracias por habernos acogido con tanta confianza y cariño, pregunta ella de nuevo:
- ¿Qué es lo fantástico en tu Cortijo de la Viña?
Y convencida hasta los tétanos y llena de solemnidad le dice la niña:
- En el edén del Cortijo de la Viña lo fantástico es el agua. Hay tanta y toda tan pura que sentarse al borde de uno de aquellos arroyuelos o ríos, vale por una vida entera. Por eso te repito, cuando tú quieras ve a mi cortijo. Debes conocerlo para que compruebes que no te miento.
- Pues iré un día cuando ya la primavera esté algo más avanzada.
Unos minutos más tarde ya nos despedimos. Pero todavía antes de hacerlo aun nos dijo:
- Si queréis ver mi casa por dentro os la enseño con mucho gusto. Ya que estáis aquí y he descubierto que sois personas de paz y amante de lo bello, quiero que sepáis que mi casa tiene para vosotros las puertas abiertas de par en par.
Le damos las gracias y nos despedimos, diciéndole que volveremos.

Y, cuando ya caminamos por la calle, la niña me dice:
- ¡Qué mujer más buena! Todas las personas que viven y tienen cármenes en este barrio del Albaicín ¿son como ella?
- Conozco yo poco a las personas que tienen cármenes en este barrio del Albaicín. Pero seguro que las personas que viven por aquí serán como en cualquier otra parte del mundo: algunos, quizá muchos, tendrán buen corazón y serán educados y bondadosos. Y otros, puede que sean todo lo opuesto.
- Como la vida misma.
- Así es, como la vida misma.

Y los dos guardamos silencio. A nuestras mentes, acuden en esto momento, los recuerdos de hace unos meses. Nos acordamos de ti y de otras personas que, aunque no son amigas tuyas, tienen cosas en común contigo. Y la niña y yo sentimos cierta tristeza. Los recuerdos que acuden a nuestras mentes no están llenos de gozo sino de lo contrario. Pero al menos yo no tengo ningún deseo de hablar de ello. Y me doy cuenta que ella tampoco. Sin embargo, mientras caminamos subiendo por la calle Tiña hacia Santa María la Real, me comenta de nuevamente:
- ¡Qué bonito hubiera sido compartir esta experiencia con ella! Con ella la especial y con las otras personas que también conocemos. Estoy seguro que les habría gustado mucho todo lo que por este barrio estamos descubriendo. ¡Qué bonito sería si pudiéramos compartirlo con todos ellos!
Y a mi mente, también en este momento, acude el Anciano. Me comenta ella, como si acabara de adivinar mi pensamiento:
- Pero el Anciano es punto y a parte. Él solo ha dejado, en esta tierra y en nuestros corazones, amor y belleza. ¡Qué hombre más bueno!

14 de abril: Rocío de primavera
Las lluvias que vinieron la semana pasa, ya se han ido. De nuevo el cielo, cada amanecer, ahora se presenta raso y por doquier parece ya explotar la primavera. Sin embargo, después de los días de lluvias, han bajado las temperaturas. Hace fresco ahora por las noches, por las mañanas y al mediodía. Por la tarde sí suben un poco las temperaturas. Sí, porque además de las temperaturas frescas al amanecer se ve mucho rocío sobre las flores y la hierba. Rocío que parece lluvia y por eso tiene un aspecto muy bonito trabado en los pétalos de los lirios, en los tallos de la hierba o en los capullos de las rosas. La primavera tiene todos estos matices y es casi lo mismo en los jardines de los cármenes del Albaicín como en las tierras del Cortijo de la Viña. La primavera en sí y la naturaleza y el mundo de las plantas y de los animales. Y, al ver algunos de estos matices, cuando la niña por la mañana se marcha a su colegio y camino por entre las nogueras, los naranjos y los lirios que por estos sitios crecen, siempre me dice:
- El rocío sobre las flores que por aquí ha traído la primavera, es tan delicado que no parece cosa de este mundo.
Y claro que tiene razón ella. Y más razón tiene en lo que también otras veces me comenta:
- Cada día comprendo un poco más por qué el Anciano era tan amanta de la hierba, de la lluvia y del rocío.
Y al oírle esto casi siempre le digo:
- El anciano no tuvo muchos amigos en este mundo. Ya sabes las veces que nos dijo que siempre había sido un incomprendido. Que solo nosotros lo tratábamos con el respeto y cariño que merecen las personas. Por eso era tan amigo nuestro, de la lluvia, la hierba y el rocío.
- Cada día lo voy comprendiendo algo más.

Al irse hoy la niña al colegio ha recorrido la misma senda que muchas veces recorría el Anciano. Y como los campos están llenos de lirios bañados en rocío, de una cosa y otra ella se ha contagiado. Y me ha dicho:
- Sigue ordenando las fotos y los apuntes que tomamos el otro día. Que nos salga cada día mejor lo que estamos contando de la primavera en Granada. Cuando luego vuelva de colegio me lo lees y lo dejamos bien puesto en el cuaderno. Es necesario que todo nos quede como el mejor homenaje a nuestro amigo el Anciano y a la amiga que tanto hemos querido. Y me he puesto a ordenar las cosas. Del barrio del Albaicín, sus cármenes y jardines y la primavera por estos sitios. Ya tenemos mucho recogido, mucho y todo bueno. Después de estos días de lluvia, la primavera tiene una cara nueva. Tanto que hasta parece otro todo este barrio y lo mismo lo jardines en los cármenes.
19 de abril: Por el Carmen de los Monfíes
La puerta del Carmen de los Escudos da a la calle Tiña. Y por esta calle, en cuanto se sube unos metros, se llega a la calle de Santa Isabel la Real. Calle por donde pasan los autobuses y por eso importante además de bonita. Ella recorre todo el Albaicín, por lo más alto del cerro, bajando desde el Mirador de San Nicolás, hasta el Mirador de la Lona, calle Alhacaba y Puerta Elvira.

Pues al llegar a esta calle principal, aquella tarde nosotros, nos vinimos para la izquierda, dirección a la plaza de San Miguel Bajo. Pero antes de llegar a esta plaza, también por el lado de la izquierda, nos encontramos con la calle Cauchiles. Por ella bajábamos cuando me preguntó la niña:
- ¿Habrá alguien esta tarde en Carmen de los Monfíes?
- Por llegar y llamar no perdemos nada. Pero me han dicho que aquí siempre vive alguien.
- Sería una gran suerte que nos atendieran y nos enseñaran este fantástico carmen.

Y ella pensaba correctamente. Porque el Carmen de los monfíes es un punto y a parte entre los demás cármenes del Albaicín. Los rosales y las glicinias sobresalen por encina de las tapias con una exuberancia que asombra. Y los cipreses que aquí crecen se ven desde muchos sitios de este barrio. Le dije a la niña:
- He preguntado a varias personas y todos me han dicho que este carmen es fantástico. Que tiene un jardín muy cuidado, grande y hermoso. Y también todos me dicen que ahora en primavera este jardín es digno de ver. Que merece la pena que nos lo enseñen y expliquen despacio y con todos los detalles.
- ¡Ojalá tengamos suerte! Y por cierto ¿sabes tú lo que significa la palabra “Monfíes?
- Sí, el significado de la palabra monfí -del árabe munfi- es el de desterrado o exiliado. El término tiene distinto significado según sea empleado por moriscos o por castellanos. Los Monfíes eran bandoleros que solían actuar en cuadrillas. Salteadores y criminales para los cristianos, vengadores e incluso héroes para los moriscos, su acción se encuadra en el auge del bandolerismo mediterráneo en el siglo XVI y en el particular de las condiciones granadinas, en la Alpujarra.

Y tuvimos suerte. Bajábamos ya por los primeros metros de la calle Cauchiles y al frente íbamos viendo la entrada al carmen. Una gran cancela de hierro incrustada en un frontal de tapia y ladrillos vistos. A la izquierda de esta puerta nos saludaba hermosa la vivienda del carmen. Construida en forma de torre cuadrada, rematada en tejado de tejas y ventanas todas de madera. Dos plantas emergían por entre los cipreses y como protegiendo al jardín que se extiende por abajo y recogido por las tapias que, por el exterior, van dándole forma a las calle
s.

miércoles 12 de diciembre de 2007

Invierno-1

El invierno en Granada-2
Paisajes en el corazón, 2008
Índice

El invierno de Granada es diferente
27 de diciembre: con el invierno que llega, te abrazamos
28 de diciembre: el invierno por las calles de Granada

Desde la ladera de San Miguel Alto
29 de diciembre: ladera del Albaicín
30 de diciembre: desde la ladera, al norte
31 de diciembre: señales propias del invierno
1 de enero: fin de año, la fiesta de invierno
2 de enero: el invierno es algo más que frío
3 de enero: cuando cae la lluvia sobre Granada
4 de enero: Una visión distinta de Granada
5 de enero: lo que el invierno se lleva en sí callado
6 de enero: en la tarde, frente a Granada
7 de enero: los Reyes Magos, fiesta de invierno
8 de enero: se acaba la primera parte del invierno

Desde el Albaicín Alto
9 de enero: entrando al barrio del Albaicín
10 de enero: placeta Aljibe de la Vieja
11 de enero: plaza del Mentidero
12 de enero: los jóvenes del invierno
13 de enero: placeta de los Castillas
14 de enero: placeta del Conde
15 de enero: plaza de la Cruz de Piedra
16 de enero: flores de invierno
17 de enero: plaza de San Bartolomé
18 de enero: el rocío del invierno
18 de enero: el rocío del invierno
19 de enero: un pequeño libro inédito
20 de enero: placeta Carniceros
21 de enero: el Albaicín desde el alma, en invierno
22 de enero: universitarios en el invierno de Granada
23 de enero: plaza de Aliatar
24 de enero: plaza del Salvador
25 de enero: paisajes en el corazón
26 de enero: plaza Larga

1- Desde el Mirador de San Nicolás
2- Romería al Sacromonte, fiesta de invierno
3- Las flores de los almendros
4- Atardeceres en el invierno de Granada

15 de marzo: desde el Carmen Max Mureau
16 de marzo: desde la plaza de San Nicolás
17 de marzo: desde el Carmen de la Atarazana
18 de marzo: placeta de las minas
19 de marzo: desde la plaza de las Azucenas
20 de marzo: desde plaza de San Miguel Bajo
21 de marzo: desde el Mirador de la Lona


27 de dicimebre: con el invierno que llega, te abrazamos El invierno de Granada es diferente a cualquier otro sitio de España. Y por completo distinto al invierno de tus tierras, tu ciudad, tu casa. ¿Y sabes por qué? En Granada, tierra de sol y primaveras mágicas, hay unas cumbres muy altas que, en cuanto llega el invierno, se cubren de nieve. Sí, me refiero a Sierra Nevada. En ningún otro lugar del mundo se ven montañas como éstas, tan próximas a la ciudad, tan cerca del mar y tan blancas, nada más llegar el invierno. Por esto te decía y repito que, en ninguna otra ciudad el mundo, hay un invierno como el de Granada.

Ayer, por ejemplo, todo el día estuvo nublado y, por la ciudad y la vega, llovió algo. No mucho pero se volvió a mojar la tierra y se lavaron un poco las hojas de los naranjos. Y, en Sierra Nevada, nevó mucho. Al caer la tarde, desde el Cortijo de la Viña y desde la ciudad, se veían las cumbres blancas, blancas. Por eso la niña me decía:
- Ahora es el invierno lo que tenemos que contarle a ella. Los fríos y los hielos y las nieves blancas para que también lo sepa. Es la manera más hermosa de mantenerla viva entre nosotros. La quiero tanto que me resisto que un día muera.

Sus palabras y tu recuerdo también a mí me gritan en el alma. Así que, esta mañana mismo, ya empiezo a contarte cosas del invierno por estas tierras. Y empiezo por lo característico del invierno en Granada: las cumbres, hoy muy blancas, de Sierra Nevada. El invierno por aquí es distinto, muy distinto. Vamos a contártelo.

Se ha marchado el otoño
pero no nos vamos
nosotros.
Queremos quedarnos
con el invierno
que está llegando.
Y hoy hace frío
azul y blanco,
con el invierno que llega
te abrazamos
y, en el calor del corazón,
te acurrucamos.

28 de diciembre: el invierno por las calles de Granada El invierno, por las calles de Granada, también tiene una característica muy especial. Único en el mundo como las nieves de Sierra Nevada. ¿Sabes por qué? Si en algún lugar del planeta, el invierno es nostalgia, por las calles de Granada, es la nostalgia con nombre propio. Nostalgia, ausencia, pérdida… No se entiende el invierno en esta ciudad sin conocer a fondo la realidad que estoy diciendo. Porque Granada, además de bella en sí por sus colores y rincones, por todos los poros destila ausencia.

Con la niña lo comentaba yo ayer por la tarde y me decía:
- Yo quisiera que, el invierno que vamos a contarle a ella, fuera muy sencillo pero al mismo tiempo todo bello. Que le llegue al corazón, que lo haga suyo, que después de leerlo, se queda con ganas de venirse a vivir para siempre aquí.
Y, pensando en esto, medité un rato y luego le dije:
- Sí, estoy de acuerdo. ¿Porque sabes? Yo creo que en la vida sino se recogen los sueños, las emociones, los recuerdos, es como si la vida misma quedara para siempre vacía, sin sentido. Como si nada de lo vivido tuviera valor si no se dejara para siempre escrito.
De nuevo me dijo ella que estaba de acuerdo y luego seguimos buscando la manera de contarte con claridad lo que pretendemos.

¿Y sabes? Por las calles de Granada se ve mucha gente en estos días. Turistas que van y vienen y suben y bajan, haciendo fotos y comentando sus cosas. Hay muchas sombras frías y el hielo se acumula en los jardines. Pero tú sigues faltando por todos lados. En cada rincón, en cada plaza, en cada fachada de casa. En cada puerta palpita tu ausencia y por eso, aunque todo es serenidad y un remanso de belleza, parece como si no tuviera valor ninguno. Ni el tiempo ni el invierno que empieza a caminar despacio. Sin embargo, tanto la niña y yo y todos los del Cortijo de la Viña, sabemos que merece la pena vivir la vida y recogerla al modo en que pretendemos. Pensarte, por estas calles de Granada y rezar al cielo desde la nostalgia, en las frías tardes del invierno, es transformar la vida en eternidad.

Recoger la vida
en versos pequeños,
con sencillas palabras
blancas en deseos,
es el más valioso
de todos los sueños.
Todas las vivencias
al fin son recuerdos,
nostalgia en las tardes
del invierno.
Desde las laderas de San Miguel Alto

29 de diciembre: ladera del AlbaicínHemos decidido contarte el invierno de Granada, empezando por el barrio del Albaicín. El lugar más visitado y famoso de esta ciudad. También tú lo visitaste pero a tu modo y ni siquiera llegaste a descubrir su identidad, según la época del año. Algo que muy interesante que, aunque no lo parezca, tiene gran importancia. No es lo mismo el Albaicín en primavera o verano que en otoño o invierno. Ni mucho menos.

Esta noche pasada, por ejemplo, toda ella rasa, con muchas estrellas en el cielo, intenso frío y blanca sobre las cumbres de Sierra Nevada, ha sido especial por completo. Ayer por la tarde y, según ya había hablado con la niña, yo salí del Cortijo de la Viña y me vine para este sitio de Granada. Para el barrio del Albaicín pero por las laderas de San Miguel Alto. Por donde hay algunas cuevas habitadas y unas largas escaleras que construyeron no hace mucho. Son para que las personas que viven en estas cuevas puedan subir o bajar con un poco más de comodidad. No estaban en la época que tú estuviste en Granada.

Por eso, ayer por la tarde, fue para mí una novedad ver estas escaleras. También me resultó interesante encontrarme con los olivos que clavan sus raíces en estas laderas de Granada. Son viejos, con sus troncos muy añosos, no muchas ramas y curvados para el sol de la mañana. ¿Sabes? De estos solitarios olivos y de la ladera en sí y de la ermita que corona, tengo mucho que contarte. Es un paisaje insólito en el conjunto de los paisajes de Granada. Por su altura, corona a todo el barrio del Albaicín, por su aridez y tristeza, por su frío en invierno y sol en verano y por lo que atesora, teniendo como tiene aspecto de pobreza. Es un rincón todo pérdida y, por eso, nada más pisarlo, hiere en el alma. Te iré contando.

Sin embargo la mañana
se presenta fría,
azul y blanca,
con la hierba en la ladera
llena de escarcha
y con el aire atravesado
por fría espada.
Sin nubes ninguna,
recogida en sí, Granada,
contra un invierno seco
que avanza.
Hace frío, mucho frío
en la mañana,
tanto que el aire
hiela el alma.

30 de diciembre: desde la ladera, al norte Granada
Pasado mañana por la noche ya es fin de año. Una fiesta exclusivamente de invierno. Y no solo aquí en Granada si no en muchas partes del mundo. También en tu país. Pero en Granada, la noche de fin de año, tiene un sabor a profundo invierno. Y este año, en la plaza del Ayuntamiento, hay un gran espectáculo de luz y sonido. No disfrutaste tú esta fiesta el año pasado. Porque te fuiste con los tuyos, a tu país blanco, a pesar de que estas en España para conocer la cultura nuestra.

Hoy de nuevo amanece sin ningún rastro de nube en el cielo. Muy azul todo y frío en el ambiente. Y, sobre la ladera del barrio del Albaicín, con millones de relucientes cristales de escarcha en los tallos de la hierba. Pero, aun así, el invierno por aquí se mezcla con el otoño y parte de la primavera. Algo muy hermoso. ¿Que te muestre alguna señal porque quieres verlo? Ayer mismo por la tarde, hice una foto. A las hojas secas del pequeño olmo que crece en esta ladera. Hojas que se derraman por el suelo, entrelazadas con los tallos de la hierba y como dándole calor a las pequeñas florecillas que ya han brotado. Las hojas del olmo todavía tienen color de otoño y por eso son bellas. La hierba destella verde de invierno y las florecillas reflejan sonrisas de primavera. Tres pinceladas muy reales de las tres estaciones del año fundidas en un punto exacto. ¿A que es curioso y a la vez bello?

Y ya sabes lo que pienso: que en las pequeñas cosas, las que pasan inadvertidas a los ojos de la mayoría de las personas, es donde casi siempre hay mayor belleza. Mucho más que en una gran fiesta de fin de año, con bebida, música, luces y colores. Y te lo digo porque en esta ladera del Cerro de San Miguel Alto, balcón privilegiado del invierno sobre Granada, ocurren estas maravillas. Por las noches hace mucho frío, de día el sol calienta y, aunque no llueve y el otoño hace poco que se ha ido, ya brota lentamente la primavera. Un milagro de la naturaleza en el invierno de Granada que pasa inadvertido para muchas personas a pesar de su exquisita belleza. Te regalo una foto para que lo veas.

Al llegar el día
Granada se despierta
como del frío invierno
sobre la vega.
Es una fantasía
verla
y ver la luz del sol
jugar con ella.
Desde la ladera al norte
el invierno es primavera,
otoño ocre y azul
y silenciosa espera.
En el aire siempre se palpa
tu ausencia.

31 de diciembre: señales propias del invierno
Treinta y uno de diciembre. Último día del año y, por eso, con un frío de hielo. Un frío grato aunque sea frío porque, el invierno, todo en sí, es bello, muy bello. Y lo es más saboreado desde los especiales rincones de Granada. Y, desde la ladera de las cuevas, la del Cerro de San Miguel Alto, frente al sol de la tarde, sí que tiene una característica especial. Por las vistas que desde aquí se ven sobre toda la ciudad y Sierra Nevada, por el frío que por las noches hace, por el sol, la luz, el verde de la hierba, los mirlos y algunos frutos de invierno.

Sí, porque quiero decirte que si el otoño se caracteriza por la abundancia y variedad de frutos, el invierno también tiene sus detalles. Y uno muy concreto son las aves que se ven por esta época del año. En Granada ciudad, jardines y plazas y en los bosques de los alrededores. ¿Sabes? Los mirlos se ven por muchos sitios, cualquier día del año pero en invierno, a veces cantan con matices diferentes. Y, en esta ladera, alzada sobre el barrio del Albaicín, hay algunos que revolotean al caer las tardes y por las mañanas a primera hora. Se les ve por entre las chumberas, los olivos, los jardines de las casas y otros árboles. Y la naturaleza, casi al margen de las personas, los cuida. A veces tanto que hasta diría que los mima.

Entre las plantas, muchas y variadas, que crecen en los jardines, patios y huertos de Granada, hay algunas muy propias del invierno. Es el caso de un arbusto que se llena de semillas rojas justo en estos días. Semillas pequeñas, como garbanzos pero rojas, que cuelgan en ramilletes preciosos. Y maduran justo ahora, en invierno, para que de ellas puedan alimentarse los mirlos. Se le conoce con el nombre de Pyracantha coccinea, espino de fuego. El nombre deriva de los vocablos "pyr" fuego y "acantha", espina, recordando el color rojizo de sus espinas.

¿Ves tú qué sabia es la naturaleza y cómo se encarga de mantener la vida y todo cuanto le rodea? Mientras nosotros nos dedicamos a despedir el año viejo y a recibir el nuevo, con música, luces y algarabía, el invierno regala frío, hierba, florecillas y delicados frutos para que coman los mirlos, las aves del campo. Cosas que muchas personas saben y otras tantas ni siquiera lo advierten. Por eso yo te lo cuento y te regalo una foto para que lo veas.

¿Qué cuánto quedará
de todo aquello
que a lo largo de la vida
vamos viviendo?
Casi nada.

Lo mismo que el invierno
llega y pasa,
pasan nuestros sueños
y mueren en la mañana.
Solo queda eterno
aquello que, del alma,
ha sido su alimento.

1 de enero: fin de año, la fiesta de invierno ¿A que no sabes tú mucho de la ermita vieja? Justo en lo más alto del cerro se levanta. Un pequeño edificio antiguo que se le conoce con el nombre de San Miguel Alto. Porque ciertamente se encuentra en lo más elevado del barrio del Albaicín y de toda Granada. En la colina que hay frente a la Alhambra. Y por eso, en la parte del sol de la tarde, tiene un mirador que casi siempre está lleno de gente. Extranjeros, muchos, hippies y turistas variados. Y, justo desde este mirador, anoche se veían los fuegos artificiales de la fiesta de fin de año, a lo largo y ancho de la ciudad de Granada. Una noche mágica, llena de invierno profundo, con muchas estrellas en el cielo, un frío que pelaba y gran abundancia de explosiones de cohetes.

Pero la noche de fin de año yo la estuve observando desde abajo. No por el centro de la ciudad, donde las personas se amontonaban por las calles y plazas y bebían y daban voces, sino desde la puerta de la cueva del naranjo enano. ¿Te acuerdas? Tú la conoces. Porque justo unos metros por debajo del mirador de la ermita vieja, hay unas cuevas. Las más importantes de toda esta ladera de San Miguel Alto. Y, en una de estas cuevas, vive Aurora con su marido y dos niñas. Español es él y ella alemana y por eso su cueva, su preciosa vivienda escavada en la tierra, parece un palacio. Desde la puerta se ve estupendamente toda la ciudad de Granada, la vega, la Alhambra, el barrio del Albaicín, la ladera y la ermita. Y como ahora no llueve, aunque sea invierno y haga frío, desde que sale el sol hasta que se pone, da siempre de frente. A todas las horas del día el sol se derraman por la puerta de la cueva de Aurora. Por eso a ella le gusta tanto.

Pues anoche, mientras cientos de turistas, extranjeros y estudiantes universitarios, despedían el año desde la plaza del Ayuntamiento, yo lo hacía desde la puerta de la cueva del naranjo enano. Algo original y muy bello porque es una gran seña de identidad de esta ciudad y tienen mucho de invierno. Donde más concentración hay de invierno, entre todos los rincones de Granada. Por eso el frío era intenso aunque el aire no se movía y las estrellas brillaban con un resplandor de perlas. Granada no es el tópico de una ciudad más en la noche de año viejo ni el invierno por aquí es solo frío y árboles desnudos de hojas.

Y sin embargo amanece
como un día cualquiera,
sin nubes en el cielo,
escarcha en la hierba
y quieto el viento.

Fue anoche la fiesta
de año nuevo,
pero hoy el día llega
con cara de invierno,
como si todo ya fuera
viejo, muy viejo.

2 de enero: el invierno es algo más que frío Cuando llega el invierno, en Granada, ocurren dos cosas muy características. Por un lado, en la ciudad, se celebran fiestas propias de estas fechas. Al comienzo del año, casi todos los días. Por eso, el día uno es fiesta y hoy, dos de enero, también es fiesta. Se celebra el aniversario de la de la toma de Granada por los Reyes Cristianos. Una conmemoración importante que sabe a invierno, a historia y a tiempos lejanos. Por eso digo que, Granada entera, tiene acontecimientos especiales al comienzo del año y del invierno. ¿Lo sabías?

¿Y sabías tú qué otra realidad, con acento de invierno, ocurre en Granada en cuanto llega este tiempo? Sí, en Granada capital, jardines, riveras de los ríos, plazas y también en los bosques que rodean. Quizá parezca poca cosa pero es un gran acontecimiento, lleno de colores y de vida. Porque, al llegar el invierno, todos los años aparece por aquí un pajarillo pequeño. El que se le conoce con el nombre de “Petirrojo”, Erithacus rubecula, porque todo su pecho lo cubre con plumas de este color. Los machos cantan desde mediados de enero hasta mediados de junio, sobre todo en los albores del día, abriendo el concierto matutino acompañados del colirrojo tizón y del mirlo común. También cantan al atardecer hasta bien avanzado el crepúsculo. Su canto es un gorjeo variado y pausado, quizás uno de los más bellos emitidos por un pájaro, un sonoro "tic-tic-tic" que emite a intervalos cortos.

Este pajarillo siempre llega a Granada y a otros lugares de España, con los primeros fríos. Se instala, de noche o en la mañana, entre la espesura de jardines y plazas y en los bosques cercanos y por aquí vive a sus anchas. Ajeno él, en todo momento, a las personas que por su lado pasan, indiferente a las fiestas de fin de año y año nuevo y ajeno a todas las celebraciones de los humanos. Y es así tan cierto que muy pocas personas, de los cientos que vivimos por aquí, nos damos cuenta de este acontecimiento. Y menos aun lo interpretamos como algo muy especial que ocurre, en invierno, en Granada.

¿Y sabes? Por entre las ramas del naranjo enano que hay en la puerta de la cueva de San Nicolás Alto, viven algunos de estos pajarillos. Por entre el naranjo, por entre las chumberas, los espinos de fuego, las higueras de los patios y los cipreses y rosales de las casas del Albaicín. Y no te cuento los que viven por los paisajes del Cortijo de la Viña y riveras de los ríos de Granada. Es tan delicado, tan bonito y de tan bellos colores este pajarillo, que faltaría algo muy importante del invierno y de toda Granada, sino estuviera por aquí. No sé si tú estás de acuerdo pero yo me siento en la necesidad de contártelo.

Hoy ya el día llega
con nubes y frío
cubriendo la tierra
y con nieve en las cumbres
que hermosas blanquean.
Es invierno sincero
que acaricia y besa
en lo hondo del alma,
donde vive tu ausencia.
Lo justo y necesario
para coger la senda
y marcharse despacio
a las estrellas.

3 de enero: cuando cae la lluvia sobre Granada Hoy, además de nubes espesas y todo el suelo mojado, amanece con viento. Fuerte viento en toda Granada, Andalucía y España. Un día, todo en sí, macizo de invierno. Y llueve a ratos, con chaparrones recios y hace frío. Y de esto sí que tengo certeza: en todo el tiempo que estuviste por aquí, no viste un día tan auténtico de invierno como el de hoy. Por eso y otras cosas te marchaste para siempre de aquí y no llegué a saber si a ti te gusta el invierno. Tampoco sé si te gusta la lluvia, el frío, la tierra húmeda…

Pero por mi parte sí te puedo decir que los rincones de Granada, mojados por la lluvia y envueltos por la niebla, son bellos como pocas cosas en este mundo. Tanto que yo creo que si faltara el invierno, Granada sería otra cosa. Porque vista desde la parta alta del Albaicín, ladera de San Miguel, cuando ayer caía la lluvia y luego salieron las nieblas, Granada era preciosa. La Alhambra no parecía la misma ni las laderas de bosque que desde la colina caen ni los barrancos del río Darro ni el Sacromonte ni las cumbres de Sierra Nevada. Y el barrio en sí, el Albaicín, todavía resultaba más misterioso y bello. Y, al caer la tarde, mucho más.

Desde la ladera de las cuevas, sobre la vega y a lo lejos, se vía Granada como envuelta en azul y bañada de cristal. Sobre ella llovía y las nieblas la arropaban. Luego salió el sol y la lluvia relucía como perlas recién pulidas. Por la ladera me fui, gozando del espectáculo y vi como la lluvia también chorreaba por la hierba, las pitas y los naranjos. ¿Que cómo estaban en ese momento las calles de Granada? Preciosas. Solitarias muchas de ellas y chorreando y oliendo a musgo. Por eso te recordé mucho y, a cada instante, me decía que era una pena que no estuvieras. Porque una tarde tan especial, de lluvia, viento, niebla y sol, era como todo necesitara de ti. Y a ti, yo sé que hubiera gustado y mucho. Pero faltabas y, por eso, el gozo de la lluvia y del hermoso día de invierno, no era completo.

La lluvia blanca
que sobre la hierba
y sobre Granada,
ayer cayó,
sin querer lavaba
al corazón.
Sólo tú faltabas
por entre la niebla
y la luz del sol.
La lluvia clara,
pequeña oración
que consolaba,
en la tarde de invierno,
azul y plata.


4 de enero: Una visión distinta de Granada ¿Conocer Granada desde otra perspectiva? No es tan sencillo ni se consigue en tres visitas. Porque, la otra Granada, la que se les escapa a los turistas y poco de ella ofrecen los libros guías, hay que buscarla desde una actitud nueva, sin prisas. Desde los ojos del corazón, del alma y bajo el sentimiento de la pérdida, la soledad, la nostalgia…Y te lo digo porque ayer, entre lluvias, ratos de sol y nieblas, sí creo que vi yo una Granada distinta. Desde las mimas laderas del barrio del Albaicín, Cerro de San Miguel Alto.

Al caer la tarde, seguía lloviendo, con algo de viento y mucho frío. Nevaba, en ese momento, sobre las cumbres de Sierra Nevada. Desde las cuevas del naranjo enano me viene para el lado de la muralla vieja. Para el lado del Sacromonte. Llovía y a ratos era tanto y con tanta fuerza que asustaba. Pero resultaba muy emocionante. Todo el paisaje en sí y el momento, transmitía tanta belleza, que también daba miedo, pero en sentido contrario. Como si el espíritu mismo se asfixiara en una dicha inmensa.

Por eso me paré, antes de llegar a la muralla y me puse a mirar despacio a la colina de enfrente. A la Alhambra en sí, sobre esta colina, y a las laderas que caen para el río Darro. ¿Y sabes? No me sorprendió lo que mis ojos vieron porque es algo que lo llevo grabado en mi interior pero sí me llenó de asombro el fantástico cuadro. La lluvia caía recia, como te he dicho, y velaba a los paisajes y la niebla subía desde el barranco del río y parecía llevarse con ella, al cielo, a las estrellas, a Granada entera. Y a la Alambra, sobre su gran colina, siempre en lo más alto, coronando. Me acordé de ti y me puse triste. De nuevo me sentí desgraciado porque, una vez más, no estabas para gozar de esta vivencia, tú que tan amante eres de todo lo hermoso, sincero y blanco.

¿Qué te cuente
lo que mis ojos vieron
ayer cuando llovía
dulce y recio?
No podría.

Lo mismo que los sueños
parecen fantasías
y son chorros sinceros
de vida,
así fue aquello.
Semejante a las cosquillas
de un blanco beso.

5 de enero: lo que el invierno se lleva, en sí callado
Y, sin embargo, ayer ya no llovió. Al caer la tarde, desde la ladera del Albaicín, se veía el cielo azul. Con solo algunas nubes sueltas que cubrían sobre la vega de Granada, a lo lejos. Y eso sí, con mucho frío. También allá, a lo lejos, muy blancas se veían las cumbres de Sierra Nevada. Como ya te dije, cayó una gran nevada. La más grande del año. Y, tan hermosa era contemplarla desde este lugar de Granada, que entraban y entran ganas de salir volando y disfrutarla. La fantasía, los colores, el frío y los azules de los cielos en las tardes de invierno en Granada.

Por eso, en esta ladera alta, ayer por la tarde, el frío casi asustaba. ¿Y sabes por qué? En muchas de las cuevas que hay por aquí, se han refugiado grupos de jóvenes. Precisamente huyendo del frío y buscando un poco del calor que el sol por el lugar derrama. Son hippies, algunos de estos jóvenes pero otros simplemente aventureros sueltos que van y vienen y paran cuatro días en los sitos y no tienen casa. Pero con el frío que ahora el invierno anda repartiendo buscan refugio ellos y por aquí se han instalado. Sin agua y sin luz en las cuevas que han ocupado, algunas limpias y bastante acondicionadas pero otras, no tanto. Porque las cuevas de esta ladera alzada sobre el barrio, ya te lo dije, tienen su encanto pero hasta cierto punto. El lugar en sí, es lo atractivo y por eso ellos lo buscan.

¿Sabes? Aunque no lo parezca y yo no muestre mucho interés en hablar de ello, también es esto parte del invierno en Granada. Porque son sus paisajes y es la gente que los llenan y también hay turistas por aquí que van y vienen. Curioseando, algunos, intentando descubrir Granada a lo grande y a lo pequeño y hasta en lo más primario, y esto es bueno. La catedral en sí y los monumentos y museos, son importantes. Pero en cualquier ciudad del mundo siempre hay una realidad distinta que es bueno conocerla. Es necesario. Y el invierno tiene, además de lluvias, nieve y nubes negras que se funden con el azul del cielo, estas cuevas que te estoy contando y los jóvenes acurrucados en ellas.

El día de hoy
otra vez llega
emborrascado,
gris nieve sobre la vega
y tiritando
entre la hierba.

Invierno claro
que yo quisiera
coger entre las manos
y que dijera,
de ti, algo.
¡Es tanto lo que se lleva
en sí callado!

6 de enero: en la tarde, frente a Granada
¿Que si se alimenta de algo, los jóvenes que viven, por estos días en las cuevas de esta ladera? De algo sí. Pero yo creo que su alimento, al menos uno muy bueno, no es el mismo que el nuestro. Por aquí, como te digo, ni siquiera hay tiendas ni bares ni sitios donde comprar recuerdos. Solo hierba, aire frío que viene desde Sierra Nevada, algunas escaleras y muchas sendas de tierra. Y también sol y una vista espléndida sobre la Alhambra, Granada, Vega… ¿Es este el alimento de ellos, a parte del rincón en las pequeñas cuevas, sin calefacción ni luz ni agua?

Voy a contártelo brevemente: hoy se presenta el día de nuevo sin nubes. Ya no llueve, han subido las temperaturas y, aunque la nieve en las altas cumbres blanquea extensa, otra vez no parece invierno. Pero lo es. Como también ayer por la tarde. Vine yo dando un paseo por una de las veredas que, de cueva en cueva, surca esta ladera y, al pasar, los iba saludando a ellos. Muchos miraban al sol y otros simplemente estaban sentados y observaban desde este gran mirador. ¿Y sabes? de pronto, junto a las escaleras que por aquí construyeron este verano, vi una pequeña flor. Blanca casi toda, porque tiene unas pequeñas franjas en color marrón, que se acurrucaba al sol de la tarde y al airecillo que subía desde el río.

¿Que si me paré para verla mejor y sin prisa? Claro que lo hice y saqué fotos. Y, mientras me dedicaba a ello, me acordé de ti y y observé con más calma toda esta ladera. Y descubrí que era cierto: que los jóvenes que por aquí ocupan las cuevas, tienen un manjar que en casi nada se parece a lo que la mayoría comemos. La pequeña flor que tenía delante me lo estaba gritando. Y también la Alhambra sobre su colina y el Albaicín y Granada y la Vega y el sol de la tarde. Quizá ellos, aunque no lo parezca, miran las cosas desde el corazón, desde la nostalgia, desde una actitud diferente frente al mundo a la sociedad. Y por eso para ellos, el invierno de Granada y esta ladera llena de cuevas, es otra cosa. Algo que está más allá de lo que con los ojos de la cara vemos.

Una florecilla blanca
en la ladera
frente a Granada,
llena la tarde
de magia.

En el viento del invierno
tiene su cama
y, en el silencio que la besa
su alma.
Algo de ti me dice ella
Y, tú, callas.

7 de enero: los Reyes Magos, fiesta de invierno Otra de las fiestas de invierno que se celebran en Granada son los Reyes Magos. Aunque no es solo en esta ciudad si no en toda España y otras partes del mundo. Menos en tu país. Pero en granda, tiene un matiz especial. Y la cabalgata de los Reyes Magos fue en la tarde noche del día cinco. Justo una noche antes de que también en tu país, se celebre la fiesta de la Navidad. Es en la noche del día seis al siete.

También vosotros, en tu país, celebráis el día de los regalos. No de los Reyes Magos sino del Abuelo de Hielo y la Niña de Nieve. Bajo el árbol, dejan en tu país, estos dos personajes, los regalos y es justo el mismo día de año nuevo. El año pasado no pudiste estar en tu país para esta fiesta pero este año, sí. ¿Que te cuente cómo han sido las cosas por Granada?

En la noche del día cinco hubo un gran desfile de carrozas, a lo largo de toda la Gran Vía. Tiraron muchos cohetes, repartieron gran cantidad de caramelos, guirnaldas y música a todos los niños de Granada. Y, al caer la noche, los niños recibieron sus juguetes. Por eso ayer, ya día seis de enero, a muchos se les veía jugar por las calles y plazas. Con sus patines, sus coches eléctricos, su muñecas… a lo largo y ancha de toda Granada y también por el barrio del Albaicín. No así en las cuevas de la ladera, donde ayer el día trascurrió como otro cualquiera. De invierno crudo, a primeras horas de la mañana porque había mucha niebla y toda la hierba estaba bañada de rocío. Al amanecer, ahora todos los días, la hierba aparece empapada por completo en rocío.

Pero al mediodía, ayer igual que hoy, el sol lucía espléndido y el cielo brillaba con un azul intenso. Sobre las chumberas que cubren gran parte de la ladera al norte del Albaicín, la luz del sol restallaba. Como si fuera ya una hermosa tarde de primavera. Y por eso, las chumberas resaltaban con una fuerza especial. Tanto el azul del cielo como el verde de las hojas de las chumberas y el rojo de los frutos de estas plantas. Te muestro una foto para que lo veas.

Verde y rojo
sobre azul intenso
y la tarde quieta
en su silencio.
Como si esperara
que en cualquier momento
aparecieras
del mismo viento.
Lento, horas tras hora,
pasa el tiempo.
Los niños en su mundo
juegan sus juegos
y ni siquiera saben
que es invierno.

8 de enero: se acaba la primera parte del inviernoAquí en Granada y en España hoy se acaban las fiestas de invierno. En tu país, aun no. Terminan justo el día catorce de este mes. Pero en tu país estas fiestas difieren bastante a las de aquí, las nuestras, las de Granada. El día veinticuatro, justo en las Nochebuena, comenzaron las fiestas que te vengo narrando. Siguieron con la Navidad, fin de año y año nuevo. Luego el día de Reyes y por fin ayer la Epifanía. Por eso las fiestas nuestras todas están impregnadas de un fuerte matiz religioso. No es así en tu país.

Y hoy justo comienzan las clases en la universidad, los institutos y los colegios. ¿Recuerdas cuando el año pasado volviste de tu país para comenzar otra vez? También este año hay, de tu país, personas por aquí. Y, lo mismo que tú el curso pasado, se preparan para comenzar las clases. En un día de invierno típico. Porque, al amanecer, como desde hace unos días, la niebla cubre por completo y hace frío. Todo el campus universitario que conoces se ve como perdido entre la espesa niebla. Mejor dicho, no se ve sino que se adivina por el resplandor de las luces. Lo mismo pasa con la ciudad de Granada entera, el barrio del Albaicín y la ladera. Todo como si estuviera envuelto en una densa nube de incienso, con perfume a humedad y a puro invierno. Un espectáculo muy bello que no tiene comparación y solo se explica algo desde el corazón.

Por eso yo, ayer por la tarde, ya hice la última foto en la ladera del barrio viejo. Ya voy a despedir este rincón de Granada para venirme por las calles y plazas del Albaicín y seguí contándote cómo es el invierno por aquí. Y la última foto de la ladera de las cuevas, es también una pequeña flor y la hierba. Las pinceladas vivas y tupidas de colores que van superando el invierno y anunciando a la primavera. Porque todo esto es Granada, entre días de fiestas, nieve, nieblas y la crudeza del invierno.

Rocío en la hierba
al amanecer
de los días de niebla
que nos trae el invierno
por estas tierras.
Silencio trabado
en la densa espera,
cuatro florecillas
vestidas de seda
y la mañana hermosa
que llora y besa.

GRANADA EN INVIRNO DESDE EL ALBAICÍN

9 de enero: entrando al barrio del Albaicín Desde el barrio del Albaicín, por la ladera de las cuevas y ermita de San Miguel Alto, hay dos caminos. Los dos muy claros, conocidos y ahora hasta con escaleras nuevas. El primero ya te lo comentaba hace unos días, es el que sale por la plaza de la Cruz de Piedra. Por él sube ahora mucha gente para ir a las cuevas y a la ermita. Y el segundo camino sale del barrio justo por la Cruz de Rauda. También muy usado pero éste lleva más directamente a las cuevas de las chumberas. Es el lado de la derecha, el que se encuentra más cerca de la muralla que separa de la zona del Sacromonte.

Pues por este camino justo bajo en busca del barrio. Para venirme ya de la ladera y entrar por las calles para explicártelo en estos días de invierno. Y, mientras camino, veo la gran panorámica de esta antigua zona de Granada. En la foto que hoy te regalo puedes verla. Una foto clásica que hacen casi todas las personas que vienen por aquí pero que es necesario que la veas.

Y por el barrio, según voy entrando, me lo encuentro todo solitario. Solo cuatro personas, algunos perros y también gatos que recorren paredes y tejados y tres o cuatro turistas. Ya se han terminado las fiestas y la gente ahora, los habitantes de estas casas y los turistas, se dedican a la realidad de cada día. Por eso por aquí, como te digo, todo se ve muy tranquilo. Como si nadie viviera en ninguna de las casas a pesar de lo limpias y bien cuidadas que se ven. Las puertas todas cerradas y lo mismo las ventanas y ningún ruido humano que rompa el silencio de la tarde. Hace frío, el empedrado de las calles se ve húmedo y el musgo verde entre piedra y piedra. ¿Sabes? Al menos esta parte del Albaicín, ahora en invierno, hay algo que resulta extraño. Quizá la soledad, la humedad, el silencio y el aspecto de abandono, aunque no sea así.

La tarde sola
con viento húmedo
que se deshoja
en la quietud
por la sombra.
Como si no pasaran
pasan las horas
y como si no lo hicieran,
se asoman
al frío invierno
de la tarde sola.

10 de enero: placeta Aljibe de la ViejaLa Placeta “Aljibe de la Vieja”, tú no la conoces. Es un rincón muy pequeño, algo escondido, con dos calles estrechas que llegan por ambos lados. Empedrada, con una farola, un árbol desvencijado, la aljibe al lado norte y, junto a ella, una puerta. Siempre que he pasado por aquí la he visto cerrada. ¿Que quién vive ahí? Es una casa nueva, con tejas, algo de jardín y un jazmín que rebosa desde dentro. Pero el rincón en sí es añejo. ¿Y la aljibe? También pequeña, de ladrillo, dos repisas a los lados y una puerta de hierro.

Así que esto es, a lo grande, esta pequeña plaza. ¿Y sabes dónde se encuentra? Justo dentro del barrio del Albaicín, al norte, pegada un poco a la ladera de las cuevas y donde todo son calles estrechas. Empedradas, muchas y con adoquines, otras. ¿Y el misterio de este rincón? No lo sé. Sólo puedo contarte que, al caer la tarde de este día de enero, por aquí todo es un gran silencio. Azul el cielo, con nubes blancas, un sol muy débil y algo de frío. Es invierno y te lo cuento desde esta vieja placeta. Todo en sí como lleno de misterio y, de fondo, algunos trinos de gorriones y el canto lejano de un mirlo.

¿Sabes? Es que esta tarde ya estoy comenzando a contarte el invierno en Granada, desde otro sitio. Quiero que sepas los silencios, las luces y las sombras de los pequeños rincones de este barrio, tan famoso en el mundo entero. Y no me preguntes qué hay de hermoso, interesante u hondo en este rincón tan claramente solitario. No sabría qué decirte pero quizá sea eso: su soledad, su silencio, la tarde en sí, el frío del invierno y lo distinto que es todo esto entre los demás sitios de Granada.

Solo tres gorriones
cantan
en el aire de la tarde
que se marcha.
Nadie por aquí
se ve ni habla
pero si se escucha atento
en las piedras tan calladas,
se oye allá en lo hondo
una voz que llama.

11 de enero: plaza del Mentidero A tan solo treinta metros de la plaza Aljibe de la Vieja, hay otra también muy pequeña. La plaza del Mentidero. Con dos bancos de madera sujetos al suelo y un árbol algo más grande. No es morera ni tampoco acacia. Detrás del primer banco, el que está más cerca del árbol, hay una puerta, una segunda ya entrando a la calle Aljibe de la Vieja y, por la derecha, la pared de un antiguo patio. A la entrada tiene un arco con una puerta de hierro y dentro crecen muchos árboles. Naranjos, higueras, laureles, cipreses, palmeras… Y, como es invierno, excepto las palmeras, los laureles y los cipreses, todos los demás ya no tienen hojas. Se las ha llevado el otoño que por aquí ha pasado hace poco.

Pero, entre todos los árboles de este patio, el más vistoso ahora mismo es un granado. Sus ramas rebosan por encima de la pared y las granadas, ya sin granos y algo secas, todavía se ven ahí colgadas, color naranja oscuro. Se Parecen a las bolas de los árboles de Navidad. Pero estos frutos tardíos de otoño, aunque se ven hermosos recortados sobre el azul del cielo, chorrean invierno auténtico. Los gorriones que viven por estos rincones del barrio son los verdaderos dueños de este patio, del granado sin hojas y de la tarde. Mientras escribo esto y siento pasar el viento con olor a humedad, me dan compañía.

¿Que por qué te hablo de esta pequeña plaza? Porque aunque en sí tiene poca entidad, es un rincón más entre los muchos ocultos y hermosos de Granada. Muy escondido, eso sí, y alejado de los sitios que visitan los turistas. Por eso casi desconocido. La tarde, mientras sentado en el banco que hay más cerca del árbol escribo, pasa serena. Sin que muestre más señales de invierno que el frío y la humedad que presta la sombra y el verde del musgo en el empedrado. Porque desde hace varios días ni siquiera nubes se ven. De nuevo no llueve. Como si no fuera invierno aunque lo sea.

El granado del patio,
el que rebosa
por la pared de tierra
en el viejo barrio,
parece que estuviera
en el viento clavado.
Las granadas secas
y vacías de granos,
son como farolas
al invierno alumbrando
desde una tarde cualquiera
en este barrio.

12 de enero: los jóvenes del invierno En las esquinas de algunas de las estrechas calles de este lado del barrio, alguien ha ido colgando un papel con un mensaje escrito. Al pasar por aquí, me lo he encontrado. Me paro y leo: “Busco estufa vieja de leña”. ¿Te sorprende como a mí? Pero yo, sin saber mucho, intuyo algo. Y lo que pienso es que, como hace frío, jóvenes universitarios han sido los autores de este mensaje. Porque ¿sabes? Muchas de las viejas casas de este Albaicín añejo están ocupadas por ellos.

A los estudiantes universitarios extranjeros les gusta mucho Granada. Y, de esta ciudad, sobre todo les gustan las casas de este barrio. En general, toda la zona de este lado de la ciudad. Por eso, en esta época de invierno, la mayoría de las casas que hay por aquí habitadas, lo están por universitarios extranjeros. Les encanta a ellos vivir en estas casas y no en pisos. Pero en estas casas, en estos días, hace frío. Necesitan una estufa aunque sea vieja y de leña para calentarse. Y también porque esto para ellos es muy romántico.

Porque fíjate: en las cuevas de la ladera, viven jóvenes que tienen unas características muy concretas. Quizá posean menos dinero, no les gusta tanto la cultura y sí vivir en libertad y un poco al margen del resto de la sociedad. Y en muchas de las casas de esta zona del barrio viejo, viven jóvenes que quizá sí tengan algo más de dinero y sean más amantes de la cultura. Pero tanto aquellos como estos, son una parte muy esencial del invierno en Granada. Porque en verano, por aquí las cosas son de otro modo.

Muchas de las casas
del barrio viejo,
se ven cerradas
al caer las tardes
y las mañanas.
¿Quién vive dentro?
En algunas, jóvenes,
en otras, silencio,
calles empedradas
y húmedo invierno
que de puntilla pasa.

13 de enero: placeta de los Castillas Desde la Aljibe de la Vieja, una calle estrecha, avanza hacia el centro. Llega enseguida a lo que es como un cuadrado perfecto. Hay un nombre en un azulejo donde se puede leer: “Placeta de la Vieja”. Pero también es tan poca cosa que sigo y, en solo unos metros, llego a otro rincón algo más grande. ¿Su nombre? “Plaza de los Castillas”. Rincón amplio, con cinco árboles y estos sí son acacias y ningún asiento. No es cuadrada ni alargada esta plaza y a ella desembocan cuatro calles. Una tan estrecha y corta que hasta el nombre le queda grande: Fátima. Y justo por donde llega esta calle, lado de arriba de la plaza, una casa muy vieja. Tanto que todas sus paredes se ven desconchadas y las maderas de las ventanas casi podridas. Tiene un balcón y se ve ropa tendida. Aquí viven estudiantes.

¿Que por qué hay tantos coches en esta plaza? No lejos, algo más abajo, hay un restaurante para turistas. Algunos dejan aquí sus coches y otros son de las personas que ocupan las casas de este barrio. Una pena porque el rincón en sí pierde todo su encanto con tanto coche. Ni siquiera hay tranquilidad aunque sí desde aquí se ve un espacio grande. Al frente y al lado de abajo, el gran cerro que corona por donde la Silla del Moro. Queda al otro lado del río Darro y por encima del Generalife. Por la izquierda se ve la ladera de las cuevas y la ermita que corona. Y luego, esta tarde, otra vez azul el cielo, sin nada de viento ni tampoco frío. Anoche llovió algo y puede que también llueva un poco mañana.

La segunda calle pequeña que sale de esta plaza, muy cerca de la que te decía antes, se llama Dos de Mayo. También mucho nombre para solo unos metros de calle. Pero, avanzando por ella, se llega a la calle más importante del Albaicín. Y, como por esta calle sí pasan muchos coches, todo el ruido llega a la plaza. Por eso hay por aquí tan poca paz. Sin embargo, por los tejados de las casas, cantan algunos tordos y se ven pequeñas bandadas de gorriones. El sol reluce sobre las tejas y las desnudas ramas de los árboles. El otoño los ha dejado sin hojas y ahora parecen esqueletos frente al invierno que ni se va ni llega. Como si nada fuera serio aunque lo sea.

El invierno por aquí
casi no tiene donde
pararse a vivir.
Las calles son tan chicas
y las plazas tan en sí
recogidas
que nada más que el tiempo
parece pasar si ir.

14 de enero: placeta del Conde Desde la placeta de la Vieja sube una pequeña calle, Su nombre es Cuestecilla. Y, para recorrerla cómodo, han trazado escaleras, con el mismo empedrado que hay por todas estas calles. Al final y a la izquierda, dos grandes pinos, en el patio de otro carmen grande y bonito. Se llega a la calle Estrella y, al final, se abre la placeta del Conde. Es aun más pequeña que la de la Vieja. Al principio, según se llega, es como un trozo de calle ancha. Al lado izquierdo se ve una gran casa, cerrada pero las plantas del patio rebosan por lo alto de la pared. En un azulejo que tiene puesto en la entrada puedo leer: Alquer-Razín, placeta del Conde. Quizá sea este el nombre de los primeros dueños de esta casa, con aspecto de noble. En otros tiempos, en este barrio Albaicín vivieron muchas personas importantes. Ésta, en concreto, es tan grande que coge casi todo el lado izquierdo de la calle Estrella. Tiene ventanas bajas con rejas y balcones también enrejados.

La placeta en sí tiene un empedrado muy fino y bello. Hace juego con el de la calle Estrella. Por el lado de arriba, otra fachada con una puerta de madera cerrada. Las ventanas tienen rejas de hierro pintadas en negro. Lo mismo que el balcón del lado izquierdo. En la pared, como un macetón color ladrillo pero es una hornacina. Dentro y en la parte de arriba y protegida por un cristal, la imagen de la Virgen. Tampoco sé quién vive aquí. La puerta de esta vivienda está cerrada y lo mismo las ventanas. En todo el recinto de la plaza solo hay silencio, musgo húmedo entre los espacios del empedrado y la sombra de la tarde. Una densa sombra y la humedad toda color de invierno y como agazapada en espera de algo importante.

Y esta tarde sí que hay nubes en el cielo que tienen mucha pinta de lluvia. Quizá esta misma noche llueva y caiga una buena nevada en las cumbres de las altas sierras. ¿Cómo será este tan pequeño y original rincón de Granada en una tarde, noche o mañana de lluvia? ¿Cómo será el invierno por aquí? Me gustaría conocerlo más a fondo y el directo para contártelo.

Sin preguntarme,
la tarde se nubla,
se llena de sombras
frías y húmedas
y parecen que traen
lluvia.
Es pequeña la tarde,
como esta plaza chica
y, como se cuelga del cielo
muda, muda,
es hermosa a so modo
y profunda.

15 de enero: plaza de la Cruz de Piedra Desde la pequeña placeta del Conde sube otra callejuela. Muy bien empedrada y protegida por hermosas casas a los lados. Se le conoce con el nombre de Callejón del Conde. Por la izquierda va quedando otra que se llama de San Luís Alto. Se llega enseguida a una nueva placeta, la de Luque, y solo tres metros más adelante se encuentra con la famosa calle de San Luís. La que va, por entre la ladera de las cuevas y el barrio Albaicín hasta las laderas del Sacromonte. Recorriendo esta calle, en su primer tramo y lado alto, se ve al fondo Sierra Nevada.

Donde se junta la calle San Gregorio Alto con el comienzo de calle San Luís, se encuentro la plaza de la Cruz de Piedra. Es algo más grande que las que han ido quedando atrás pero no más bella. Sin embargo, tiene su encanto. Justo en el centro se levanta la conocida cruz, sobre un pedestal de piedra y mármol. Al frente sigue la calle San Gregorio y, a solo unos metros, se encuentra el arco, puerta en la vieja muralla. Al pasarlo, aparecen las primeras casas de un barrio moderno, Haza Grande. Y, a la derecha de la calle con este arco, comienzan las escaleras que llevan a las cuevas de la ladera.

¿El invierno por aquí? Esta misma tarde la lluvia cae y por eso, todo el empedrado, chorrea agua clara. No hay árboles en esta plaza ni casas con patios con higueras o granados. Solo un carmen, el de la Cruz de Piedra, que sí es antiguo y bonito. Se le ve restaurado pro sus paredes son de ladrillos, con puertas y ventanas de madera. La explanada de la puerta es justo el comienzo de la calle San Luís.

Y, por lo que he dicho, que esta plaza es comienzo de cuatro calles importantes, es por lo que hay por aquí también mucho bullicio. En esta tarde de lluvia no para de pasar gente. Algunos suben a la ladera de las cuevas, otros van para Haza Grande, por la calle San Luís tiran otros y algunos más caminan calle abajo en busca del centro del barrio. Esta plaza se sitúa en la parte alta del Albaicín y por eso ya, ponen punto y final a las construcciones antiguas y abre puerta a las casas más modernas.

Llovió anoche
durante rato
y, luego esta mañana,
a chaparrones largos.
Llueve ahora mismo
despacio
y no hace frío,
parece llegado
el invierno amigo
tan esperado.

16 de enero: flores de invierno Dentro de este antiguo barrio, original y bello, en cualquier época del año, se ven cosas interesantes. Tranquilidad y silencio en sus estrechas calles, por cualquier sitio. Y fresco y sombras, tanto ahora como en verano. Pero en invierno hay colores y olores que asombra mucho. ¿Colores de invierno? Quizá tampoco los conozcas pero existen y son interesantes y bellos, muy bellos.

Conforme va uno andando por cualquiera de las angostas calles, constantemente salen al paso macetas en las ventanas y balcones. Algunas de cerámica granadina y otras solo de barro pintado, donde crecen plantas con todo tipo de flores. Rojas, amarillas, blancas, azules, moradas… Colores frescos y puros que resaltan contra el blanco de la cal en las paredes o el azul intenso del cielo en las tardes o mañana del invierno. Y, cuando llueve o se cubre el cielo con nubes espesas, las flores de las macetas en los balcones o ventanas, lucen más que en otros momentos. ¿Que cómo es posible que haya tantas flores en los rincones, plazas y calles, de Granada y justo en los meses de invierno?

Tú conoces solo un poco la realidad que estoy contando. Porque para descubrirla bien hay que echarse a caminar por un lado y otro de este barrio. Sin rutas, sin buscar nada, solo con el deseo de ir descubriendo y pararse para contemplar. Por eso quiero decirte que el invierno en Granada y, más concreto en este barrio, tiene colore y olores mágicos. Sorprenden y gustan mucho. Porque es como si muchas personas de las que por aquí viven se tomaran interés en vestir de colores el invierno. Como si pretendieran hacer la vida más grata.

Llueve en invierno
en las ventanas
de calles estrechas
y empedradas.
Caricias de la vida
que en las mañanas
se mecen en el viento
alegrando al alma.

17 de enero: plaza de San Bartolomé


Esta tarde, sí llueve. Y hace frío y viento y las nubes son muy negras. Una tarde de auténtico invierno. Y, esta plaza, la que se conoce con el nombre de San Bartolomé, es hermosa con la lluvia que cae. Sobre el empedrado, el mismo y típico en todo este barrio, las gotas de lluvia se quiebran y el agua corre en busca de un charco, arroyo, un río… Y, mientras la lluvia cae, hay que oírlos para creérselo, cantan un par de mirlos. También un cernícalo y un mochuelo en la torre de la iglesia que hay al lado de abajo. Como si se alegraran conmigo de la lluvia que cae y de la hermosa tarde de invierno. ¡Qué espectáculo!

Pero esta plaza, al lado de arriba del Albaicín llano, es hermosa por sí misma. Tiene forma rectangular, toda empedrada y con una gran cruz de piedra en el centro. Y las casas de los lados más largos tienen muchas flores. De los balcones y ventanas cuelgan las macetas, estas sí, de cerámica granadina. Y también los platos que decoran en la pared, entre maceta y maceta. También hay flores y un par de árboles en el lado alto de los dos más largos de la plaza. Es un rectángulo más pequeño, delimitado por gruesas paredes de ladillos viejos. Como un patio chico donde los vecinos de algunas de estas casas, en los días de sol, ponen sillas y mesas y organizas sus tertulias. La iglesia queda al frente, en el lado de abajo, unos de los dos pequeños de la plaza.

¿Que cómo se ve Granada con la lluvia que ahora mismo cae? La imagino, porque desde aquí no la veo, extendida en la llanura de la vega, como arropada por la bruma, la lluvia cayendo sobre ella y acariciada por algún rayo de sol. Porque, de vez en cuando, las nubes se abren y se ve el cielo y sale el sol. Pero sí, Granada y sus barrios y este del Albaicín, tienen esta tarde un color muy especial. Es como si se recogiera en sí misma, bajo una fina sábana de bruma y lluvia y se durmiera. Tendrías que verla para que se te llenara el corazón del asombro y gozo que hay ahora mismo en el mío.

Cuando la lluvia cae,
como en esta tarde,
sí parece invierno
a lo grande.
Y si además el frío
llena las calles
de este barrio chico,
hasta el viento sabe
a miel un poquito
y a eternidad suave.

18 de enero: el rocío del invierno

En la hierba de la ladera de las cuevas, ahora cada mañana, hay mucho rocío. También en las umbrías y praderas del Cortijo de la Viña. Y por las orillas del río Darro, por los bosques de la Alhambra y el Generalife y por todas las calles de este viejo barrio. El musgo crece entre las piedras de cada una de las calles y, en este verde tapiz, el rocío aparece cada mañana. Algo así como si, durante la noche, muchos duendes venidos de los bosques o de lejanas montañas, se entretuviera en regar cada hoja de musgo y cada tallo de hierba. Porque esto forma parte del invierno en Granada.

Por eso ahora, cada mañana, a primera hora hace frío y huele todo a húmedo. Por las chimeneas de las casas, muchas y algunas muy bonitas, se ve salir el humo en pequeñas hebras blancas. Y en la parte del barrio donde más se ve esto es en el lado alto. La zona llana que hay entre la Cuesta del Chapiz y Haza Grande y plaza Larga y la iglesia del Salvador. Todo el barrio que hay en esta extensión se encuentra en terreno llano. Y por eso se le conoce con el nombre de Albaicín Alto. Justo por donde las calles son más estrechas, las casas tienen balcones con flores y hay muchas plazas pequeñas. También en este trozo de barrio hay bastantes iglesias. Al menos cinco son verdaderamente importantes: el Salvador, San Nicolás, San Bartolomé, San Cristóbal y San Luís.

Y, una de las cosas hermosas que ahora cada mañana también se ve por aquí, es precisamente la silueta de estos monumentos. Sobre todo la iglesia de San Cristóbal. Porque se alza justo en lo más elevado del cerro y por eso emerge y se le descubre desde cualquier calle o plaza del barrio. Y como ya el invierno sí se ha llevado por delante las hojas de los árboles, de algunos de los caquis cuelgan los frutos. Brillantes y desnudos y llenos de rocío y frío de invierno. Estampas propias de esta época del año y con sus vivos colores y sus fantásticas imágenes. Tiene tantos matices el invierno en Granada que cada día todo parece nuevo.

Rocío en la hierba,
en los tejados
y en las piedras,
del viejo barrio
entre laderas.

Silencio y perfume
en mañanas tiernas
de invierno húmedo
que abraza y besa.
Eternidad cristalina
bañando la Tierra.

19 de enero: un pequeño libro inédito El invierno en Granada, y más concretamente en los rincones de este barrio bello, es como un libro inédito. Como un libro de sencilla portada que, al abrirlo cada día, cada mañana, encuentras dentro lo más sorprendente y todo inédito, en cada página. ¿Que cómo sé yo esto y cómo lo explico? No hay que recurrir ni a grandes discursos ni a hermosas o sonoras palabras. Lo estoy palpando a cada instante, en cada calle o plaza de este barrio.

Por ejemplo: ayer por la tarde, cuando ya se ponía en sol, me senté en unos de los rincones de este trozo de Granada. En una plaza estrecha, solitaria, silenciosa, empedrada y con olor a musgo. Y miré al frente y vi un cielo azul intenso, coronando y arropando a todas las casas de este barrio. Más cerca de mí, las paredes blancas de las casas y de los patios. Se oía el canto de un mirlo y, lo demás, todo era calma. Pero, desde uno de los patios y rebosando por el tejado, vi una hermosa planta. Una buganvilla toda convertida en flores. Color de otoño con pequeños matices de invierno.

Nadie me dijo nada ni yo tampoco esperé demasiado. Pero sí caí en la cuenta de los huertos y patios que hay, casi en cada casa, de este viejo barrio. Patios y huertos todos repletos de plantas y flores, por donde el invierno resbala. Donde la vida y el tiempo y la luz y el viento se encuentran como en un sencillo libro inédito. Un libro con tapas humildes pero con un contenido sorprendente. El invierno y sus colores en los patios y las plantas con flores. Un libro llano pero muy hermoso por dentro.

La tarde pasa
como del viento
llevada
y como ajena a todo
y callada.
Pero la tarde en sí
guarda
un pequeño secreto.
Lo sabe el alma
que se abraza a la tarde
que en silencio pasa.

20 de enero: placeta Carniceros

La placeta Carniceros se encuentra justo al comienzo de la calle Pages. Nada más empezar a bajar por esta calle, dirección a la iglesia del Salvador a la derecha, queda. De forma rectangular, no del todo, empedrada, con ocho bancos de piedra y una fuente en el centro. En los dos lados grandes, hay tres y cuatro naranjos y, en uno de los chicos, dos. De las ramas de estos árboles cuelgan las naranjas que el invierno por aquí ha madurado y, las hojas que las arropan, están muy verdes.

Hoy es domingo veinte de enero. Ni hay nubes ni hace viento ni tampoco la tarde es fría. Primavera adelantada parece más que un día de enero. No se ven más señales de invierno, en este rincón del Albaicín, que el musgo entre las piedrecitas del empedrado y el color de las naranjas. Quizá también la ausencia de personas. Porque nadie hay por aquí ahora mismo. Solo algún que otro turista que camina por la calle Pages dirección al centro. Pero, en los asientos de la plaza, nadie descansa. Solo tres gorriones que, a ratos, saltan y levantan vuelo y vuelven y otra vez se van para posarse en los tejados.

Puede que ni apetezca mucho sentarse aquí. Ya te he dicho que por uno de los lados de la plaza, pasa la calle más importante del barrio del Albaicín. Y por ella sí circulan los coches en las dos direcciones. Y, tanto estos coches como las motos y los que van y vienen con sus perros, llenan de ruidos y enturbian la paz de la tarde y del rincón. Y como la tarde en sí es templada, con mucha luz azul, a las personas parece que nos les apetece quedarse por aquí. No llueve y esto preocupa. Parece que éste no es un invierno como los de otros años.

Pero lloverá, mañana o pasado o el otro y, este rincón, también se llenará de invierno. Quizá más de lo que el otro día vi por aquí, cuando había nieblas y la humedad se esparcía por el empedrado. De las naranjas colgaban pequeñas gotas de agua y la lluvia relucía resbalando tronco abajo. Sí, ya lo estás comprobando: el invierno en Granada, tiene sus momentos. Y, a veces, aunque no parezca que sea invierno como pasa ahora mismo, no es del todo cierto. Pero dejo escrito estas cosas y te regalo lo que me gustaría que fuera y no es en este momento.

Tres naranjos,
con su fruta roja,
clavan sus raíces
en la plaza sola.
A nadie esperan,
solo de sus hojas
la tarde cuelga.
Soledad amapola
y el sol como dueño
de la plaza sola.


Invierno-2

El invierno en Granada-2
21 de enero: el Albaicín desde el alma, en invierno

¿Islas en el corazón del barrio del Albaicín? ¿De qué y para qué? Pues sí, y con un valor que con nada se pueden comparar. ¿Que cómo son, dónde se encuentran y de qué modo es posible verlas? Te lo explico a mi manera.

Cada placeta en este barrio, cada calle, cada espacio en la entrada de los cármenes, balcones y ventanas, son mucho más de lo que se puede ver con los ojos de la cara. Y, sobre todo, cada balcón decorado con macetas, cada huerto y cada azotea o terraza. Porque, tras el verde de las plantas y más allá de los colores de las flores, hay un espacio de sueños revestido de una belleza mágica. Como si estuviera preparada para que cada una de las personas que viven en estas casas puedan asomarse a los valles de su propia alma.


Tú no viste nunca esto pero yo sí. Y, además, lo intuyo y sueño cada noche y, al caminar por las calles de este barrio, lo descubro por todos lados. Y hasta me veo asomado, en las tardes y mañanas, por entre las macetas que decoran calles y plazas, buscando la presencia del invierno. Y es fantástico. Mirar desde la pequeña isla que se esconde en las macetas de balcones y ventanas, es fabuloso. A veces, se ve a lo lejos las cumbres de Sierra Nevada, la Alhambra expectante en su colina, la ciudad entera de Granada y este barrio como vigilándola. A veces se ve el azul del cielo y otras las nubes blancas y la lluvia y las nieblas y el invierno como oculto entre la humedad y los olores del musgo. A veces se ve todo esto y se intuye y se palpa, con el corazón, con el espíritu, con el alma, el espacio de sueño que te digo.

Como si dentro,
más allá de la cara
que muestra el invierno
o la fría mañana,
hubiera una isla
mágica.
Un mundo secreto
que gusta y llama
y que no tiene nombre.
Es el alma
de la luz y el silencio
que grita y calla.

22 de enero: universitarios en el invierno de Granada

Al comienzo del otoño, llegan los universitarios. Ya sabes: algunos son de Granada mismo, de la provincia, de Andalucía, de España y de muchos partes del mundo. Del norte, sur, este y oeste. Hasta del país blanco que tanto por aquí has proclamado.

Por eso, al comienzo del otoño, en Granada entera y en el barrio del Albaicín, ya se anima el invierno. No por las lluvias o las nubes o las fiestas o las nieves en las cumbres de Sierra Nevada. Aunque también por todo esto. Pero muy significativamente por la llegada de los universitarios.

¿Que si traen ellos algo de bueno a la ciudad y a este barrio del Albaicín? Claro que sí. Y no solo algo sino mucho y todo repleto de juventud y frescura. Por ejemplo: en la segunda plaza, a la derecha de la calle más importante del barrio, la que se le conoce con el nombre de Pages, hay un patio con muchas flores. Y, en este lugar, a lo largo del año y sobre todo ahora en invierno, los universitarios celebran fiestas. Ponen música, banderitas de colores, algunos globos y barras con bebidas y ríen y bailan. Así que esta plaza, la que también se le conoce con el bonito nombre de Fátima, se llena de vida un poco más ahora en invierno. Como si se contagiara de las fiestas y bailes que, a lo largo del curso, organizan los universitarios por muchos rincones de Granada.

Y esta tarde, invierno total porque estamos en pleno enero, en el patio de las flores que hay en la plaza Fátima, se celebra una fiesta. A lo pequeño porque por este barrio nada es grande aunque sí todo muy bello. Ya lo he dicho muchas veces. Sin embargo, la tarde de hoy, aunque llena de colores, música y alegría por la juventud de estos universitarios, otra vez no parece invierno. Solo un poco por las nieves que blanquean en las cumbres de Sierra Nevad y por las ramas de los árboles desnudas de hojas. ¿Sabes? Yo pienso que todo sería mucho más completo si hiciera frío y lloviera. A los universitarios, a Granada y al barrio del Albaicín, también les gustaría que el invierno fuera más auténtico.

Por la plaza
del musgo en las piedras
y la fuente sin agua,
tres gorriones libres,
saltan.
Por la tarde
de las sombras claras
y un silencio tan hondo
que habla,
lo más importante,
falta.

23 de enero: plaza de Aliatar

La siguiente y última plaza a los lados de la calle Pages según se baja, es la de Aliatar. La más grande de todas, también rectangular, algo parecida a plaza Larga, empedrada, con asientos a los lados, una fuente y árboles. Se ve, desde esta plaza, toda la ladera de las cuevas, las cumbres de Sierra Nevada, la torre de la iglesia del Salvador y la altura por donde se encuentra el mirador de San Nicolás. ¿A que te suena? Como bien sabes este mirador es a donde acuden muchos de los turistas que visitan Granada y el barrio del Albaicín.

Y también pasa casi igual, con esta plaza de Aliatar. Sobre todo en verano y en estos azules días de invierno. Los turistas, sino todos sí muchos, a la hora de la comida, se concentran en este lugar. Dos o tres restaurantes, al lado de la izquierda, ponen mesas por todo el recinto de la plaza. En ellas se sientan estos turistas y aquí, al aire libre y acompañados por el entorno de las casas del barrio, comen o beben o simplemente toman sus tapas mientras charlan. Es precisamente esta plaza el recinto donde más turistas se concentran. Porque este bonito lugar, junto con plaza Larga, parece que también es lo más atractivo de todo el barrio. Aunque yo creo que no es así del todo.

¿Y ahora, en estos días de invierno? Esta tarde mismo, me la encuentro solitaria. En cuanto pasa la hora de la comida del mediodía, los turistas se marchan y solo queda por aquí los bancos, la fuente, los árboles sin hojas, algunos gorriones y poco más. Y sin duda que verla así agrada mucho más que cuando está atestada de personas. Por eso, esta tarde, por aquí me quedo un rato y respiro el aire, el silencio, el azul del cielo y el paso imperceptible del invierno. Tampoco hoy lo parece a pesar de que ya queda poco para que termine el mes de enero.

A veces me pregunto
el por qué tanta ausencia
en todas estas calles
aunque estén tan llenas.
Y huele a fresco el musgo
por entre las piedras,
el sol brilla purísimo,
el aire amigo besa
mas la tarde toda en sí
es ausencia.

24 de enero: plaza del Salvador A solo veinte metros de la plaza Aliatar, se encuentra la del Salvador. Última plaza por este lado del barrio del Albaicín. Se recoge entre cadenas, empedrada, tres bancos, un magnolio enano y en pequeño estrado. Tres escalones tiene esta plataforma que sirven para acercarse a la puerta de la iglesia. La que da paso al interior del templo del Salvador. ¿Sabías tú que esta iglesia es la más importante del barrio? Pues es cierto. Es la principal iglesia y también se alza justo en el centro del Albaicín Alto. Por eso aquí mismo termina la calle Pages y también la de la Cuesta del Chapiz.

¿Que si en esta plaza hay algo importante que no haya en las otras? Las casas que rodean, al frente de la puerta de la iglesia y las de la izquierda, ni siquiera parecen significativas. Algunas puertas y ventanas, cerradas, sin flores, sin azulejos, sin adornos… Parace que en ninguna de estas casa vive nadie y sin embargo se les ve limpias. ¿Están ocupadas por estudiantes universitarios? Creo que sí porque esta zona es muy atractiva para ellos. Aunque no sea bonita, como se encuentra casi en el centro, es muy cómodo acceder a este lugar. Ahora mismo, mientras la tarde cae, no deja de pasar gente, autobuses, coches, motos, bicicletas…

Y sin embargo, desde esta plaza no se ve Sierra Nevada. Sí se distingue con claridad la ladera de las cuevas y la ermita que corona al cerro. El sol de la tarde le da de lleno y, tanto las paredes de la ermita como la hierba en la ladera, brillan con fuerza. Lo mismo las chumberas y el musgo en el empedrado de la plaza. Como si no fuera invierno, un día más, y otro día menos en el mes de enero. Tan buen tiempo hace que hasta a los estudiantes universitarios ya se les oye comentar sus deseos de ir a la playa. Sobre todo, aquellos venidos de los países del este. Por allí, sí tienen ellos un recio invierno y no como este año nosotros por aquí.

A enero le queda
solo cuatro días.
Dos mañanas de niebla,
una tarde de lluvia
y un poco de hierba
es el invierno
que por aquí deja.
Y sin embargo con él
sí se lleva
lo que pudo ser invierno
y está siendo primavera.

25 de enero: paisajes en el corazón El Albaicín, en su parte alta, en lo que es zona llana entre la ladera de las cuevas y el mirador de San Nicolás, es algo más que un barrio antiguo. Según lo voy recorriendo, cada noche lo sueño y cada mañana lo veo más como un paisaje dentro del corazón. Y aun más lo veo como un puzzle que hay que ir completando, para darle forma a este paisaje.

Porque eso es lo que son cada plaza pequeña, cada calle, cada rincón, que en estos días he ido pisando. Cada trozo de estos es una pieza del puzzle que conforma el hermoso paisaje del Albaicín Alto. Y el corazón lo sabe. Mucho más que los ojos que lo miran y más aun que las hojas de papel que lo explican. Por eso este barrio y, muy concretamente el Albaicín Alto, se recoge tanto en sí. Como si cada metro y cada tarde y mañana y al mediodía, fuera un pequeño intento de meterse más en el corazón de sí mismo. De este modo es como lo sueño cada noche y así es como lo veo y hasta lo gusto en mi interior. Como un paisaje sincero y único que solo aspira a ser auténtico. A ser él mismo y lo más hondo posible en el corazón, que es donde tiene su propia esencia.

Y esto que digo, me lo confirma una vez más, la recogida plaza Charca. Un paisaje más, hermoso y mudo, en el conjunto del puzzle que estoy describiendo. Se llega a esta plaza, desde la iglesia del Salvador, siguiendo la calle que hay por detrás. Y la plaza en sí es un cuadrado casi perfecto, recogido en sí, con una tienda de alimentos naturales y un restaurante. En el lado de abajo, crece un árbol centenario. Hermoso como pocos en este barrio y por eso lo han recogido dentro de un alcorque metálico. Y, en todo los demás, la misma serenidad y misterio que he dicho antes. Y, en esta tarde de enero casi verano, como si todo por aquí estuviera preparado para engrandecer un poco más el paisaje que decía antes.

En el corazón cabe,
además de sueños
y las caricias del aire,
el misterio de este barrio,
el sol, la tarde…
Y un sentimiento puro
tan amable
que en sí lo es todo
hecho paisajes.

26 de enero: plaza Larga
Fue, en otros tiempos, el mismo centro de este barrio. La parte que cae en el llano y se le conoce por el Albaicín Alto. Ahora sigue siendo centro aunque no tanto. Todo ha cambiado un poco y, como hay más rincones parecidos a éste, se ha quedado casi en uno de los lados. Más cerca de la muralla y del mirador de San Nicolás. Pero aun así no ha perdido su importancia ni en cuanto al lugar que ocupa ni a su utilidad ni a su interés para los turistas.

Casi todos los que se acercan a este barrio pasan por esta plaza. O al principio, si suben por la Cuesta Alhacaba o al final, si llegan por otro lado. Y muchas de estas personas acaban sentándose en las mesas que los restaurantes ponen aquí. A la hora de la comida al mediodía, como en la plaza de Aliatar, son muchas las personas que se sientan aquí para comer. Y claro que se come con otro ánimo, sentado en un marco como éste. Por eso hay por el lugar, casi siempre, mucha gente. Sobre todo los fines de semana, en verano y en la época de vacaciones.

La forma de esta plaza es por completo rectangular. Su empedrado es el típico granadino con ladrillos de canto. Cuatro bancos tiene en cada lado y, entre cada uno de ellos, un árbol viejo. Y no hay más. Solo las mesas y las sillas que ponen los restaurantes, las personas que pasan, los niños que juegan, los gorriones que corresponden a esta plaza y la tarde de este día de invierno. Hoy con un poco de frío, sin nubes como en los días pasados y azul el cielo. Tampoco es invierno aunque lo sea.

¿Sabes lo que quisiera
para que la tarde
no fuera
tan soslayada y gris
aunque sin niebla?
Que fuera cierto
mi sueño color de hierba
y que un ángel azul
viniera.
¡Es tanto lo que sobra y falta
en la tarde bella!

1- Desde el Mirador de San Nicolás

Es el balcón de Granada. Desde donde se ve, sino toda la ciudad, sí lo más interesante. La Alhambra al frente, sobre la colina vestida de bosque, la umbría del río Darro, toda tapizada de árboles, el río en sí y el Paseo de los Tristes. A la derecha y por encima de la Alhambra, el Generalife y las cumbres y llanuras de las Mimbres. Y, ya de fondo y a lo lejos, las altas montañas de Sierra Nevada. Este es el cuadro central que se ve desde el Mirador de San Nicolás. Y, aunque en cualquier época del año siempre es el mismo, tiene matices diferentes según sea otoño, invierno o verano.

Pero el cuadro se completa con los paisajes que rebosan por los lados. Desde el mismo mirador, caen las casas para el río Darro. Calles estrechas y empedradas y pequeñas plazas que van configurando el Albaicín Bajo. No se ve todo desde este mirador pero sí mucho y quizá lo mejor. Porque a la derecha y bajando por la ladera hacia Plaza Nueva, el cuadro que se abre es fantástico. Tejados de casas viejas y bellas, calles muy estrechas, jardines y patios ajardinados y así hasta llegar a Plaza Nueva. Río Darro otra vez y comienzo de los bosques de la Alhambra. Y, a partir de aquí, ya se ve toda la ciudad de Granada derramada sobre las tierras llanas de la Vega. Una extensión muy grande que van completando el gran cuadro que se ve desde este mirador.

Y, en las tardes o mañanas del invierno, contemplar este cuadro desde el Mirador de San Nicolás, es una experiencia única. Porque la bruma, la sombra de las nubes, la lluvia, la niebla o los rayos del sol, siempre prestan un matiz casi irreal. Granada y todos estos rincones que he dicho, desde el mirador y en invierno, es como un sueño que hiere y acaricia y a veces hace llorar con la dulzura de un beso.

Quizá por todo esto y por algo más que resulta difícil describir con palabras, es por lo viene a este sitio tanta gente. A todas horas y casi todos los días del año. Turistas extranjeros, españoles o granadinos. Como si fuera cierto que recorrer Granada y no observarla desde el Mirador de San Nicolás, es perderse lo mejor. Y lo creo. Es un cuadro único el que desde aquí se ve y, en las tardes o mañanas de invierno, sin comparación con ninguna otra cosa en este mundo.

Las personas que vienen a este lugar, a veces, se sientan y observan sin prisa. Dejando que pase la mañana, el mediodía, la tarde… descubriendo lentamente cada trozo y matiz del cuadro que desde aquí se ve. Y, ahora en invierno, cuando las nubes revolotean sobre la lejanía de las cumbres nevadas y sobre la colina de la alhambra, las personas se quedan embelesadas. Mirando y mirando como si quieran penetrar cada pincelada de belleza que el grandioso cuadro les brinda. Y esto es algo muy interesante. Porque Granada entera y mucho más este mirador de San Nicolás, merece ser observada y meditada serenamente y sin prisas.

Y esto es lo que, en estas frías tardes de invierno, hago. Me vengo a este lugar y sin prisa, por aquí me quedo mirando. A los árboles que por estos días han podado, a los turistas que llegan y hace fotos, a los paisajes llenos de los más extraños tonos y a la ciudad extendida en la Vega. Y espero, como otras muchas personas, a que se ponga el sol. Porque además de todo lo dicho, las puestas de sol desde este mirador, sí son realmente únicas. Llenas de unos colores que no tienen igual y más cuando en el cielo hay nubes. Por eso lo he dicho y lo repito: las puestas de sol de Granada son bellas como en ningún otro lugar del mundo. Pero las puestas de sol, observadas desde el Mirador de San Nicolás, son pura fantasía. Tan espectaculares que merece la pena perder el tiempo mirando y meditando el más bello de todos los cuadros jamás pintado por humano.

2- Romería al Sacromonte, fiesta de invierno

En el primer domingo de febrero es cuando tiene lugar esta fiesta. San Cecilio es el copatrón de Granada y, en su honor, todos los años hay una romería a la Abadía del Sacromente. Edificio sobre las laderas del río Darro, cara al sol del mediodía y por donde no hay casa ni caminos.

De uno de los cuadernos del Anciano del cortijo del Laurel, amigo de la niña del Cortijo de la Viña y mío, rescato y pongo aquí lo que él escribió, hace unos años, de esta fiesta de inverno en Granada:

“Desde la ermita de San Miguel Alto, a media altura entre el río y la cumbre del cerro, va una vereda hasta la misma Abadía del Sacromonte. Ayer fue San Cecilio aquí en Granada, patrón de esta ciudad y la gente lo celebró. Como todos los años por estas fechas las personas que viven en esta ciudad celebran esta, para ellos, bonita fiesta. Y lo celebran a su modo como pasa en casi todas las ciudades y pueblos del mundo. Es para ellos esta fiesta como una romería un poco distinta a como son las romerías en otros sitios. Porque lo que hacen es irse andando al rincón de la Abadía del Sacromonte y por ahí se pasan el día comiendo tortillas, habas verdes, tortas grandes que por aquí le llaman “Jayuyas”, roscos de vino o de garbanzos y otras cosas más o menos típicas de estos lugares. Montan un tablao flamenco por debajo de la vieja abadía y durante la mañana ahí bailan grupos de muchachas jóvenes y en otros rincones, como en el barranco de los Negros, hay cante flamenco, paella y estas cosas. Lo propio de estas romerías en los pueblos y ciudades. Es como un día de campo aprovechando que por estas fechas ya la naturaleza está verde y como por esta zona hay pinares, encinares, tomillares y otra vegetación, gozan de las bellezas naturales al tiempo que se pasan un bonito día en contacto con la naturaleza entre los amigos o familiares.

Sinombre y yo ayer fuimos a dar una vuelta por el rincón, que ya conocemos, pero no con el ambiente de estas fiestas. Entramos siguiendo el trazado de la Verea de En medio que va desde el barrio del Albaicín y se mete hasta los barrancos de los Naranjos y los Negros por donde las cuevas y los tablaos flamencos. La gente subía por el camino del Sacromonte, por esta Verea de En medio y otras calles. Todos los caminos y calles se veían atestadas de personas camino del rincón de la Abadía. Bebimos en la fuente de la Amapola que ya conoces porque te lo hemos dicho otras veces y seguimos por este trazado un poco más. Cruzamos un primer barranco y en el segundo nos venimos hondonada arriba siguiendo un camino empedrado que por ahí han arreglado y entramos a un recinto especial. En un pequeño folleto que nos dieron al entrar al pudimos leer: “El Centro de Interpretación del Sacromonte es un instrumento para dar a conocer la cultura, la naturaleza y la historia de este singular barrio. En él hay un Museo Etnográfico en el que se recrea la vida en las cuevas y los oficios tradicionales y un Aula de Naturaleza con rutas sobre el medio ambiente, geología, botánica, clima y paisaje. La visita puede durar una hora pero se puede permanecer en el recinto todo el tiempo que se quiera.” Un grupo de jóvenes de aquí de Granada han acondicionado este barranco y se lo muestran a los turistas para que se hagan una idea de las cosas de esta misteriosa ciudad. Y lo que dentro de este recinto se puede ver son varias cuevas perfectamente acondicionadas ocupada cada una con algo diferente: vivienda, cuadra para mulos, caballos y burros, cestería, cocina, cerámica, fragua, telar, esparto, mimbre, sala de exposiciones, tablao flamenco al aire libre, asientos sobre la ladera de la montaña para saborear estos espectáculos, algo de jardín botánico, algo de huerto, barra donde se pueden saborear exquisitas paellas, chorizos, morcillas, migas y otros platos propios de estas tierras. Hay una pequeña fuente donde se puede beber y varias especies de plantas aromáticas y que se dan por la Dehesa del Sacromonte. También y, junto al tablao flamenco, se ve una pareja de burros para que los turistas los alquilen y se den un paseo por el recito. Propiamente son los niños los que disfrutas de estos animales.

Sinombre y yo estuvimos un ratico por este singular rincón y visitamos varias cuevas, nos comimos un pequeño plato de paella, porque nos invitaron, saludamos a los dos burros que ahí estaban los pobres amarrados esperando que llegaran los turistas para alquilarlos y una niña guapa, cuando me vio con Sinombre, me dijo:
- Déjame que me dé un paseo sobre el lomo de este burrito tuyo.
Sentí contrariarla porque a los niños siempre hay que tratarlos con amor. Pero le dije:
- Este burro no se alquila ni pasea a turistas. Es un borriquillo especial.
- Es lo que te iba a decir que es un burro precioso. ¿Me dejas que me haga una foto con él?
- Tampoco este burro se hace fotos con nadie. Ni siquiera conmigo. Si quieres te hago una foto con algunos de esos dos que están ahí amarrados esperando que alguien los alquile para darse un paseo.
- ¡Pues vale! Si no me puedo hacer una foto con tu burro especial me la haces con uno de estos dos que también son pipiretos. Pero luego te voy a preguntar una cosa.
Y la niña se puso abrazando el hocico de unos de los dos burros que alquilan a los turistas para que le hiciera la foto. Se la enseñé y le moló, como se dice ahora. Luego me preguntó:
- ¿Quién se puede pasear entonces en este burro tuyo?
- Solo yo alguna vez que otra y una amiga que tenemos nosotros dos. Nadie más se pasea ni se hace fotos con este amigo. Lo siento por ti porque eres una niña muy guapa.
- ¡Pues qué suerte tiene esa amiga vuestra! Me gustaría conocerla pero por si no la veo nunca dile que es muy afortunada. Nadie en el mundo tiene un burro tan mágico como este tuyo. Así que un besito para los dos y gracias por la foto. ¡Adiós adonis pipireto!
Y la niña se fue con sus padres. Sinombre le dio un beso a su manera y yo lo vi. Ella no se dio cuenta pero yo sí me di cuenta que Sinombre se sintió orgulloso de tenerme por amigo y lo mismo de tenerte a ti por amiga. Me lo dijo mientras nos retirábamos del rincón subiendo por la senda que va surcando la ladera dirección a la abadía de Sacromonte. También me dijo: “¡Qué pena me dan esos pobres burros! Ahí vestidos con esos cordones, aparejos, jáquimas y demás solo para que algún turista se fije en ellos y pague una moneda por darse un paseo sobre su lomo. Me da pena.” Le digo a Sinombre:
- Lo mismo opino pero ya ves cómo son las cosas en este mundo. Las personas se mueven casi exclusivamente por el interés del dinero y les importa poco que un pobre borriquillo esté ahí todo el día amarrado a un palo con tal de ganar dinero. Dicen que son amantes de la naturaleza y de los animales pero luego la realidad es la que es. Nuestro aprecio por estos de tu especie pero con suerte muy distinta a la tuya. No se merecen lo que están viviendo pero ¿qué podemos hacer nosotros?

Remontamos por la ladera del Barranco de los Negros y por debajo de los pinos cogemos la senda. Es una preciosa senda tallada en la pura tierra de la solana que avanza saltando de un barranco a otro casi por la misma curva de nivel hasta encajarse en el edificio del Sacromonte. Cuatro son los barrancos y nosotros los recorremos desde el menor al mayor. El primero queda más pegado a la muralla y cerca de la Fuente de la Amapola, el que le sigue es el de los Naranjos, el que viene a continuación es del de los Negros y el mayor de todos que es el Barranco del Sacromonte. Éste es al más largo y hondo y vamos desde el barranco de los Negros al del Sacromonte. En cuanto se atraviesa esta depresión, que también tiene un arroyo pronunciado, al remontar la ladera queda el gran edificio de la abadía. Mientras recorremos la angosta senda, del barranco de los Negros al del Sacromonte, te recordamos porque el día tiene cara de bueno. Con un sol espléndido, una temperatura agradable y con el campo vestido con todos los tonos frescos. Y mientras recorremos esta senda vamos gozando de una panorámica única. Por nuestra derecha nos va quedando la gran hondonada por donde discurre el río Darro y al otro lado nos saluda la grandiosa umbría de la Dehesa del Generalife. Se ven personas por todos sitios. Subiendo por el camino del Sacromonte con sus mochilas, sus gorras, sus bastones y niños que corren y gritan. Suben a la abadía. Se ven personas por las laderas que recorremos a la sombra bajo los pinos, sentados sobre la hierba, asomados al valle del río y también yendo o viniendo como nosotros. Casi a los pies nuestros y en lo hondo vamos viendo el tablao flamenco que han montado en el rincón del Barranco de los Negro. Mientras avanzamos por la senda gozamos de los sonidos de las guitarras y de los cantos de la muchacha joven que entona fandangos, soleares y otros palos flamencos. Resulta agradable y curioso este singular espectáculo y en un marco como el que nos regala la mañana y el paisaje. Te recordamos porque como nos gusta lo que estamos recorriendo, viendo y oyendo, creemos que también a ti te podría encantarse. No se goza esto todos los días ni en cualquier lugar del mundo. Y ya sabes: esta vida y las cosas que esta vida regala, si no se comparte con los amigos, todo queda sin valor. Como si esta vida y las cosas que esta vida regala no tuvieran sentido cuando no se pueden compartir con alguien. Por eso te necesitamos en estos momentos, en este marco y en este singular día”.

3- Las flores de los almendros

Mucho antes de que acabe el invierno florecen los almendros. Y, en Granada, este espectáculo es único. Quien no lo conozca y lo viva también se pierde unas de las cosas más bellas en esta ciudad. Por eso, el otro día, viendo que ya han florecido algunos de estos árboles, me acordé de los cuadernos del Anciano del cortijo del Laurel. El amigo de la niña, mío y del borriquillo Sinombre. En unas de las páginas de estos cuadernos, dejó escrito lo siguiente:

“No tardarán mucho, Sinombre, en florecer los almendros. Por eso la niña nuestra me decía el otro día:
- Gelena, una de mis tres tan buenas amigas, me ha preguntado varias veces que cuando florecerán los almendros. Ella lo está esperando porque allí en su tierra no crecen estos árboles. Y, como ahora vive en esta tierra nuestra, quiere verlos florecidos. ¿La llevaremos nosotros algún día a nuestros almendros para que disfrute de este espectáculo?
Tampoco le respondí a nuestra niña. Y no lo hice por dos cosas: donde vive ahora Gelena y sus dos amigas, hay almendros. Justo por detrás del edificio viejo de la cartuja. Desde su ventana pueden verlos y oler sus flores. ¿No te acuerdas del año pasado y el anterior? Siempre que te llevaba por estos sitios nos lo pasábamos bien jugando con las flores de los almendros. ¿A que recuerdas aquel día de la lluvia de pétalos y tú retozando como un díscolo pollinillo? ¡Qué momentos! Y muchas veces nos encontrábamos con algún niño que te miraba y quería venirse contigo. También encontrábamos personas mayores paseando perros pero estos no eran tan divertidos. Pero los niños y las personas mayores y los perros urbanícolas se entretenían mucho corriendo por la hierba y con la floración de los almendros. Por eso a ellos les gustaba y les sigue gustando mucho venir a pasearse por aquí. Para verlos, coger sus flores y olerlas y luego llevárselas en sus manos como recuerdos. ¡Cuánto les gusta a los niños, a las personas mayores, a los perros y a ti, ver las flores blancas y frescas de los almendros! Lo mismo que a Gelena y a Valeria y por eso se lo han dicho a la niña nuestra. ¿Qué haremos nosotros, este año y en esta primavera, para que ellas vivan una bonita experiencia y cuando se vayan, nos recuerden alguna vez entre flores?

Te decía que también tienen ellas almendros por el lado de arriba de su residencia. Por ese sitio que nosotros llamamos “El Puntal de los Almendros.” Es uno de los rincones que nos pertenecen y por donde, en ocasiones, nos vamos. Por este puntal ¿te acuerdes? También hace dos año jugábamos. Cuando teníamos a la Princesa y creíamos en aquellos sueños. ¿A que ahora lo recuerdas? Pues eso: que dentro de unos días ya verás tú cuantas flores cuelgan de las ramas de estos árboles. Estamos en febrero, ya casi en la mitad, y esto es como decir que la primavera llega. ¡La primavera…! ¿Qué nos traerá este año? Pero almendros, para disfrutarlos cubiertos de flores de colores, también hay en muchos rincones de Granada. Por el Sacromonte y el barrio del Albaicín, por el río Genil, por Güejar Sierra, por muchas laderas de Sierra Nevada y las Alpujarras y por el Cerro de la Viña y por las tierras de nuestro cortijo. Por todos estos lugares crecen bien los almendros y por más territorios aun. Así que a Gelena y a Valeria ¿a dónde crees tú que debiéramos llevarlas para que vean la florescencia de los almendros? Yo no lo tengo claro y por eso no le respondí a la niña cuando me preguntó. Porque tampoco sé cual sería la manera más correcta y luminosa de enseñarles estas cosas a ellas. Son personas muy sensibles, ya te lo dije, a la belleza. Y esto hay que tenerlo en cuenta para ayudarles a crecer en lo bueno y despertarle el gusto por las flores y la hierba”.

Esencias relajantes
de colores frescos
que en las mañanas tibias
del invierno,
se mecen en el aire
regalando besos.

Así son las flores
de los almendros
que florecen en Granada
cada invierno.

Esencias que alimentan
a los sueños
y dejan en el alma
blancos deseos.

Flores inmaculadas,
trozos de cielo,
pequeñas pinceladas
de Dios y lo eterno
que en las tibias mañanas
del invierno
se mecen en el aire
cual limpios besos.

4- Atardeceres en el invierno de Granada

Frente a la honda belleza

Cuando las tardes en Granada
caen por el horizonte
de la Vega ancha,
cuando las nubes se tornan
en vivas llamas
y al fondo el azul del cielo
parece derrama
ríos de hondo misterio,
asombrada mira el alma
y eleva una oración al cielo
recogida en si y calla.

Cuando en las horas de invierno
el sol se apaga
allá por la lejanía
de las montañas,
cuando roza suave el viento
acariciando la cara
y de los jardines brotan
esencias blancas,
también el corazón se asombra
y se acurruca en la clara
belleza honda y purísima
del atardecer en Granada.

Dicen que no hay en el mundo
luces más diáfanas
ni colores más profundos
ni lejanías más nachas
ni sensaciones más puras
que las que manan
de los atardeceres serenos
en Granada.

Y es cierto que al caer las tardes,
el cielo en ascuas,
por donde se marcha el río
que baja de Sierra Nevada,
se abre como en abanico
y se desangra.
Son los atardeceres
que tanto encantan
y tanto animan a rezar
y a dar las gracias.

Pero un días detrás de otro
¿sabes qué pasa
en los atardeceres que lloran
y a la vez proclaman
las fantasías más bellas?
Que en la misteriosa luz de las tardes
siempre faltas.
Por eso el alma amiga
reza, espera y calla
frente a la honda belleza
del atardecer en Granada.

Invierno-3

15 de marzo: desde el Carmen Max Mureau No todos los inviernos, desde que es esta ciudad, han sido como los de este año. Y el invierno de este año que acaba dentro de unos días, ha sido muy seco. No ha llovido casi nada, tampoco ha nevado ni ha hecho frío. Y la mayoría de los días el cielo ha estado sin nubes. Ante de tiempo han florecido los almendros, algunos rosales, los lirios y otras muchas plantas. Como si se hubieran equivocado de fecha. ¿Por qué ha sucedido esto? Por lo que decía antes: este invierno que acaba, más bien ha parecido verano o quizá una primavera un tanto especial.

Sin embargo, esta tarde ya mediado de marzo, cuanto las cosas desde un sitio muy especial. ¿Desde dónde? Desde un pequeño rincón en un gran carmen, en la ladera sur del barrio del Albaicín. Se le conoce a este sitio por el Carmen de Max Mureau. Un antiguo pintor, músico, escritor que vivió en este sitio durante un tiempo. Desde aquí hoy quiero empezar a despedir el invierno de Granada. El de este año, que ya he dicho no se parece casi en nada a otros que también conozco.
¿Y qué hay aquí de especial? Se ve, sobre la loma y a otro lado del río Darro, la Alhambra, Sierra Nevada, las nubes blancas que esta tarde coronan y el azul del cielo. Se oye el airecillo pasar, al quebrarse entre las ramas de dos viejos cipreses y acompañan los cantos de algunos pajarillos. Hasta el arrullo de una tórtola y el piar de una curruca. Por lo demás, tanto silencio que parece que esto no fuera ciudad. Así que lugar ideal para ir despidiendo el invierno especial que este año ha pasado por Granada.


16 de marzo: desde la plaza de San Nicolás Hoy es ya Domingo de Ramos. Este año, la Semana Santa, se ha adelantado mucho. Antes de que acabe el invierno, ha llegado. Pero hoy sigue sin ser invierno aunque lo sea.

Desde la plaza de San Nicolás, unos metros al poniente del famoso mirador, observo y no veo al invierno. Al caer la tarde, seis y media, el sol luce como un buen día de verano. Y hace calor pero es invierno todavía aunque parezca primavera. Los árboles que hay en esta plaza ya tienen flores. Cuajados están, como si esta noche la mayor de todas las primaveras, los hubiera vestido con los ramos más bellos. Morados como los trajes de los nazarenos que, ahora mismo, van por las calles de Granada dando la bienvenida a la Semana Santa.

Desde esta misma plaza, cuadrada, en lo más alto del barrio del Albaicín y hermosamente empedrada, hasta se oye la música de las procesiones. Por eso muchas personas van ahora mismo por las estrechas calles de este barrio hacia el centro. Pero aquí mismo todo está solitario. Nada más que unos gorriones, un mirlo negro que canta parado en las ramas de tercer árbol, las flores que ya he dicho y lo demás silencio. El cielo azul, al fondo la silueta de la Alhambra, Sierra Nevada más al fondo, con su buena capa de nieve y el sol de la tarde. Un invierno extraño, el de este año en Granada. Pero así ha sido y así lo cuento.

17 de marzo: desde el Carmen de la Atarazan

La tarde de hoy sí que parece algo más de invierno. Las temperaturas han bajado, se ha nublado mucho, el viento es fresco y hasta parece que puede llover. Una tarde, almenos bonita, para empezar a poner punto y final a esta estación del año.

Y el recinto desde donde voy despidiendo esta tarde de invierno, no puede ser más original. Uno de los cármenes más bellos, en el mismo corazón del Albaicín Alto. ¿Su nombre? Carme de la Atarazana. De propiedad privada, con un hermoso jardín, varias fuentes con agua, higueras, naranjos y flores, muchas flores. Aunque todavía no sea primavera.

¿Que dónde se encuentra este carmen tan alzado sobre la ciudad de Granada? Justo a doscientos metros del Mirador de San Nicolás, por el lado de debajo de la plaza con el mismo nombre y antes de la plaza de las Azucenas. Desde fuera, por las calles que le rodean, muy poco se ve. Solo los árboles rebosando por encima de las tapias, palmeras, cipreses y los pajarillos que entre esta vegetación revolotea y vive.

Por eso, en esta tarde especial de Semana Santa, por entre la fronda de este carmen, hasta el tiempo parece otra cosa. Se oye el rumor del agua de las fuentes, los trinos de algún canario y mirlo, el gorgojeo de los gorriones y lo demás silencio. Al frente resalta la Alambra, sobre su trono verde y al fondo, la ciudad de Granada. En el centro de este cuadro, la torre de la catedral. Se oyen las campanas. Es Semana Santa y las procesiones llenan las calles. Así que lo dicho: una tarde bella y clara con un especial de invierno.


18 de marzo: placeta de las minas

Pocas personas, aquí en Granada, saben dónde se encuentra. Es tan chica, tan recogida en sí, tan poca cosa aun dentro del lugar que ocupa, que hasta en los planos es difícil encontrarla. Y, sin embargo, el sitio en sí, es de los más importantes dentro de este barrio del albaicín. ¿Que dónde se encuentra? Justo al terminar la calle María de la Miel y por donde se remonta al pasar el Arco de las Pesas. Pero ya digo: ni siquiera es placeta sino un trozo de calle, algo ancha y empedrada. Y este sitio es justo lo más alto del cerro donde se asienta el Albaicín. Mucho más alto que el Mirador de San Nicolás.

Por aquí pasan los turistas, en busca del mirador y a otros rincones del barrio y nadie se para. Tampoco nadie cae en la cuenta del tesoro que aquí mismo hay. Por el lado del sol de la tarde, y ocupando lo más elevado del cerro, se alza un carmen. Inmenso y cerrado casi como una cárcel. Los grandes árboles se ven desde fuera y dicen que son los más gruesos y viejos de todo el Albaicín. El Carmen de los Cipreses, es su nombre y, como es privado, nadie lo conoce por dentro. Solo sus dueños y algunos vecinos que viven en las casas que rodean. Son todas viviendas familiares de los dueños de este carmen.

Por donde esta plaza, frente al carmen que he dicho y frente al sol de la tarde, trazo una pincelada más de este invierno en Granada. Hoy es menos invierno que ayer porque ni siquiera hay nubes pero sí hace fresco. Es martes de Semana Santa y los turistas no dejan de pasar por esta plaza. Suena la música de un acordeón en la Puerta de las Pesas y se pone el sol. Una pena no poder ver, para describir y fotografiar, este fantástico carmen por dentro.

19 de marzo: desde la plaza de las Azucenas Algunos dicen que este año está loco del remate. Ayer fue un día de sol espléndido y de un azul de cielo intenso. Hoy por completo está nublado y hace frío. A cuatro grados llegaron las mínimas esta mañana y, esta tarde, miércoles santo y con las procesiones por las calles, sigue haciendo frío y las nubes son densas y negras. Vienen del poniente. Por eso, según las tarde va cayendo, las nubes se concentran y son cada vez más oscuras. Puede que el invierno acabe con lluvia y frío.

Desde la plaza de las Azucenas, ya más cerca de donde daré por concluido el invierno, la tarde tiene un misterio especial. Gran silencio, nada de viento, empiezan a caer algunas gotas y, a lo lejos, se oyen los tambores de los pasos de Semana Santa. Y aquí mismo, el Monasterio de Santa Isabel la Real. Todo cerrado, tejados muy viejos y hace solo unos minutos se ha oído una campana. Es día de Semana Santa y las monjas, no muchas ni jóvenes, se han llamado para rezar. Y como todo se cubre con verdadera cara de invierno, la tarde no puede tener más misterio.

¿Y la plaza? Muy grande, casi cuadrada, con flores, árboles jóvenes, algunas personas sentadas y esperando no se sabe qué, y lo demás, como en los brazos del clima especial que ya he comentado. Quizá llueva esta noche y hasta puede que sobre las cumbres de Sierra Nevada, nieve. Se estropeará el ambiente de Semana Santa pero el tiempo es así: a veces parece primavera cuando no corresponde y otras veces es invierno cuando no debe.


20 de marzo: desde plaza de San Miguel Bajo Sin embargo, hoy sí ha sido un verdadero día de invierno. Quizá el día más completo de todos los que han quedado atrás. A media mañana, se nubló mucho. Crujieron algunos truenos y, a la media hora, ya estaba lloviendo. No muy fuerte pero sí lo suficiente para que enseguida se lavara el asfalto y el agua corriera. Por los bordes de las calles del Albaicín y por entre las piedras. ¡Qué bonito! Granda bajo la lluvia, con las calles mojadas y con niebla, no tiene comparación con nada sobre esta tierra.

Y la lluvia ha caído durante toda la mañana, al mediodía y hasta casi a las seis de la tarde. Desde la plaza de San Miguel Bajo, la tarde de este día, ha sido preciosa. Y más lo ha sido porque justo hoy y de esta iglesia, salía una de las procesiones de Semana Santa: la Aurora. Su hora de salida era a las seis y media pero la han retrasado esperando que amainara la lluvia. Y ha dejado de llover justo a las seis y cuarto de la tarde. A las seis y media ha salido el sol y a las siete, solo algunas nubes había en el cielo. ¡Una belleza!

Porque la procesión de la Aurora ha salido justo a la siete de la tarde. Toda la plaza estaba repleta de gente y, aunque hacía frío, no llovía sino que todo el cielo se mostraba radiante. Un día realmente mágico y una tarde mucho más. Para ir poniendo punto y final al invierno en Granada este año.


21 de marzo: desde el Mirador de la Lona

Ya voy a dar por finalizado este relato de “el invierno en Granada”. Justo a las cinco y media de la tarde y desde el mismo mirador de la Lona. Una vista indescriptible es lo que se divisa desde aquí, de una gran parte de Granada. Y esta tarde, a diferencia de la de ayer, ni llueve ni hace frío. Luce un sol magnífico y sí corre un poco de viento. Al fondo se ve la ciudad, la calle ancha del bulevar y justo ahora mismo una procesión la recorre. Es la de los Ferroviarios. Más allá de la ciudad, la ancha vega por donde algunas nubes cuelgan y por donde, una vez más, veré ponerse el sol. Siempre es distinta la belleza de cualquier puesta de sol en Granada.

Este Mirador de la Lona hoy está más solo que otros días. Es Viernes Santo y la gente o se concentra en las procesiones o se han ido de la ciudad. Aunque hoy, por el fresco airecillo que corre, no agrada mucho la playa. Pero a este mirador, unos detrás de otros, no dejan de llegar personas. Algunos se paran, hace fotos, miran durante unos minutos y luego se van. Es como el punto y final del barrio del Albaicín por este lado. Ya lo que cae se le conoce con el nombre de Zenete, calle Elvira y Gran Vía de Colón. Y a los lados, izquierda y derecha del mirador, calle Alhacaba y dirección a Puerta Nueva. Así que el Mirador de la Lona es punto muy significativo en la ciudad de Granada.

Pero ya concluyo hoy aquí el invierno. El que no ha sido como yo había esperado ni lo que debiera. Poco ha llovido y por eso ni los ríos tienen agua ni los embalses ni las plantas se ven con mucha vida. Pero así es el clima. Y los humanos poco podemos hacer para cambiarlo. Ya la primavera comienza. Y este año en Granada es justo al terminar la Semana Santa. Ojalá y la primavera sí sea mejor que el invierno. ¿Sabes? Esta mañana temprano he oído el canto de un cuco. Y en Granada, cuando este ave hace acto de presencia, es porque la primavera ha llegado. La realidad de la naturaleza que tiene su ritmo y a su modo se comporta. Así que pongo punto y final. Solo he pretendido dejar recogido un trozo del tiempo a su paso por esta ciudad. Y lo he hecho a mi modo y desde la sinceridad más limpia. Por eso, al menos a mí, me ha servido para explicarme un poco mejor la vida y las cosas. Puede que esto quede escrito para siempre. Y hasta puede que sirva para algo. Doy gracias al cielo y espero que Él me bendiga.

viernes 30 de noviembre de 2007

otoño-1

El otoño en Granada-1
Un especial regalo de Navidad 2007
Índice:
17 de noviembre: preámbulo
18 de noviembre: la presencia del otoño
19 de noviembre: han sido escasas las lluvias
20 de noviembre: las primeras nieves en Sierra Nevada
21 de noviembre: hermana lluvia de otoño
22 de noviembre: nieblas de otoño
23 de noviembre: los madroños también son frutos de otoño
24 de noviembre: la torre de la catedral de Granada
25 de noviembre: los granados en el otoño de Granada
26 de noviembre: los olivos también son otoño
27 de noviembre: los colores de la cornicabra
28 de noviembre: la nieve y la Navidad
29 de noviembre: limoneros en el otoño de Granada
30 de noviembre: los álamos del camino
1 de diciembre: las castañas, colores y olores del otoño
2 de diciembre: en el musgo, el otoño concentrado
3 de diciembre: la flor del otoño
4 de diciembre: la encina y el castaño
5 de diciembre: los frutos de la encina también son otoño
6 de diciembre: inexorable avanza el tiempo
7 de diciembre: las setas del pinar de la umbría
8 de diciembre: desde el Carmen de la Victoria
9 de diciembre: tarde de otoño por Granada
10 de diciembre: el otoño en los jardines de Granada
11 de diciembre: tarde por el Carmen de los Mártires
12 de diciembre: atardecer en el otoño de Granada
13 de diciembre: desde Plaza Nueva
14 de diciembre: Iluminación de Navidad en Granada
15 de diciembre: haces faltas, te necesitamos
16 de diciembre: dueles en el aire que en la tarde besa
17 de diciembre: el viejo granado del corazón de Granada
18 de diciembre: puede nevar cuando el otoño se marcha
19 de diciembre: el viento de otoño
20 de diciembre: desde el Puntal de los Almendros
21 de diciembre: punto y final del otoño
22 de diciembre: niebla por los bosques
23 de diciembre: la felicitación de Navidad
24 de diciembre: la noche ya llega
25 de diciembre: nuestro árbol de Navidad
26 de diciembre: adiós al otoño y, para ti, un abrazo

17 de noviembre: preámbulo
Hoy es sábado y, en el Cortijo de la Viña, parece fiesta. ¿Sabes por qué? La niña amiga no tiene colegio, Sinombre, el borriquillo de plata, come hierba por la ladera, la madre es feliz en sus cosas y los que trabajan en la huerta, recogen los últimos frutos del otoño. Son muchos y buenos pero tienen tiempo porque ni llueve ni los fríos llegan. Sentado en la sala del cortijo, con mi cuaderno entre las manos, miro por la venta y medito mientras escribo algo. Te recordamos mucho desde que te fuiste. Tanto que hace un rato, la niña princesa se ha acercado a mí y me ha preguntado:
- Ya ves que silencioso y a la vez que potente el otoño va pasando. ¡Si estuviera ella qué alegría para nosotros! ¿Qué podríamos hacer para regalarle estos días nuestros y los colores que el otoño por aquí anda dejando?

He mirado a la niña, pensando en ti y he dejado que pase un rato. Me he acordado de la Navidad. Pronto también llegará y sí que sería un buen momento para ofrecerte un especial regalo. Le he respondido:
- Sé que podríamos hacer algo para regalarle todo lo que por aquí nos viene el otoño regalando. ¿Qué se te ocurre a ti?
- Como siempre, el corazón lo tengo lleno pero no sé cómo contarlo. Presiento que la Navidad se acerca y, como el otoño deja por aquí y por Granada tantas cosas bellas ¿qué te parece si le hacemos fotos los colores y olores del otoño y lo escribimos en tu cuaderno y luego se lo regalamos?
- Creo que sería un gran regalo y, de paso, la recordamos mientras recorremos los sitios que estamos comentando.

Y después de esto, la niña se ha ido a su habitación. ¿Recuerdas tú este rincón de ella? Yo he seguido mirando por la ventana y me detengo en la figura del borriquillo Sinombre. Sigue comiendo hierba por la ladera. Por donde ya las nogueras van entregando sus hojas al otoño. Y, mientras medito, me digo que sí. Es una buena idea que hagamos lo que la niña me acaba de comentar. El otoño, por aquí en Granada, es tan especial y tiene tanta majestad, que será un gran regalo de parte de nosotros para ti. Y sé que me gustará mucho y haré muy feliz a la niña, si lo recojo en fotos y lo dejo escrito en mi cuaderno.

Lleno tenemos el corazón
y vestidos de otoño los campos,
es honda la soledad
que por aquí has dejado.
Se acerca la Navidad
y no te olvidamos.
No estás y deberías
pero nosotros vamos
a confeccionar para ti
el mejor regalo.

18 de noviembre: la presencia del otoño

Es verdad lo que me decía la niña ayer: ya el otoño está avanzado. Amanece esta mañana, toda azul, con frío de escarcha y el aire quieto. Como si se hubiera parado el tiempo en espera de una llegada. ¿Quién tendría que venir? Eres tú pero, entre ti y este otoño de Granada, parece que solo hubiera distancia. Si embargo, el otoño está aquí y lento pasa. Lo descubro ahora mismo, vestido de mañana gris, azul fría, callado… Acurrucado en sí y preñado de lejanías y de ti. Faltas y eso es lo que más se percibe en la mañana. También esto, a cada momento, me lo repite la niña. ¡Te quiere ella tanto!

¿Sabes? Granada es la misma pero, en esta fría mañana de otoño avanzando, parece otra. Los naranjos ya tienen sus naranjas gordas y repletas de colores. Lo mismo los granados y los caquis. Y sin embargo, los álamos, los alerces y los robles, ya están casi desnudos de hojas. El otoño los ha rociado de colores y luego, poco a poco, los ha ido dejando pelados. Igual que le pasa a las viñas y a las parras. Por eso ahora, Granada y sus alrededores, presentan una cara nueva. Como si estuviera engalanándose para una importante fiestas. Como si estuviera llamando a un encuentro de serenidad y belleza.

Y es cierto: yo lo percibo claramente esta mañana. El otoño va lentamente preparando la llegada del invierno. Y por eso ya hace frío por las noches, el cielo es muy azul en la mañana, brilla con intensidad la hierba y el aire, al amanecer, se muestra quieto. ¿Sabes? La Navidad se acerca. Dentro solo de unos días llega. Y yo quiero, la niña también y todos los del Cortijo de la Viña, para estas fiestas, regalarte un mensaje nuevo, sencillo y bello. Todos por aquí lo necesitamos y creo que tú también. Y por eso esta mañana, todo cuanto por aquí rodea, se presenta con este color. El corazón presiente que la Navidad se acerca.

Mañana azul
de otoño frío
que grita y besa
como frágil niño.

Te recordamos
y quisiéramos
que sintieras con nosotros
la belleza
que, en la mañana fría,
el otoño entrega.

19 de noviembre: han sido escasas las lluvias

En lo que llevamos de otoño, ya casi dos meses, la lluvia ha sido poca. Casi nada. Solo en los meses de septiembre y octubre, hubo algo de lluvia. Se presentaron algunas nubes y llovió torrencialmente durante algunas horas. Después de esto, las lluvias dejaron de caer y así ha continuado el tiempo hasta hoy mismo. Así que este año, aquí en Granada, está viniendo un otoño muy seco. Apenas la tierra se mojó superficialmente y, como el sol ha seguido calentando, todo el terreno se ha ido quedando seco. ¡Una pena! Es lo que dicen los hombres del campo y también los del Cortijo de la Viña y los de las tierras de la Vega de Granada.

Si embargo, a pesar de esta sequía que te estoy diciendo, la hierba sí ha nacido. Brotó a los pocos días de las primeras lluvias y aun se mantiene viva. Verde musgo y fresca pero con poca fuera y algo raquítica. Casi lo justo para saber que es otoño y también lo justo para que broten los cereales. Porque ¿sabes? en el Cortijo de la Viña, al norte de la ciudad de Granada, el campo y la vida en él, es lo primero. Ya están sembrados los cereales, trigo, cebada, avena, centeno… Lo hicieron nada más caer aquellas primeras lluvias. Y las semillas germinaron. Pero como luego después las lluvias han sido escasas a lo largo de los días otoñales, los cereales brotados casi se están secando.

Pero el otoño tiene su identidad propia en estas tierras de Granada. En las montañas, cortijos en las tierras bajas y también en las huertas de la vega. Y, entre otras muchas cosas curiosas y hermosas del otoño, están las puestas de sol. Son únicas, observadas desde cualquier rincón de la ciudad de Granada, desde los miradores que le coronan y desde la cumbre del Cerro de la Viña. Tú no pudiste disfrutar de este espectáculo, el año pasado ni tampoco podrás hacerlo este año. Y esto sí que es una pena. Por eso quiero contártelo. Es necesario que conozcas todos los matices, colores y olores del otoño de Granada.

El otoño en Granada
es soledad azul
que besa y llama,
eres tú
que faltas.
Y también es silencio
de fría plata,
voz amiga
que en el alma,
al caer las tardes,
hiere y mata.

20 de noviembre: las primeras nieves en Sierra Nevada

Sin embargo, sobre las cumbres de Sierra Nevada, ya han caído las primeras nieves. No mucha pero sí lo suficiente para que blanquee desde la distancia. Sabes que se ven claramente desde las ventanas del Cortijo de la Viña y desde el Cerro de la ermita. Y la niña, desde hace unos días, las observa y medita. Quieren inaugurar la estación de esquí el día uno del mes próximo. Y seguro que será así porque, en estos días, el tiempo ha cambiado. Ayer por la tarde, al ponerse el sol, el cielo se llenó de oscuras nubes. Y esta noche, aunque no ha llovido, sí ha hecho mucho viento. Tanto que los cipreses y los cedros que conoces, no han parado de quejarse. A ratos parecía que llovía pero no ha sido cierto. Solo ha hecho mucho viento y las temperaturas han bajado. Caerán nieves sobre las cumbres de Sierra Nevada. Lo propio del otoño en Granada.

Por eso ayer por la tarde, al ponerse el sol, el espectáculo era hermoso. Los álamos y los castaños sobre las laderas y colinas de la Alhambra, se cimbreaban heridos. Empujados por el viento y bañados con los últimos rayos del sol. Y como el otoño ya ha llenado de amarillo oro cada hoja de cada árbol en estos bosques, el espectáculo era magnífico. Contemplándolas desde el Paseo de los Tristes, las laderas de la Alhambra y la colina en sí, resultaban asombrosas. Por el suelo rodaban, empujadas por el viento, las hojas que ya el otoño ha vencido. Por el aire se cimbreaban las ramas repletas de amarillos y sobre el horizonte, se recortaban los colores ocres. Un cuadro único que hay que verlo para saber lo que es.

¿Y sabes? Desde este singular rincón de Granada, junto a la corriente del río Darro y entre los cientos de turistas que pasean, el otoño tiene una especial profundidad. Dice, desde su silencio pálido, que se recoge en sí porque el tiempo llega a su fin. No es cierto porque ninguno de los que por aquí caminamos pensamos en esto. Y sin embargo, es verdad. Las hojas rodando por el suelo, el amarillo oro de los álamos, la luz del sol reverberando y la humedad de la umbría, el frío y el silencio, proclaman que todo es el preámbulo del fin. Hermoso el espectáculo y al mismo tiempo íntimo, algo triste y calido. Aunque las nieves ya están llegando.

Se quiebra el viento
por entre los cedros
y su quejido hiere
en el pecho.
De soledad
todo está lleno,
y se mecen los árboles
ajenos
a tu ausencia en la tarde
y a nuestro sueño.

21 de noviembre: hermana lluvia de otoño

Las lluvias han caído. No en abundancia pero sí lo suficiente para mojar la tierra. Ayer por la tarde aparecieron las primeras gotas y, esta noche, ha llovido un poco más. Con calma y a intervalos y entre rachas de viento. Las he oído, también de vez en cuando, quebrarse sobre las hojas del acebo, en las naranjas que maduran y en las ramas de los cedros. Y me ha gustado. Porque la música de la lluvia, al caer y quebrarse en el suelo, alegra mucho y anima aun más. Es la música especial del otoño con su brillo propio y su olor característico. Y por eso me he acordado de ti. Granada hoy, al llegar el nuevo día, se está vistiendo de otoño. Se le ve bonita como un sueño y con cara de limpia. Deberías verla.

¿Sabes? En cuanto ha amanecido me he asomado a la puerta del Cortijo de la Viña. Despacio y como si me despertara de un tranquilo sueño, he mirado. Al frente, a los lados y a la derecha. ¿Que te cuente lo que he visto? En primer plano el acebo todo chorreando. Verde como el más fresco musgo y cuajado de bayas rojas. Sí, las bayas chiquitas que relucen como si fueran gotas de sangre y anuncia a la Navidad. Tiene muchas este año y, como están muy madura igual que tantos otros frutos de otoño, deslumbran y alegra verlas lavadas por la lluvia que ha caído. Son preciosas. Lo mismo que todo el árbol en sí y su intenso verde musgo. Tendrías que estar para ver esto. La niña me ha dicho:
- Tengo ganas de que llegue la Navidad pero, por otro lado, temo. Sé que no estará con nosotros este año. ¡Me gustaría tanto compartir con ella estas bayas rojas del acebo nuestro!
La niña siempre te recuerda y tiene en su alma una singular tristeza.

Porque, si estuvieras, también tendrías que ver los higos chumbos engarzados en las anchas hojas. Muestran los colores vivos del otoño y el verde puro de la hierba que tapiza blandamente. Las granadas, ya muchas abiertas como rosas en primavera, cuelgan de las ramas. Y muestran también sus delicados granos rojos. Como si fueran vivas gotas de sangre. Como si fueran perlas que dan la bienvenida al otoño y a la lluvia que esta noche ha caído. Por eso, el nuevo día, parece más que un sueño y, la ciudad de Granada, lo mismo. Se despierta y observada desde el Cerro de la Viña, se le ve grandiosa. Vestida con un traje nuevo de otoño fino y engalanada con el brillo de la lluvia y los colores rojos de las bayas del acebo y los higos chumbos maduros. ¡Todo de ensueño! Tendrías que estar para verlo y gozar de este espectáculo. Es sencillamente bello.

Hermana lluvia
que serena caes
y empapas la tierra,
gracias por venir.
Hoy el otoño
sí es una fiesta
y sabe a eternidad.
Lluvia buena,
gracias por venir
a regar la tierra.

22 de noviembre: nieblas de otoño

Hoy amanece con niebla. Las lluvias, ayer por la tarde, dejaron de caer, las nubes siguen cubriendo y las temperaturas no han cambiado mucho. Casi no hace frío. Por eso en Sierra Nevada, lo que habían anunciado, quizá no se haga realidad. La poca nieve que cayó se está derritiendo y la que fabricaron de forma artificial, lo mismo. Quizá no puedan inaugura la estación de esquís el día uno del mes próximo como habían planeado y dicho. Y vuelvo a pensar lo de siempre: que el tiempo, el clima, discurre por sus caminos ajeno a lo que nos guste o no a las personas.

Pero hoy, en Granada y en las montañas que le rodean y en las cumbres de Sierra Nevada, amanece con niebla. Un fenómeno natural en otoño y después de las lluvias. Y es que, como la tierra todavía está caliente del sol del verano, el agua de la lluvia se evapora y las nieblas surgen. Pero las nieblas que hoy cubren y revolotean envolviendo a la ciudad sobre la vega, son hermosas como pocas otras cosas en otoño. Y, observadas desde los miradores que coronan, el espectáculo es fantástico. Fino, mudo, tierno, romántico, misterioso y recogido en sí. Como si estuviera invitando a una oración o como si regalara abrazos.

Por todo esto que te estoy contando, hoy más que otros días, tendrías que estar por aquí. Se presenta un día de otoño realmente bello. Y como las hojas de los árboles siguen rodando por el suelo y los colores ocres resaltan lavados por la lluvia, todavía son más reales las señales del otoño. La luz, el silencio, el viento, la humedad, las nubes y las nieblas, todo en sí parece dar un abrazo, único y místico. El otoño es mágico.

La tierra húmeda,
la hierba verde,
la niebla tierna,
en la mañana parece
Navidad adelantada
a noviembre.
¿Otoño en Granada?
oración que emerge
desde el alma
y se eleva y mece
en la mañana.

23 de noviembre: los madroños también son frutos de otoño

La madroñera es un pequeño arbusto especialmente bello. Crece en la región mediterránea y es abundante en los montes de Sierra Morena. Y en algunos sitios se conoce con el nombre de “madroño”, tanto a la planta como al fruto. Sin embargo, yo siempre he llamando “madroñera”, al arbusto y madroño, al fruto. Creo que, además de claridad, tiene una cierta lógica. Pues la madroñera también crece en las montañas de Granada, en las tierras del Cortijo de la Viña y en los jardines y plazas de esta ciudad. La madroñera es en sí el otoño mismo y también parte del invierno. ¿Sabes por qué? Sus frutos, rojos, amarillos y verdes, maduran justo en estos días y sus flores brotan justo al madurar sus frutos. Por eso ahora es cuando más hermosa se muestra esta planta. Y ayer por la tarde la pude ver de cerca.

Buscando el otoño por los rincones de Granada iba yo pensando en ti y en la niña. Por encargo de ella recorría la ciudad de Granada. Estaba nublado, no hacía ni viento ni frío pero sí amenazaba lluvia. Y llovió. Un poco antes de ponerse el sol aparecieron grandes nubes negras, estalló un trueno y enseguida cayó un grueso chaparrón. Las calles y plazas de Granada se llenaron de lluvia y también de rayo de sol. Y resultó bonito porque la torre de la catedral se tiñó de color fuego y la madroñera, la de la plaza de la Romanilla, también resplandeció. ¿Sabes? De ella colgaban los madroños maduros, rojos, amarillos y verdes y las pequeñas flores blancas.

Al pasar por allí me paré y, durante rato, hice fotos y gocé del sencillo espectáculo. Las gotas de lluvia colgaban de las hojas y madroños y la tarde y el rincón se llenaba de primavera. Era una pincelada más, verde, roja y transparente, del otoño por los rincones de Granada. La pequeña pero majestuosa madroñera de la plaza de la Romanilla y reluciente de lluvia y sol. Algo que tú no conoces y por eso te lo cuento. También se lo cuento y lo comparto con la niña. Es ella la que me está dando ánimo a recoger los paisajes en fotos y a dejarlos escritos en mi cuaderno. Y la veo feliz. Quiero contarte.

Tarde lluviosa
de otoño gris,
hojas mojadas
y todo sin ti
por Granada.
Frutos de otoño
rojos y alba,
tarde profunda
que embelesa y abraza.
Todo eres tú
Pero faltas.

24 de noviembre: la torre de la catedral de Granada

Hoy de nuevo es sábado y repleto de otoño hasta los bordes. ¿Sabes por qué? Desde la sala del Cortijo de la Viña, donde arde el fuego y la madre tuesta una rica sartén de migas, se ve el cielo. Hay nubes y, como está saliendo el sol, las nubes se tiñen de oro y hace frío. Tanto frío que si hoy lloviera, seguro que sería nieve en las cumbres de Sierra Nevada. Tengo en mis manos el cuaderno donde, de parte de la niña, escribo para ti y tengo las fotos que la otra tarde también hice para ti. La niña está a mi lado y se caliente en las llamas de la lumbre que arde en la chimenea y me mira. Ha cogido algunas de las fotos y, de entre ellas, entresaca una y me la muestra diciendo:
- Ésta es la mejor de todas. Guárdala en tu cuaderno para regalársela en su momento.
Y le hago caso.

¿Sabes qué foto me ha dado? La hice la otra tarde mientras recorría las calles de Granada en busca del otoño. Al llegar a la madroñera de la plaza de la Romanilla, me gustó la lluvia que caía y me gustaron los rayos de sol incidiendo sobre la torre de la catedral. Y me gustaron las flores de la madroñera y los madroños rojos que colgaban de ella. Antes de hacerla me di cuenta que era una foto única que no se repetiría nunca más en la vida. Por eso la hice ilusionado y por eso, en cuento llegué a este Cortijo de la Viña, se la mostré a la niña. Lo mismo que a mí a ella le ha gustado. Por eso me pide, con mucha insistencia, que te la ofrezca a ti como regalo.
- Recoge el otoño, la torre de la catedral de Granada y la luz de la tarde como si fuera un cuadro mágico. Para que ella vea lo bonitas que son por aquí las cosas en esta época del año.

Y le di la razón. Después me siguió diciendo:
- En cuanto estén doradas las migas que hace mi madre y en cuanto que nos las comamos con las uvas de la viña, quiero que me lleve a dar un paseo por los campos. Hoy se presenta un día fantástico. Y por eso quiero que se venga con nosotros el borriquillo Sinombre y mi caballo Enebro. Y quiero que me lleves a las madroñeras del río. Quiero que me hagas fotos con lo mejor del otoño por estas tierras. Las pondremos luego en tu cuaderno para regalárselas a ella.
Y le he respondido a la niña que estoy de acuerdo.

Al amanecer las nubes
el sol las besa,
hace frío
y el alma reza.

Al fondo se ve Granada
allá lejos brilla la sierra,
el otoño anda enredado
por entre las hojas secas,
eres tú la luz misma
de esta mañana nueva.

25 de noviembre: los granados en el otoño de Granada

Ayer por la tarde, entes de bajar a las madroñeras del río, la niña me dijo:
- Quiero ver las primeras nieves del otoño.
Y sabía yo que me estaba pidiendo subir al Cerro de la Ermita. Desde esta cumbre y, tú lo sabes bien, Sierra Nevada se ve mejor que desde ningún otro sitio. Y, cuando está nevado y sale el sol, como lo hacía ayer, su visión es fantástica. Siempre pasa que, las primeras nieves del año, parecen que son más blancas, más emocionantes, más únicas. Por eso le dije a la niña:
- Sí, subamos al Cerro de la Ermita y, al pasar por los granados de la acequia que lleva el agua a la huerta, nos paramos y cogemos unas pocas. Ya el otoño las ha madurado y las tiene abiertas. Y sabes tú que ella el año pasado ni siquiera vio estos granados. La conocimos en primavera y por eso ignora lo que son las granadas y el color de los granados, cuando el otoño llega.

Salimos del Cortijo de la Viña en busca del borriquillo Sinombre y, mientras cruzábamos la cañada de las nogueras, le dije de nuevo:
- Hoy hablan los periódicos de Sierra Nevada.
- ¿Y qué dicen?
- Que ayer fijaron la fecha para abril la estación de esquís el próximo 1 de diciembre tras las precipitaciones registradas en las últimas 24 horas. Han caído entre 10 y 15 centímetros de nieve. Han mejorado las pistas que estaban preparando. El sistema de producción de nieve arrancó con 120 cañones dadas las buenas condiciones de temperatura, al alcanzarse los 7 grados bajo cero y poca humedad. Hasta que no esté más cercana la fecha de apertura y pendientes de lo que pueda caer en las próximas 48 horas, ya que se anuncian nuevas precipitaciones para el fin de semana, Cetursa no precisará con exactitud el número de kilómetros esquiables que estarán en servicio, así como el número de remontes abiertos. El próximo martes 27 se presentará la temporada a los medios de comunicación de Granada en el Corte Inglés de la ciudad, donde quedará instalado un expositor para atender al público.

Ya con el borriquillo caminando a nuestro lado, subimos lentos por la cañada de las nogueras. Pisando despacio las hojas secas que por aquí el otoño ha derramado. Y llegamos a los granados. Los que crecen entre los membrillos al borde mismo de la acequia. Nos paramos y, durante largo rato, estuvimos mirando, tocando y cogiendo las mejores granadas y las más abiertas. Me decía la niña:
- Todo esto y la mañana fría con sus nubes sueltas, el color de la hierba y el dorado de las hojas de los granados, escríbelo en tu cuaderno. Y las fotos más bonitas las pones al lado. Para que nos quede bello el regalo que, del otoño de Granada, vamos a ofrecerle a ella.

Tres gotas de rocío
en la mañana tiemblan
colgando relucientes
de la hierba.
En los granados viejos
se refleja
el amarillo del otoño
y tu ausencia.
Dos nubes saltarinas
sobre el frío revolotean.

26 de noviembre: los olivos también son otoño

Mientras íbamos subiendo por la cañada de las nogueras hacia la cumbre del Cerro de la Ermita, la niña me decía:
- Ella tampoco sabe que el otoño en Granada son también los viejos olivos del Cortijo de la Viña.
Y, mientras me comentaba esto, me señalaba a uno de los troncos astillados de estos ancianos árboles. Clavado en el mismo centro de la llanura, antes de la cumbre, se recortaba solitario. Sobre el azul del cielo y las cuatro nubes sueltas que por el cielo revoloteaban. Paramos junto a este añoso tronco y, mirando fijamente, me seguía comentando:
- Porque tampoco ella sabe que los olivares en Granada son muchos y bellos. Por eso forma parte de las señas de identidad de esta ciudad. Hazle una foto y luego lo dejas escrito en tu cuaderno.

Y le hice caso. Y, al escribirlo ahora, de mi cosecha añado que en estas fechas, al final del otoño y comienzo del invierno, es cuando se recogen las aceitunas. Ya sabes, el fruto del olivo y de donde sale el aceite de oliva que a ti te gusta tanto. ¿No lo recuerdas? Pero sí es cierto que tampoco viste, en el tiempo que estuviste por aquí, ni los olivares que rodean a la ciudad de Granada ni como se extrae el aceite que de estos frutos sale. Por eso ahora te lo comento. Para que sepas que en Granada, el otoño, tiene también olivares y olores a aceite. Y son hermosos y huelen a musgo húmedo.

La niña, esta mañana ya lunes, tiene gran interés en compartir conmigo otras cosas de la cañada de las nogueras. Me lo ha dicho y espero emocionado oírla. Pero mientras tanto te digo que el día de hoy se presenta frío, muy frío. Sereno, sin nubes, con algo de viento y color todo de otoño. Hay nieve sobre las cumbres de Sierra Nevada y, en el ambiente se percibe, como si ya la Navidad estuviera por aquí agazapada.

Rueda el tiempo,
al amanecer frío,
otoño callado
siempre contigo.
Silencio y silencio
que se hace gritos,
espera agazapada
sin luz ni caminos.
Frente al alma
llora un niño.

27 de noviembre: los colores de la cornicabra

La cornicabra es un arbusto típicamente mediterráneo. Es silvestre y se cría en las montañas que rodean a la ciudad de Granada. Pero como es una planta que resiste muy bien el frío, la sequía y calores del verano, la han sembrado en algunos de los jardines que decoran la ciudad. Lo mismo que han hecho con la madroñera, el durillo y la encina. Y la niña lo sabe y yo también pero tú no. En tu país no se dan este tipo de plantas y por eso no sabes nada o casi nada de la cornicabra.

Nosotros, la mañana que subíamos al Cerro de la Ermita para ver la nieve en las cumbres de Sierra Nevada, nos encontramos con esta planta. Remontábamos ya por la vereda de los álamos y empezábamos a rozar las matas de romeros que por ahí crece. La niña iba cogida al rabo del borriquillo de plata cuando me dijo:
- ¡Mira qué colores más resplandecientes tiene esta mata!
Miré y vi que era cierto. Por entre las florecidas plantas de romeros resaltaban los ocres naranjas de varias cornicabras. Me volvió a comentar la niña:
- ¿A que parece que alguien ha venido por aquí y la ha pintado?
- Sí que parece eso. Y además, fíjate con que fuerza resalta recortada sobre el fondo verde de los romeros.
- Hazle una foto y también lo recoges luego en tu cuaderno.

Le hice caso y ahora, esta mañana de serenidad y armonía perfecta, me estoy recreando en esta foto. Escribo para ti algunas líneas en mi cuaderno y me fijo en los colores de la cornicabra. Realmente refleja, más que ninguna otra planta, los vivos colores del otoño. Y como ya te he dicho que está muy presente en toda la ciudad de Granada y en sus montañas, te la regalamos para que sepas un poco más del otoño por aquí.

Verde grana
los colores del día,
silencio esperanza
y tú, lejanía.
Llega y ya pasa
la mañana
silenciosa y fría.
Estás y faltas
de la vida.


28 de noviembre: la nieve y la Navidad

Cuando ayer por la tarde la niña volvió de su colegio, a mí me cogió revisando las fotos que habíamos hecho el día del Cerro de la Ermita. Las fotos que sacamos a las primeras nieves que han caído sobre las cumbres de Sierra Nevada. Y, al verme en esta tarea, me dijo:
- Ya sé cual de todas estas fotos quiero que escojas para ponerla en el cuaderno que vamos a regalarle.
Y le pregunté:
- ¿Dime cual?
- Te lo digo enseguida porque antes quiero darte una noticia.
- ¿Qué noticia?
- Que ya han puesto el árbol de Navidad en mi colegio.

Y guardé silencio y para mí me dije que es cierto. Sé que por estas fechas, también en la puerta de la Facultad de Farmacia en el Campus Universitario, todos los años decoran el árbol de la Navidad. Un árbol natural que crece en la misma entrada y que adornan con bombillas. Las encienden justo en estos días y así permanece hasta después de reyes, cuando de nuevo vuelven los alumnos a sus clases. Acordándome de este hecho le dije a la niña:
- Ya sabes: la Navidad es el punto final del otoño y comienzo del invierno. Como si el otoño fuera la preparación para la Navidad misma. Por eso ya han caído las primeras nieves y por eso el frío aumenta.
- Y ella, nuestra amiga, lo sabe pero desconoce la experiencia y por eso tenemos que contárselo.
- Por eso y porque el otoño en sí, en estas tierras nuestras, es hermoso y trae consigo un mensaje muy concreto.

A mi lado, junto a las llamas de la lumbre, se acurrucó la niña. Fue mirando las fotos despacio y al final me indicó la que había escogido para que yo pusiera en mi cuaderno. Me la mostró y otra vez dijo:
- En ésta se ven muy bien las blancas nieves cubriendo las cumbres de Sierra Nevad. Me gusta mucho y creo que a ella le transmitirá el mensaje que queremos.
¿Sabes? La foto la hicimos el otro día y, al fijarme ahora más detenidamente, veo que sí es muy bella. Creo que con esta imagen, además de enseñarte las primeras nieves en el otoño de Granada, te mostramos los paisajes y un muy concreto mensaje.

Otra mañana más
de otoño frío
que avanza mudo
por su camino
Medito en mi corazón
en ti recogido,
en el acebo verde
canta un mirlo,
va el tiempo pasando
inexorable en su ritmo.

29 de noviembre: limoneros en el otoño de Granada Del Cortijo de la Viña tú conoces poco. Solo unas cuantas veces viniste por aquí y ya en primavera. Por eso desconoces cómo son las cosas en la huerta de estas tierras. Y tanto que ni siquiera sabes que, entre otros muchos árboles, en la huerta de este cortijo, crecen limoneros. Sí, entre los naranjos, junto a los que dan mandarinas y a la sombra de los cedros. ¿Y sabes? Limoneros en Granada, también hay en los jardines y en algunos cármenes del barrio del Albaicín. Y te lo cuento porque es este un árbol que casi exclusivamente, en otoño es cuando da su fruto. Y son bonitos los limones colgando de las ramas de los limoneros, al principio verdes y luego amarillos, en estos días fríos del otoño.

Queremos que lo sepas y quiero que tengas noticias de lo que ayer hizo la niña. Volvió de su colegio y, al llegar, la madre le dijo:
- Ve a la huerta y de los limoneros viejos me traes un par de limones. Los necesito para la comida que estoy preparando.
Y la niña me dijo a mí:
- Vente conmigo y le hacemos fotos a los frutos más hermosos que encontremos. Quizá sea bueno que también recojas en tu cuaderno esta otra realidad del otoño.
Y le hice caso.

Y hasta yo me sorprendí al llegar y ver los limoneros de la huerta del Cortijo de la Viña. No son grandes ni tampoco hay muchos pero no pueden más sus ramas con tantos frutos. Verdes todavía algunos, otros amarillos y al mismo tiempo con flores blancas. Me decía ella:
- Procura que salgan bonitas las fotos. Es muy hermoso esto y seguro que a ella le gustará mucho. En su tierra no se crían los limoneros y, como le estamos regalando los colores y olores del otoño de Granada, son necesario buenas fotos de los frutos de este árbol.
Y aquí pongo una de las fotos y te lo cuento. Para que compruebes que en estas tierra y ciudad, el otoño es tan sorprendente y tiene tantos colores y olores, que no hay nada en el mundo que se le parezca.

El día llega
y ni una nube
en el cielo cuelga.
Todo está quieto
y en la fina hierba,
gotas de rocío
tiemblan.
El corazón te quiere,
el alma sueña.

30 de noviembre: los álamos del camino

Cuando volvíamos de la huerta, con los limones que la niña había recogido para la madre, nos venimos por el camino de los álamos. Y fue ella la que me dijo:
- Ya sabes tú que los álamos, en estos días de otoño, se llenan de colores vivos. Por eso quiero que también les hagas fotos.
Otra ve le hice caso y, cuando ya caminábamos por el camino de las tres palmeras, descubrimos los álamos. Frente a nosotros se alzaron hermosos y reflejaban, con fuerza y brillo, lo más fantástico de los colores de otoño.
- ¿Se acordará ella, alguna vez en su vida, de aquel día que vino por aquí en la primavera pasada?
Y la niña no respondió a mi pregunta.

Yo ahora, esta última mañana de noviembre, mientras escribo esto para ti, sí me acuerdo de aquel día. ¡Ha quedado ya tan lejos y tan difuminado en el tiempo! ¿Sabes? Hoy también el día se presenta silencioso. Despejado por completo el cielo, serena la brisa, con un frío intenso y la mañana como suspendida. Tanto que parece que ya sí parece preparada para afrontar un crudo invierno. Y claro que te recordamos. Sabemos que un tu país sí hay ya mucha nieve y, por las noches, el frío es intenso, muy intenso.

La niña, esta mañana, se ha levantado muy temprano. La madre la ha preparado para el colegio y, mientras desayuna, se caliente en las llamas de la chimenea. Me mira y me dice:
- De todas las fotos que le hicimos el otro día a los álamos del camino, ésta es la que más me gusta. Ponla en tu cuaderno y escribe bien las cosas para el regalo que le preparamos.
Y le he dicho que así lo haré. Porque a mí también me gusta la foto que ha escogido. Se ve en ella, con mucha fuerza y brillo, los colores del otoño en los rincones de Granada. Y hasta se distingue, por entre las ramas de los álamos, la Navidad que dentro de unos días llegará.

Como cuando estabas
parece que el tiempo
no pasa.
Y sin embargo ahora,
en el alma,
hay melancolía.
Las horas avanzan
proclamando que el fin
llega con el alba.

otoño-2

1 de diciembre: las castañas, colores y olores del otoño Donde vives tú no hay castaños. Por eso ni sabes lo que son estos árboles ni tampoco conoces sus frutos, las castañas. Y, como en Granada y también en el Cortijo de la Viña, sí hay castaños que dan muy buenos frutos, hoy te lo contamos. Porque son árboles especialmente de otoño. Dan sus frutos por estos días y, poco después, también sus hojas se llenan de colores otoñales. Antes de la Navidad ya están desnudos, proclamando así, el final del otoño y comienzo del invierno.

¿Y sabes? A la niña le gusta mucho tanto las castañas como el color que, por estos días, se ven en el bosque de castaños. Por eso yo, ayer por la tarde, me fui al castañar. Al que hay por el lado de abajo del cortijo, entre el bosque de los robles y los olivos. Me puse y enseguida junté un buen puñado de castañas. Mientras pensaba en ti y en ella. Quería darle una sorpresa cuando volviera del colegio. Y quería que hoy sábado asara estas castañas en la lumbre de la sala del cortijo. A ella le gusta mucho las castañas asadas en las ascuas. Por eso muchas veces me dice:
- Si no hubiera castañas, al otoño de Granada, le faltaría algo. Y si no tuviéramos nosotros lumbre para asar castañas, el perfume del otoño en Granada, estaría manco. Nada hay que huela mejor en otoño que las castañas recién asadas.
Y siempre le digo que tiene mucha razón.

Por eso esta mañana, ya uno de diciembre y mientras espero que se levante, miro las fotos que hice ayer. Ya tengo escogida la que pondré en el cuaderno que vamos a regalarte. Y tengo preparado un buen puñado de castañas. Para, en cuanto termine de levantarse, dárselas a la niña y que las ase en la lumbre que ha encendido la madre. Hace frío y en la hierba hay escarcha. El mejor ambiente para asar castañas mientras te recordamos. Quizá luego, como hoy es sábado, con el borriquillo y su caballo Enebro, nos vayamos a dar una vuelta por los campos. Tanto los castaños como los robles, las nogueras y los álamos, ya el otoño casi los ha dejado desnudos. Pero aun sus hojas muestran colores fantásticos. Y de la hierba llena de escarcha manan olores únicos.


¿El color del otoño?
musgo verde
y miel y madroño.
La escarcha blanca
junto al arroyo,
amanecer callado.
Sobre su lomo
diciembre trae
recuerdos hondos.

2 de diciembre: en el musgo, el otoño concentrado Como ayer la niña no tuvo colegio, fue sábado, me dijo:
- En el puente que tendremos dentro de unos días, quiero que me lleves a la ciudad de Granada. Para buscar y fotografiar los colore y olores del otoño en los distintos rincones que pisó ella antes de marcharse. Pero hoy sábado ¿sabes lo que quiero?
- Lo que a ti te apetezca me gustará a mí.
- Como el día, aunque fresco, tiene un sol espléndido, quiero irme contigo a recorrer los campos. Por el charco de la cascada del balneario y por el acantilado del río. Seguro que por estos lugares encontraremos muchas señales propias del otoño.
Y me pareció bien lo que proponía.

A media mañana, cuando ya el sol calentaba lo suficiente, salimos del cortijo. Llamamos al borriquillo y, por la senda que lleva al charco, caminamos. Estaba clara la mañana, el viento ni se movía y el azul del cielo era intenso. Y el otoño, claramente se veía en todo cuanto nos íbamos encontrando. En el bosque de los robles, en las hojas de loa avellanos, en las de los granados de la acequia, en los membrillos, caquis y cerezos. Y también en el color del agua del arroyo del balneario y en el charco de la cascada. En todo esto y en otros muchos matices se veía el otoño de Granada.

Y, como la niña iba muy atenta buscando ¿sabes dónde de pronto se lo encontró? Antes de llegar al charco, en las rocas de la derecha que hay por debajo de las nogueras. El musgo, en grandes puñados, en estas rocas, sen mostraba agarrado. Me dijo, nada más verlo:
- Hazle una buena foto para ponerla también en el cuaderno que le regalaremos. ¿A que es fantástico?
Me fije despacio y vi que era aun más de lo que expresaba ella. Los jugosos puñados de musgo, verde y fresco, como si estuviera recién nacidos, relucían pegados a la roca. Y, había tanto que emocionado me puse a sacarle fotos. Mientras me ocupaba en ello me seguía diciendo la niña:
- Además del intenso color verde huele a tierra húmeda. Tanto, una cosa y otra, que hasta parece que por aquí es por donde más el otoño se ha concentrado.

La transparente luz
de la azul mañana
llena dulcemente
el alma.
Quizá más allá
no haya nada,
pero queremos que sepas
que llena y basta,
en estos momentos,
la transparente luz
de la azul mañana.

3 de diciembre: la flor del otoño
Al llegar el otoño, en las montañas que hay al norte de Granada, nace una flor especial. Color morado rosa y brota, incluso, antes de que caigan las primeras lluvias. Se le conoce con el nombre popular de “azafrán silvestre” y también muchos la llaman “La Flor del Otoño”. Y es precisamente por eso, porque brota nada más terminar el verano. Decora los campos hermosamente y alegra mucho solo verla. Tampoco tú conoces esta manifestación de la naturaleza en los paisajes de Granada y por eso hoy te lo contamos.

Y lo hacemos, además, mostrándote una foto de esta flor. Una imagen bella que el otro día, la niña y yo, tuvimos la suerte de conseguir. ¿Sabes cómo? Desde el charco de la cascada del balneario, bajamos hacia el bosque de los robles. En busca de los colores y olores del otoño y nos tropezamos con ellos. Me preguntaba la niña:
- ¿Tú sabes que por entre los robles crecen muchas setas?
- Claro que lo sé.
- ¿Y también sabes que todavía es un buen momento para encontrarlas? Es que quiero que le hagas fotos para luego regalárselas y que lo sepa.
Y le dije:
- También todavía es un buen momento para hacerle fotos a los colores de las hojas de los robles. Vámonos por ahí y, cuando veas algo que te guste, me lo dices.

Y, justo unos minutos después, exclamaba ella:
- ¡Mira lo que hay aquí!
Me volví para la derecha y la vi. Bajo unas retamas, por entre la hierbas y abierta como una florida rosa, se mostraba fresca y limpia. Era una solitaria flore de azafrán silvestre. Me seguía diciendo ella:
- Quizá sea la última flor del otoño por estas tierras. ¡Hazle una foto!
Y, sin dudarlo, me puse y conseguí la foto que necesitábamos. Y ahora, en este nuevo día de diciembre, te la regalamos. Para que conozcas un poco más las cosas de estas tierras y para que compruebes que el otoño de Granada tiene colores únicos.

Soñamos que eres
amiga nuestra
y por eso queremos
que vuelvas.
Pero bien sabemos
que tu ausencia
será para siempre.
Mas, en la espera,
rezamos callados
para que vuelvas.


4 de diciembre: la encina y el castaño

Sobre el horizonte y, recortada en el azul del cielo, se ven las encinas. Oscuras y firmes como si elevaran una oración al infinito. La niña y yo bajábamos hacia el bosque de los robles, en busca de las setas del otoño y fue ella la que me dijo:
- ¡Fíjate qué asombro! Busca el mejor ángulo y sácale una buena foto.

A la derecha nuestra se veía el solitario castaño. Todo como encendido en llamas o como bañado en el más fino oro. Mientras la niña me seguía hablando, expresándome el asombro que le producía la figura de las encinas y el castaño, hice varias fotos. Buscando que salieran bonitas y procurando recoger los mejores colores del otoño.
- Y luego lo escribes claro en tu cuaderno. Que sepa ella que las encinas, en estas tierras nuestras, son también hermosas y, por eso, importantes.
Y claro que me acordé de ti. Tampoco sabes, creo que nunca las has visto, lo que es una encina. ¿Que te diga ahora algo?

Sí, la encina es un árbol fantástico. Casi exclusivamente de la región mediterránea, de España, de Sierra Morena, de Granada. No se le caen las hojas en otoño como sí a los castaños, álamos, nogueras y granados. Pero también las encinas dan sus frutos en el otoño. Son las bellotas, el mejor alimento para los cerdos. ¿No lo recuerdas? El jamón serrano que a ti te gusta tanto y que tampoco tienes en tu país.

Pues de las encinas y, en concreto de las cuatro que se clavan en la colina, te regalamos hoy una foto. Para que tengas un detalle más de lo que es el otoño en Granada. Y ya ves que juego tan hermoso de colores: el azul intenso del cielo, las nubes blancas, la silueta gris negra de las encinas y el oro brillante de las hojas en los castaños. Un cuadro único que no tiene semejante en ninguna otra parte del mundo.

Encina hermana
sobre el azul purísimo
recortada,
oración sincera
al rallar el alba.
Encina gris
sobre la montaña,
dile a las estrellas
que en el alma,
sigue viva.
Encina, otoño denso,
y solitaria.

5 de diciembre: los frutos de la encina también son otoñoPor el suelo, entre las piedras, la hierba y las hojas secas, se veían las bellotas. ¿Sabes? Los frutos de la encina, por estas fechas, es cuando justo maduran. Quizá un poco antes. Pero si nadie los recoge, se caen solos y, como en esta ocasión, se quedan por el suelo entre la hierba del otoño y las viejas hojas de las encinas. Aunque, en algunas partes, se las comen los animales silvestres que pueblan las montañas: jabalíes, cabras monteses, ciervos, ardillas… Pero en estas tierras del Cortijo de la Viña, a solo unos pasos de la ciudad de Granada, no ha sido así. Tanto las bellotas de las encinas, como las castañas, nueces, almendras y aceitunas, al terminar de madurar, caen al suelo y por ahí se quedan.

Pues la niña, el otro día y al ver las bellotas de las encinas esturreadas por aquí y por allá ¿sabes lo que hizo? Sin decirme nada se puso y comenzó a juntarlas. Y, mientras las recogía, entusiasmada pero como en un juego, sí me comentaba:
- Verás qué bonitas se ven cuando ya tenga un buen puñado.
Le pregunté:
- ¿Y para qué las quieres?
- En el cuaderno que preparamos para ofrecérselo a ella como regalo, no puede faltar una foto de las bellotas de las encinas. Para que vea y aprenda todas las cosas esenciales de estas tierras nuestras.
Y me alegré, una vez más, que ella piense de esta manera.

Y esta mañana, ya cinco de diciembre y con mucho frío por los campos y poca nieve en las cumbres de Sierra Nevada, pongo una foto más en tu cuaderno. La foto de algunas de la bellotas que el otro día recogía la niña y escribo unas palabras para que las leas. ¿Sabes? La Navidad se acerca y, con todas estas cosas que te estamos ofreciendo, ya preparamos nuestra especial fiesta. Pensando en ti, la niña es la que tiene las ideas claras y por eso yo la apoyo. ¿Que te cuente de qué modo preparamos la Navidad este año? En su momento y, con todo detalle, lo haremos. Pero ya te adelanto que tú, ciertamente que vas a estar en el mismo centro.

A bellotas doradas
huele el aire
de la mañana.
La Navidad se acerca
como agazapada.
Estarás en el centro
aunque seas ausencia,
en el corazón preparamos
una fiesta.

6 de diciembre: inexorable avanza el tiempo
Hoy es fiesta en toda España. Se celebra el día de la constitución. Y por eso hoy la niña no tiene colegio ni tampoco hay clases en la Universidad de Granada. Tampoco mañana habrá clase porque, al ser viernes, en todos sitios han hecho puente. Por eso anoche la niña me decía:
- Aprovechando que no voy a tener clase en los cuatro días que siguen, quiero que me lleves a la ciudad de Granada. Necesito ver el otoño por esos rincones y plazas y quiero que le hagas fotos. Porque, lo más importante del otoño por estos campos nuestros, ya se lo hemos contado.
No le dije nada pero ella supo que me parecía bien su idea.

Así que hoy, me he levantado muy temprano. A las siente en punto de la mañana. He preparado el fuego en la chimenea del Cortijo de la Viña y he cogido mi cuaderno. La madre ya prepara el desayuno y, mientras esperamos que se levante la niña para desayunar junto e irnos luego a Granada, escribo para ti. Repaso las fotos que hicimos el día que fuimos al bosque de los robles y escojo una. La misma que ayer noche me mostraba ella a la vez que decía:
- Ésta, donde se ve el olivo y el viejo arbusto teñido de oro, también quiero que la pongas en el cuaderno. Y le dices que los olivos, en estas tierras nuestras y en toda la provincia de Granada, son árboles cargados con los mejores sabores y olores del otoño. Por eso, estos días, por muchos rincones de las tierras de Granada, huele a aceite recién exprimido.
Y le dije que haría las cosas tal como ella me las indicaba.

Y ahora mismo, al llegar este nuevo día de otoño invierno, estoy cumpliendo su deseo. ¿Sabes? Sigue sin nubes el cielo, han subido algo las temperaturas y los campos se ven muy secos. No llueve ni queriendo y ya estamos casi en Navidad. Pero el tiempo sigue su ritmo y por eso el invierno se acerca. Este año no está haciendo un otoño bueno aunque sea otoño en toda regla.

Te queremos,
a nuestra manera
y en silencio
mientras el tiempo pasa
sereno.
Al amanecer,
ya eres cielo
en el otoño mudo.
En el pensamiento
permaneces viva
en todo momento.

7 de diciembre: las setas del pinar de la umbríaEsta mañana nos hemos despertado casi en el centro de Granada. ¿Sabes dónde, exactamente? En el Carmen de la Victoria, junto a la Alhambra y dentro del barrio del Albaicín. ¿Que te cuente cómo ha sido esto?

Sí, ayer por la mañana, según el deseo de la niña y para regalarte un poco más del otoño de Granada, salimos del Cortijo de la Viña. Rumbo a la ciudad y con la intención de quedarnos por aquí todos los días del puente de la Constitución y de la Inmaculada. Pero antes de salir del cortijo nuestro me decía ella:
- Como el camino pasa por el mismo centro del pinar de la umbría, me llevo mi cesta de mimbre y buscamos algunas setas. Así le llevamos un pequeño regalo a mi amiga.
Le dije que sí y, en compañía del borriquillo Sinombre, nos vinimos por el camino del pinar para buscar algunas setas mientras nos acercábamos a Granada. ¿Y sabes? Aunque en este otoño ha llovido poco, las setas en los bosques, sí han brotado. No tantas como otros años pero sí algunas muy buenas. Aunque la niña y yo buscamos solo una muy concreta. El Lactarius deliciosus, conocido popularmente con el nombre de níscalo. Hongo comestible, muy jugoso, que suele hallarse en los pinares y es fácil de distinguir por el color verde oscuro que toma cuando se corta en pedazos. Resulta muy agradable al paladar.

Pues encontramos muchos. Al menos dos kilos. Pero lo más divertido es que también encontramos gran cantidad de otras especies. Por eso la niña me decía:
- Hazle fotos y procura que salgan bonitas. Porque en el cuaderno que le vamos a regalar para Navidad, tienes que poner al menos una. Para que vea que el otoño en Granada también tiene olores y colores de setas deliciosas.

Y ahora, al llegar la mañana de este nuevo día, ya pongo en tu cuaderno una de las fotos que hicimos ayer, a dos de las muchas setas que nos encontramos. Luego, cuando pase un rato y se levante y prepare la niña, compartimos contigo el otoño que nos hemos encontrado en los rincones más singulares de Granada. El jardín de la casa donde esta noche hemos dormido, Carmen de la Victoria, es centenario y por eso está lleno de asombros. Colores, olores, luces y sombras que muestran un otoño fantástico. Te lo contaremos.

Colores de otoño
que los días nos regala
sin merecerlos nosotros.
Tardes plateadas
que en silencio hondo
nos abrazan.
Todo nos grita de ti,
en todo faltas
aunque en todo estés
callada.

8 de diciembre: desde el Carmen de la Victoria
El Carmen de la Victoria es uno de los sitios más bonitos de Granada. Se encuentra casi en el mismo corazón del barrio del Albaicín. Al final de la Cuesta del Chapiz, a la izquierda. Es una gran casa con jardín, frente a la colina de la Alhambra y mirando al sol de la mañana, del mediodía y de la tarde. Desde el jardín de esta bella casa se ve también parte del río Darro, un buen trozo de Granada y las elevadas cumbres de Sierra Nevada. El jardín de este Carmen de la Victoria, es centenario. Por eso, en estos días, en su recinto hay una exposición de pinturas y fotografías antiguas. Para mostrar cómo fueron las cosas por aquí hace un siglo.

¿Que cómo encaja este jardín en un rincón tan especial dentro del “Otoño en Granada”? Te lo explico un poco. Al llegar nosotros a este lugar la otra tarde, lo primero que me dijo la niña fue:
- Antes de nada vamos a dedicar un buen rato a ver y fotografiar los colores y olores de este jardín. Y así te vas preparando para regalarte a ella lo mejor de cuanto encontremos por aquí.
Caía el sol y, sobre la Alhambra, los dorados rayos parecían llamas vivas. Lo mismo sobre los bosques de esta colina y por los tejados de las casas de este barrio. Y, por entre las hojas y ramas del jardín centenario, las rosadas luces de la tarde, se filtraban llenando de otoño todo el rincón. Sobre el agua de las fuentes jugueteaban los azules del cielo y también sobre las bayas rojas de las plantas del jardín. Me decía ella:
- Luego lo escribes claramente en tu cuaderno para que sepa que, el otoño desde aquí, es bello, muy bello.

Y, al amanecer de este día ocho de diciembre, fiesta de la Inmaculada, ya lo estoy escribiendo. En el cuaderno he puesto una de las fotos del jardín, la de las bayas rojas y la maceta con pitas enanas y te lo cuento. ¿Sabes? Hoy amanece nublado y con mucha niebla por los campos. No hace frío pero sí parece ya un día de invierno íntimo. Porque hasta huele el aire a humedad y, es tanto el silencio, que todo está como suspendido.

Niebla blanda
de otoño viejo
que en la mañana
regalas besos
¿Qué encierras
en tu frágil alma
y entre la hierba
color de plata?
Niebla amiga,
solo ella falta.

9 de diciembre: tarde de otoño por Granada
Desde el Carmen de la Victoria baja una calle, carretera asfaltada, que se conoce con el nombre de “Cuesta del Chapiz”. Famosa esta calle en toda Granada y, sobre todo, en el barrio del Albaicín. Viene en todos los mapas y todos los turistas la recorren. Tú también la has andado y por eso sabes a dónde lleva y por qué rincones pasa. ¿Que de qué modo encaja, la Cuesta del Chapiz, en el regalo que preparamos para ti de El Otoño en Granada? Encaja y es así:

La niña y yo, la otra tarde, salimos del Carmen de la Victoria y bajamos por esta calle. En busca del Paseo de los Tristes, el río Darro y los bosques de la Alhambra. Por estos rincones de Granada, el otoño sí es fantástico en colores, olores, luces y atardeceres. Y la otra tarde, ya íbamos llegando al río cuando me dijo ella:
- Mira que edificio tan grande nos va quedando por la izquierda.
Era el gran palacio de los Córdovas, sede del Archivo Municipal. Le dije:
- Dentro hay granados, laureles y algunas fuentes con agua. ¿Quieres verlos?
- Si, y le hacemos fotos y luego se lo contamos.
Pasamos y, lo primero que nos sorprendió fue el viejo caquis. Ante nosotros se presentaba cargado de frutas color oro, ya sin hojas, recortado en el azul del cielo y, de fondo, las torres del gran palacio. Un cuadro muy hermoso que, de ningún modo, podíamos dejar de recogerlo. Por eso me seguía diciendo:
- Es una presentación del otoño muy bella. Algo sencillo pero esencia pura de Granada.

Estuve de acuerdo con ella. Por eso hice varias fotos y la mejor de todas, ahora ya la pongo en tu cuaderno. Para que también sepas, de este viejo palacio junto al río Darro, frente a la Alhambra y entre los mejores colores del otoño. ¿Sabes? Como tampoco en tu tierra se crían los caquis, seguro que para ti va a ser muy importante esta imagen. Un rincón más de Granada, hermoso como pocos otros lugares en este mundo y decorado con los colores y olores del otoño. Para que conozcas más y no olvides nunca la ciudad que tanto te fascinaba.

La luz rosada
de las tardes de otoño
por Granada
te mantiene viva
en el alma.
Aunque no lo creas
el otoño proclama
que tras la muerte aparente
nada acaba.
El corazón te recuerda
Cada mañana.

10 de diciembre: otoño en los jardines de Granada
Cuando el otoño llega, muchas de las plantas de los jardines de Granada, se transforman. Es el caso de la parra silvestre. Una delicada planta trepadora que decora mucho en los jardines de las casas. Sus hojas son muy hermosas, verdes en primavera y verano y oro naranja o rojo fuerte, en otoño. Porque luego, antes de llegar el invierno, se desprenden de sus ramas y mueren. Pero antes, en cuanto el otoño va un poco avanzando, se visten de colores tan hermosos y fuertes, que da gusto verlas.

Es lo que le pasaba a la niña la otra tarde por entre los jardines del Carmen de la Victoria. Y lo mismo en los jardines del palacio de los Córdovas y luego por la Cuesta de los Chinos y el Generalife y la Alhambra. Cada vez que encontrábamos unas de estas parras silvestres, se paraba frente a ella, la miraba, cogía algunas de sus hojas en las manos y, mostrándomela decía:
- ¡Fíjate qué colores de otoño! ¿A que parece como si algún pintor importante hubiera estado por aquí dibujando cuadros fantásticos?
- Sí que lo parece. Porque, como bien dices, es emocionante solo contemplar los tonos que muestran estas hojas de parra silvestre.

Y, como caía la tarde, la luz del sol derramaba rojos por todas partes. Por entre las ramas de un viejo almez entraba un puñado de estos luminosos rayos y se dormían en tres hojas de una parra silvestre. Al verlo, me volvió a decir ella:
- Ponte en este lado, concéntrate y saca una foto bonita de esta imagen. Se la regalamos luego a ella para que también vea otro matiz del otoño por estas tierras.
Le hice caso y ahora, esta mañana de diciembre sin lluvia, aquí pongo la foto. Para complacer a la niña y para obsequiarte a ti. Porque estoy contento, a pesar de todo. La foto ha salido muy hermosa. Creo que roza casi la perfección de lo que es el otoño por entre los jardines de Granada.

Ayer hubo nubes,
hizo algo de frío
y llovió un poco
despacito.
No fue suficiente,
la hierba está sin brillo
y la tierra seca.
Pero a su ritmo,
el otoño avanza,
por el camino
asoma la Navidad
también despacito.

11 de diciembre: tarde por el Carmen de los Mártires ¿Te acuerdas tú del Carmen de los Mártires? Sí, el jardín centenario que hay sobre la colina, al sur de la Alhambra. En su momento, este verano pasado, te hablé mucho de este lugar y, entre otras cosas, te dije que al llegar el otoño te contaría más de este sitio. Porque, en aquel momento, me parecía que el otoño en el Carmen de los Mártires, debías ser un gran espectáculo en las fechas estas, antes de la Navidad. Y ahora que ya el invierno se acerca, puedo confirma lo que en aquellos días intuía. Y, además, te digo que es mucho más de lo que había imaginado. La otra tarde, la niña y yo, pudimos verlo despacio.

Subimos, desde el palacio de los Córdovas y el río Darro, por la Cuesta de los Chinos. Disfrutando de la tarde y de los colores del otoño, por ahí presentes en muchos rincones y coronamos la colina de la Alhambra. Por donde venden las entras paras a los turistas y luego nos vinimos para el lado del sur. Ella no paraba de comentar:
- Yo creo que en ningún otro lugar de Granada, se ven mejor y claramente las señales del otoño que en los jardines de esta cumbre.
- Si que son especiales los matices del otoño por aquí.

¿Te acuerdas tú del lago de los patos y de las madroñeras en el mismo corazón del Carmen de los Mártires? Pues al llegar a él, nosotros la otra tarde, nos quedamos parados. Observando los colores del otoño en las aguas reflejadas y las hojas de los árboles flotando. Me decía la niña:
- Procura que todo salga en una foto hermosa. Es tan bonita la escena, el rincón, las luces y las sombras, que tiene que verlo ella.
Y aquí te la mostramos. Porque salieron bonitas todas las fotos que la otra tarde hicimos en el Carmen de los Mártires. Llenas de pinceladas ocres, transparentes y con un otoño tan reluciente que asombra al alma. La pongo en el cuaderno para tu regalo y te la cuento brevemente. Queremos que sepas nuestro deseo de ofrecerte los mejores colores y olores que por aquí en otoño nos está dejando. Te queremos.

Solitario el jardín,
la otra tarde estaba,
y hondo era el silencio
que se escuchaba.
Parecía que dentro,
en el alma,
tu voz dulce y sonora,
resonaba.
La tarde era de otoño
hermosa y clara.

12 de diciembre: atardecer en el otoño de Granada Tú también sabes que las puestas de sol en Granada son únicas. Las has visto muchas veces aunque nunca en otoño. Y es una pena porque en esta estación del año son mucho más bellas. Y, observarlas desde los jardines del Carmen de los Mártires, ni te cuento. Pero sí, te las vamos a contar a nuestra manera.

Porque la otra tarde, después de que la niña y yo terminábamos de recorrer los rincones más singulares de este jardín, nos vinimos para el lado del sol. Despacio y observando cada detalle y los matices del otoño entre las madroñeras, las palmeras, las hojas de los plátanos y el agua en las fuentes. Y a todo le hicimos fotos. Sin parar me decía ella:
- Es para quedarse por aquí una vida entera y recoger, en cada momento, las cosas concretas.
Yo entendí que me decía esto por la abundancia de colores, olores y luces que por aquí, a lo largo del día, el otoño presenta. Por eso le respondía:
- Es así y mucho más. Tú fíjate como todo parece transmitir un mensaje mucho más importante de lo que aparenta. Como si estuviera proclamando la presencia de una realidad muy bella al otro lado de los colores que reflejan las hojas.
Miraba y guardaba silencio.

Y ya nos habíamos venido mucho para el lado del sol. Y nos paramos, sobre el balcón que tú conoces y desde el que se ve toda la ciudad de Granada, la vega y el lejano horizonte por donde cada tarde se pone el sol. También esta tarde el sol ya se estaba ocultando. Por eso nos pusimos a observarlo y a hacerle fotos. Ella me dijo:
- No hay palabras. Solo una buena imagen puede expresarlo aproximado.
Y aquí tienes la imagen. Una puesta de sol del otoño en Granada desde el Carmen de los Mártires. Para ti, como regalo.

Más allá de luz
roja naranja
que en las tardes de otoño
baña a Granada,
hay una realidad única
agazapada.

Los colores ocres,
el frío, la escarcha,
la Navidad que llega
y la nieve blanca,
solo son reflejos
que de Dios nos habla.
Y tú estás ahí
hermosa, callada.

13 de diciembre: desde Plaza Nueva
Desde los jardines de la colina, el Carmen de los Mártires y bosque de la Alhambra, descienden caminos. Por entre la espesura de la vegetación hacia la ciudad y el río. Y el más importante de esos caminos, carretera asfaltada y aceras empedradas, es el de la Cuesta de Gomarez. ¿La recuerdas? La recorriste muchas veces en el tiempo que estuviste en Granada. Y por eso sabes y, yo ahora te lo confirmo, que es un recorrido muy bello. Pero no la viste ni nada conoces de ella en la estación del otoño. Te lo cuento en dos pinceladas.

Por este camino, bajamos la niña y yo la otra tarde. Hacia Plaza Nueva que es por donde pasa el río Darro. Y, mientras descendíamos cruzando los bosques repletos de colores otoñales, me iba diciendo:
- Es tan denso por aquí el otoño y tan variado que de cualquier rincón de estos se podría escribir un grueso libro.
- Estoy de acuerdo contigo. Y, además, sabiéndolo hacer, de por aquí saldrían no uno sino cientos de libros únicos en el mundo.
- Por eso, pon interés y recógelo bien en fotos y redáctalo luego con mucha claridad y belleza. Es necesario, muy necesario que ella lo sepa.
Y, siguiendo su deseo y sin dejar de pensar en ti, hice muchas fotos. De todo lo más delicado que por estos rincones el otoño anda dejando.

Llegamos a plaza Nueva y nos paramos. Para recoger las laderas que desde aquí se ven y el río con su misterio. Tú también conoces Plaza Nueva. Pero tampoco viste los matices del otoño que desde este lugar se observan. Por eso, una de las muchas fotos que aquella tarde hicimos, la pongo ahora mismo en mi cuaderno. Para que puedas ver lo que nosotros vimos. Y para que forme parte del regalo que, para ti, preparamos. ¿Sabes? Desde Plaza Nueva, ladera arriba por los bosques de la Alhambra y el río Darro, el otoño es muy hermoso. Los colores y las luces, al caer las tardes, no tienen igual en ningún otro rincón del mundo. Queremos que lo sepas.

Te llevaste tus manos llenas
de no sabemos qué
y por aquí dejaste el alma
hasta sin fe.
Vacío de otoño cálido
que sabe a miel
y duele en la oscuridad
una y otra vez.
Nada te llevaste contigo,
todo desde ayer
es por aquí otoño herido
color de té.

14 de diciembre: iluminación de Navidad en Granada

Cuando ya el otoño va inclinándose hacia su final, en las calles de Granada, aparece la Navidad. Como si surgiera del otoño mismo. Por eso llega de puntilla y se presenta de la noche a la mañana. ¿Sabes lo que te digo? Que la otra tarde, la niña y yo, así es como la vimos:

Desde Plaza Nueva, despacio nos vinimos para el centro. En busca de la plaza donde se recoge el corazón mismo de Granada. Sí, tú la conoces. Es donde termina la Gran Vía y emerge la estatua de los Reyes Católicos. Donde una sencilla fuente llena de rumor de agua el aire y donde casi todos los turistas se hacen fotos. Llegamos nosotros a este punto, tras los matices del otoño y los encontramos pero ya vestido, como te decía, de Navidad. Porque a los lados de la fuente, en su portada principal que es la que mira la Gran Vía, vimos los floreros. Dos grandes macetones llenos de rojas flores de pascua. Lo rozó la niña con sus manos y me dijo:
- Seguro que ella, el año pasado, sí vio esto. Pero por si acaso, hazle fotos y luego le hablas de ello. Y dile que la Navidad, en Granada y el cortijo nuestro, es el punto y final del otoño.

Le hice fotos a los dos grandes floreros repletos de flores de pascua y luego a la iluminación en la Gran Vía. ¿Sabes? El día ocho de este mes inauguraron la iluminación de Navidad en Granada. Todavía antes del fin del otoño y por eso te decía que, el otoño se acaba justo cuando la Navidad llega. Y, como en aquella tarde se hacía de noche, la flamante iluminación lucía toda hermosa. Desde un Extremo a otro de la Gran Vía y por las calles adyacentes. A mí y a la niña nos gustó y por eso, pensando en ti, ahora te mostramos las fotos y te lo contamos.

Por aquí,
ya huele el aire
a turrón de almendra
y el miel sabe
las mandarinas frescas.
Y en tu mundo,
por tu tierra
¿cómo preparas
el fin de años
y la Navidad que llega?
Por aquí,
en el alma arde,
más y más tu ausencia.
No estás con nosotros
y la Navidad llega.

15 de diciembre: haces falta, te necesitamos

Ahora, ya todas las mañanas, amanece el campo blanco. Nada de nieve porque, desde hace mucho tiempo, ni siquiera hay nubes en el cielo. Es de escarcha por lo que, al amanecer, blanquea el campo. Ya han llegado los recios fríos y, como son las noches más largas del año, el rocío sobre la hierba se hiela y, por las mañanas, todo se ve blanco. Hasta asusta salir para ir a algún sitio, a primera hora del día. Pero es lo propio en este tiempo: que haga frío y que los árboles se queden sin hojas, que se hielen las aguas en los ríos, que maduren los caquis y que el invierno llegue.

Hoy, por ejemplo, va amaneciendo y, desde la sala del Cortijo de la Viña, me entretengo en mi cuaderno. Ya arde el fuego en la chimenea y la madre trajina. La niña se ha levantado y, como es sábado, enseguida me ha dicho:
- Quiero ocupar la mañana en ver las fotos que hicimos el otro día por las calles de Granada. Y quiero luego escribir una bonita página en el cuaderno para dejar ahí expresado mi cariño por ella.
Sí, cada día te recordamos sin que te olvidemos nunca. ¡Te necesitamos tanto! Y ahora, con este frío de invierno y la escarcha al llegar el día y la Navidad que se acerca, lo que más necesitamos es que estés. Por esto y por otras cosas, le he dicho a la niña:
- Otra foto más de la iluminación de Granada voy a poner en su cuaderno. Para que sean varias y así pueda tener una idea más exacta de cómo son las cosas por aquí.
- ¡Vale!
Me ha respondido escuetamente.

Y aquí pongo la foto. Mira despacio y verás como reconoces los sitios. Es el Ayuntamiento de Granada, decorado para la Navidad y con un letrero en la fachada donde se puede leer: “Felicidades”. También puedes ver otro trozo de la Gran Vía iluminada y el frío de la noche. El otoño se está acabando, el invierno trae ya acuesta su frío, la Navidad asoma por el horizonte y nosotros te recordamos. Haces faltas, te echamos de menos, te necesitamos. Nada llena por completo tu ausencia.

Pero recogeremos,
de la blanca escarcha
que al amanecer blanquea,
helada, helada,
tu ausencia.
¿Sabes para qué?
Con ella
y el otoño desnudo,
te tendremos más cerca.
Sí, en el corazón,
de nuestra Navidad pequeña.

otoño-3

16 de diciembre: dueles en el aire que en la tarde besa Muchos rincones de Granada, ya te lo he dicho, por estos días se transforman. Para la Navidad que llega, todo lo decoran. Ponen luces de colores en los escaparates, montan belenes en las plazas y calles, en los jardines siembren nuevas flores, en los balcones ponen banderas y macetas con geranios y también belenes. Granada entera se viste de gala pero con un traje muy distinto a como lo hace en primavera y en verano. La Navidad es una fiesta íntima, del corazón, del alma, de la emoción, de la añoranza. Pero solo la emoción y el alma saben el verdadero valor de esta fiesta.

Y nosotros, tus amigos en la distancia y recogidos en el Cortijo de la Viña, estamos intentando compartir contigo esta fiesta. Desde hace unos días recogemos despacio los colores y olores del otoño por estas tierras. Ya nos queda poco. Porque se acaba esta estación del año y porque también ni siquiera hojas van quedando en los árboles. Un año más el otoño llega a su fin y lo hace a lo grande. Sobre todo, por las calles y plaza de Granada. Las luces iluminan, los belenes resaltan, las flores decoran, la música ambienta y los olores despiertan. Es la Navidad que llega.

¿Y sabes? Nosotros y a nuestra manera, la otra tarde recogimos tres pinceladas más de esta fiesta. La niña y yo, desde el Ayuntamiento, seguimos bajando y nos encajamos en la plaza de la Fuente de las Batallas. La vimos iluminada, vimos la estrella azul y vimos los árboles arropando. Con los últimos colores del otoño en sus hojas y mirando de reojo. Ya también lo han decorado con las luces de Navidad. Ya han transformado un rincón más en esta plaza de Granada. Porque el otoño se recoge y la Navidad llega. Te regalamos una foto más para que lo veas.

Del aire que en la tarde
nos besa,
mientras te recordamos
sin que lo sepas,
recogemos del otoño
tu ausencia.
Y a ratos te soñamos
en las estrellas
y otras veces rezamos
para que vuelvas.
Todo es hermoso
pero tu ausencia
duele en el aire
que, en la tarde, besa.

17 de diciembre: el viejo granado del corazón de Granada
Me decía la niña, ayer por la tarde:
- A veces, no merece la pena ni siquiera pensar en las cosas o en las personas.
Me extrañó esta afirmación y por eso le pregunté:
- ¿En qué estás pensando?
- En que es mejor, en la vida, olvidarse de todo y dejar que pasen los días. Como si nada sucediera, como si no esperara nada. Y lo digo porque, ya me he dado cuenta que por más vueltas que le dé a las cosas en mi mente, no sirve para nada. Todo siempre rueda ajeno a mi deseo y sueño.

No entendí demasiado lo que ella quería decirme y por eso la dejé que hablara. De nuevo me dijo:
- ¿Sabes? Estoy descubriendo que lo único que importa es hacer fotos a las cosas y escribir de ellas. Esto sí queda. Lo demás, es como humo o pavesas que se lleva el viento.
Tenía yo en mis manos, en ese momento, la foto del viejo granado. El que crece justo en el mismo centro de la ciudad de Granada. Sí, en Puerta Real y no en la Gran Vía. Y es un árbol muy viejo, de tronco retorcido, algo añoso y con sus ramas en forma de paraguas. La otra tarde, al pasar por allí mientras recorríamos los rincones de la ciudad, nos paramos y le hicimos algunas fotos. No salieron muy bien porque ya era de noche y resultaba complicado. Pero, mostrándole una de estas fotos, ayer por la tarde, le decía yo a la niña:
- Cuando ella estaba, en la primavera pasada, vi este árbol lleno de hojas y con flores. Se marchó al llegar el verano y por eso, cuando ya el granado tenía las granadas gordas, no las vio. Tampoco las ha visto en este otoño ni ahora que ya está desnudo y lleno de luces de Navidad.

Observó la foto la niña y dijo:
- Es lo que te vengo diciendo: pensar en esto no sirve para nada. No conseguiremos ni que vuelva ni que nos recuerde. En cambio, si lo dejamos escrito y ponemos la foto en tu cuaderno, al menos quedará para siempre y no será fácil que lo borre el tiempo.
Puse en mi cuaderno la foto y luego escribí:


El granado viejo
del corazón de Granada,
ahora está sin hojas
y de sus ramas
cuelgan lucecitas
azules y blancas.
El otoño añejo
decidido avanza.
Donde ayer había flores
y frutas maduradas,
hoy hay tallos
color escarcha.
Todo se transforma,
tú siempre faltas.


18 de diciembre: puede nevar cuando el otoño se marcha Puede ser que antes de que se vaya el otoño, nieve. Y el otoño llega a su fin dentro de tres días. Pero podría nevar antes de que el otoño termine. ¿Sabes por qué lo digo? Porque ayer por la tarde se nubló mucho. El cielo se puso por completo negro y, sobre las cumbres de Sierra Nevada, eran mucho más espesas y las nieblas se amontonaban. Me decía la niña, al volver de su colegio, acurrucada en sí y en su abrigo para quitarse el frío:
- Sería interesante que cayera nieve justo en estos días. Para despedir al otoño y recibí a la Navidad en su propio ambiente.
Le dije:
- A mí, desde luego, sí que me gustaría. Donde vive ella, desde hace muchos días, tienen nieve. Y las temperaturas han bajado hasta quince grados bajo cero. ¿Qué te parece?

Tenía yo en ese momento las fotos que la otra tarde hicimos por las calles de Granada y mi cuaderno. Me respondió ella:
- Que debes escribirlo con mucha claridad y belleza. El fin del otoño y la llegada de la Navidad, por estas tierras nuestras, es lo más importante del año. Y, contárselo con el corazón, es el mejor regalo.
Una de las fotos que miraba era precisamente de la iluminación de la Navidad en las calles de Granada. Las luces que han colgado en la calle San Juan de Dios y las dos torres de la iglesia.

Porque la otra tarde, después de hacerle fotos al granado viejo del centro de la ciudad, nos fuimos por la calle Mesones. En la plaza Bibarrambla estuvimos viendo el mercadillo que ahí han puesto y los belenes artesanos. Luego vimos el belén que también han montado delante de la catedral y seguimos. Pasamos por el jardín botánico de la Facultad de Derecho y llegamos a la calle San Juan de Dios. Lucía ya el alumbrado y al verlo tan bonito me dijo la niña:
- Hazle la mejor foto del año. Ella tiene que verlo.
Miré y vi que, con las torres de fondo, las luces de colores resaltaban luminosas. Era exactamente lo que la niña me pedía. Hice la foto y aquí la pongo ahora. Para que sea un trozo más de la Navidad apareciendo por los rincones de Granada justo cuando el otoño se marcha. Y si nevara esta misma noche o mañana o pasado, ya no faltaría nada. Solo tú.

Nubes negras,
hondas y blandas
cubren la tierra
en la mañana.
Hace frío,
los mirlos cantan,
la Navidad asoma
por la ventana.
Si de verdad cayera
una gran nevada
la Navidad sería
reluciente, exacta.
Pero sigues ausente,
Faltas.

19 de diciembre: el viento de otoño El viento de otoño, tiene un acento especial, cuando por las noches se oye. Sonidos o música que tú tampoco conoces, en estas tierras nuestras. Y, en tus tierras, nosotros no sabemos qué sonido tiene el viento del otoño.

Pero anoche ¿sabes? por aquí se oyó con un acento especial el viento de otoño. Traspasado de frío, con sabor a nieve, impregnado de Navidad y con acento trascendente. Y se ha oído a lo largo de casi toda la noche y, ahora, al amanecer, todavía se oye. Y lo de anoche fue así: sentados en la lumbre de la chimenea del Cortijo de la Viña, estábamos nosotros, cuando me dijo la niña:
- La foto que hicimos del Hospital Real, con el granado en la puerta, ponla también en el cuaderno que escribimos para ella.
Hicimos esta foto cuando el otro día ya nos veníamos de la ciudad. Subíamos por los Jardines del Triunfo y, al pasar por la puerta del Hospital Real, Rectorado de la Universidad de Granada, vimos la imagen. La puerta principal de este edificio, su mármol blanco y las ramas doradas de los granados. Me dijo ella:
- Fíjate, los últimos colores del otoño en los rincones de Granada. Entre las luces de la Navidad y el frío del invierno, todavía queda otoño durmiendo.

Vi que era cierto. Por eso hice una foto con mucho cuidado mientras gozábamos del cuadro. Descubrimos que era hermoso y por eso la señalamos con la palabra “para el cuaderno”. Y, en esto estábamos, cuando arreció el viento. Rompiéndose en los cristales de la ventana, entre las acículas de los pinos y las desnudas ramas de los álamos. Me decía la niña:
- Es como si estuviera empujando para que ya el otoño se marche y deje paso al invierno.
- Sí que parece eso.
Le dije yo. Y al amanecer de este día nuevo todavía sigue azotando el viento. Con el acento especial de otoño y con nos sé que sabor a Navidad y a invierno. Quizá nieve hoy porque el cielo está muy negro y hace mucho frío. Sería hermoso como broche final, llegada de la Navidad y comienzo del invierno.

Al amanecer
como una esperanza,
como una ilusión nueva,
hay en el alma.
Y es distinta
cada mañana.
¿Qué esperamos
que el viento nos traiga?
No lo sabemos
pero en la ventana,
a veces parece
que llamas.

20 de diciembre: desde el Puntal de los AlmendrosDesde el Puntal de los Almendros, Granada siempre se ve con todo su esplendor. Tú lo sabes bien. Desde este lugar, al norte de la ciudad y remontado un poco en la montaña, muchas veces observaste esta panorámica. Y es igual de hermosa en verano, otoño, invierno o primavera. Pero en otoño, la estación del año que estamos compartiendo contigo, tiene un matiz especial.

Por eso, la otra tarde, cuando ya regresábamos al Cortijo de la Viña, nos paramos un momento en este Puntal de los Almendros. Me dijo la niña:
- Para observar el otoño, por última vez este año, desde este lugar tan estupendo.
Ya era de noche y por eso, al fondo, la ciudad que se veía, era todo un mar de luces de colores. Granada toda iluminada y como aplastada en espera de la Navidad. Un matiz especial del otoño en sus últimos retazos que tampoco queríamos dejar de ofrecerte.

¿Y sabes? Un poco más abajo del Puntal de los Almendros, se veía tu residencia. Donde has vivido el tiempo que estuviste en esta ciudad. Y al lado de debajo de tu residencia, se veía el Monasterio de la Cartuja. ¿Lo recuerdas? Me volvió a comentar la niña:
- Otro día vienes y le haces fotos. Es necesario que nuestro regalo tenga una bonita imagen de este monasterio.

La foto ya la tengo hecha. En este día veinte de diciembre, la preparamos para ponerla en tu cuaderno. Para que tengas también entre tus manos la bonita imagen del monasterio viejo, un reflejo más del otoño en Granada y fiel compañero de los días que estuviste por aquí. ¿Cuántas veces observaste esta imagen desde la ventana de tu residencia? Muchas pero en otoño, ninguna. Y menos al ponerse el sol y recortado sobre las nubes en la lejanía.

Sigue el cielo encapotado,
no para el viento,
hay niebla a lo lejos
y está nevando.
Se ve Sierra Nevada
toda vestida de blanco

No sabemos qué
pero esperamos
que en cualquier momento
algo
nos anuncie alguna llegada.
Se presiente a la Navidad
y en el campo
se palpa tu presencia
por todos lados.

21 de diciembre: punto y final del otoñoA partir de ahora, de Granada capital en otoño, nos queda poco que contarte. Se acaba esta estación del año y lo hace fundiéndose con las fiestas de la Navidad. Y claro que también son importantes estos días hasta el último del año. Pero es como un punto y final, a parte. Porque a partir de hoy, empiezan las vacaciones, tanto en la Universidad como en los demás centros educativos. Y las calles y plazas de Granada, como ya te hemos dicho, se convierten en Navidad.

Casi en cada casa hay un belén y, un arbolito iluminado, lleno de regalos. Pero belenes importantes, que se pueden visitar y entran en la lista para el concurso ¿sabes cuántos hay? En total son veintidós. Por eso, a partir de ahora, la niña y yo, podríamos seguir recorriendo esta ciudad y visitar cada belén y contártelo. Sería, en el fondo, ir poniendo el broche final al otoño que te hemos ido contando. Pero quizá no hagamos esto. ¿Qué haremos entonces? Quedarnos en el Cortijo de la Viña, nuestro rincón pequeño y, desde aquí, contarte un poco más, los ultimísimos días del otoño, mezclados con la Navidad, el nuevo año y el invierno. ¿Y nuestro belén particular? Sí, también lo tenemos.

Hoy por ejemplo, la niña y yo, cuando ella vuelva del colegio, tenemos pensado ir al arroyo del balneario. ¿Para qué? Para recoger algo de musgo, algunas piedras y tallos de romero y traérnoslo al cortijo para el belén. Ayer ya estuvimos por ahí buscando y, lo que más nos gustó, fue el charco azul del balneario. Todos los días ahora ya se hiela un poco y, como cayeron algunos copos de nieve, a su alrededor decoran hermosamente. Te mostramos una foto para que te hagas una idea. Y para que compruebes también el final que por aquí va dibujando el otoño.

¿Quién vendrá
a visitar nuestro belén
en Navidad?
En un rincón pequeño,
lejos de la ciudad,
vamos a ponerlo.
Se va ya
el otoño viejo
y tú no estás.
Pero en tu recuerdo,
y como mensaje de paz,
haremos un nacimiento.
¿Quién vendrá
por aquí a verlo
en estos días de Navidad?

22 de diciembre: niebla por los bosquesHoy se abre el día con aspecto de todo un poco. Parece otoño porque, por el suelo, bajo los álamos y las nogueras, se extiende una gran alfombra de hojas secas. Parece invierno porque se presenta muy nublado y hasta llueve algo. La tierra está mojada y, en la hierba, cuelgan las pequeñas gotas de la lluvia clara. Y también parece Navidad porque ya la niña no tiene colegio y, en Granada capital, las luces, los escaparates y los belenes, presentan un deslumbrante aspecto. También en este cortijo nuestro, el belén se encuentra casi terminado. Solo nos quedan unos cuantos detalles que hoy mismo atenderemos. Porque hoy es un buen día para construir el belén, mientras te recordamos y pasa el tiempo.

¿Sabes? Ayer por la tarde, la niña y yo, fuimos al bosque grande. Al de los pinos recios en la cumbre oscura. Por ahí hay muchas piñas secas que ruedan por el suelo y también hay abundante musgo y ramas viejas. Elementos que necesitamos para el belén nuestro. Por ahí todo huele a otoño húmedo, a hierba fresca y a setas nuevas. Por eso, entusiasmada, me decía la niña:
- Hazle una buena foto a los pinos envueltos por la niebla.
Porque la niebla era espesa y, en los troncos de los pinos, reblandecido, colgaba el musgo. Le decía yo a ella:
- Sí que me interesa mucho hacer una buena foto de este pinar perdido entre la niebla. Estamos terminando su cuaderno, porque el otoño también se acaba y es bueno que le regalemos una foto de este día concreto.

Y ahora, esta mañana, con cara más de invierno que de otoño, te saludamos y ponemos en tu cuaderno la foto. Puedes ver que salió bella, húmeda como el día mismo y llena de misterio. Es como si, por entre estos pinos, también faltaras o como si todo esperara que en cualquier momento llegues. El día es íntimo, húmedo, silencioso, recogido en sí mismo y, además, llueve un poco.

La lluvia sobre la hierba
reluce en la mañana
y la niebla
va por entre el bosque
lenta.
Llueve a ratos mudamente
sobre la quietud quieta,
hay un silencio profundo
que besa.
El otoño ya termina,
el invierno llega
y, como es Navidad,
el alma reza y te espera.

23 de diciembre: la felicitación de Navidad Nosotros sabemos que en tu país celebráis la Navidad de otra forma distinta. Y, la Navidad nuestra, tiene para vosotros otro significado. Le dais mucha importancia al arbolito decorado y no montáis belenes ni cantáis villancicos. Tampoco os felicitáis entre sí como lo hacemos nosotros. Pero, como te estamos hablando desde nuestra cultura y desde Granada, te contamos las cosas al modo en que son por aquí.

Y por aquí, en el Cortijo de la Viña, en Granada y en España, ya estamos en las misma puerta de la Navidad. Unas horas quedan solo para Nochebuena y pocos días para fin de año. Por eso nosotros, la niña y yo y todos los de este cortijo, hace unos días te mandamos nuestra especial felicitación de Navidad. Siguiendo la costumbre de estas tierras y cultura nuestra y lo hicimos con toda sinceridad. No hemos recibido ninguna respuesta tuya y claro que la esperábamos. Porque eres importante para nosotros y porque nos gustaría saber de ti en estos días tan especiales. ¿Que no entiendes nuestras cosas ni te sientes obligada a proceder según nuestra cultura? De todos modos solo pretendemos abrirte nuestro corazón y ofrecerte nuestro cariño y respeto.

Por eso hoy, todavía cerca del otoño y un poquito dentro del invierno, ponemos una foto más en tu cuaderno. Para ir rematando el regalo que vamos a ofrecerte. Y la foto de hoy es justo la felicitación de Navidad que hace unos días te mandamos. Para que se recuerden siempre cómo fueron las cosas en estos días. ¿Sabes? Junto a nuestro belén especial hemos dejado un sitio muy concreto para ti. Cerca de la lumbre para que no tengas frío y pegado al arbolito. Bajo él, como es costumbre en tu país, vamos a poner tu regalo. Y lo que más nos gustaría, en estos días, es que vinieras a ocupar el sitio que te hemos reservado. Y que cojas con tus propias manos este regalo.

En tu país hace frío,
está nevado,
todo cubierto de nieve,
todo helado
y como en sí dormido
entre lo blanco.
En tu país la Navidad,
está llegando.
En nuestro rincón del sol
ya ha llegado
pero tenemos frío,
no estás a nuestro lado.

24 de diciembre: la noche ya llega
Esta noche es Nochebuena, en nuestra tierra. Porque en tu país, ni esta noche ni mañana tenéis fiesta. No celebráis la Navidad aunque sí, a vuestra manera. La Navidad nuestra es religiosa, celebramos el nacimiento de Jesús y por eso está llena de mensajes de paz. Nosotros, estos días, los convertimos en la mayor fiesta del año. Donde, además de una comida especial, nos felicitamos, nos hacemos regalos, cantamos villancicos y muchas personas van a la Misa del Gallo. Tampoco tú, el año pasado, viviste esta experiencia. Por estos días te marchaste a tu país, donde vives ahora, y claro que fue una pena que no hubieras aprovechado para conocer y vivir esta experiencia. ¿Sabes? En la vida, muchas veces, se nos va de las manos las mejores oportunidades.

Pero hoy, ya con el otoño rematado, seguimos contándote cómo discurren las cosas por aquí. Esta mañana, por ejemplo, de nuevo el cielo aparece despejado. Al final, solo llovió un poco, casi nada. Y aunque hace frío y hay escarcha, la tierra sigue muy seca. Pero ayer por la tarde, la niña y yo, rematamos el belén que henos montado. En la sala misma del cortijo, junto al fuego de la chimenea y mirando a la gran ventana que da al valle del río. ¿Que cómo ha quedado? Muy hermoso pero también sencillo. El belén, en estas tierras nuestras y por otros lugares del mundo, es un símbolo de la fiesta que celebramos. El misterio religioso del nacimiento de Dios y por eso lo valoramos tanto. Nosotros y casi todas las personas de este país. Ya te hemos dicho que en Granada capital, por estos días hay lo que llaman “La Ruta de los Belenes”. Dentro de un concurso que promueve el Ayuntamiento, está la modalidad de belenes tradicionales, que son 8. En la modalidad artesanal hay 11. En la infantil son 12 y luego hay muchos fuera de concurso. En las casas particulares y en las iglesias de toda Granada. Pero el nuestro es por completo especial. No se encuentra dentro de ninguna modalidad ni lista y por eso nos gusta tanto. Lo hemos contraído, además de para celebrar la fiesta, para obsequiarte a ti.

Por eso, en el rincón más importante y junto al fuego, hemos preparado un lugar para que te sientes cerca de nosotros. Muy cerca del niño Jesús, la Virgen y San José, la mula y el buey. No vendrás y ni siquiera tenemos noticias tuyas pero, en nuestros corazones y especialmente esta noche, te abrigamos. De ningún modo podemos olvidarnos de ti en una festea tan significativa y bella.

Junto al belén,
en el rincón mejor,
en el más recogido
y con más calor,
te guardamos un sitio
a los pies de Dios.
La noche ya llega,
en el alma un temblor,
te añora y sueña,
un río de amor
inunda la tierra,
todo está preparado
ven cuando quieras.

25 de diciembre: nuestro árbol de Navidad Ya sabes: las cosas, en el momento que ocurren, casi siempre nos parecen importantes. Por pequeñas que sean. La llamada de un amigo, una carta, un gesto, una mirada, unas palabras… Hasta lo más insignificante, nos parece lo más importante en el momento justo que ocurren. Pero luego, en cuanto pasa el tiempo, unos meses, un año, dos, cuatro… casi todo se nos olvida. Al correr del tiempo, recordamos muy pocas cosas de aquellos millones de cosas vividas a lo largo de la vida.

Ya el otoño de Granada, este año, ha pasado. Dentro de poco casi nadie va a recordar nada de lo ocurrido en esta estación del año. Quizá tampoco tú recuerdes ya mucho de lo vivido por aquí el año pasado. Vagamente y a lo grande siempre queda un recuerdo de lo más destacado. Pero lo pequeño, lo de cada momento, cada hora, cada mañana o tarde, seguro que se olvida en un pasado nebuloso. Un recuerdo ya difuso y cada vez más borrado y frío en nuestro corazón. Así es la vida. Esta es la realidad. Muy poco queda en nuestros recuerdos de muchas de aquellas cosas que, día a día, en el pasado vivimos.

Pero nosotros, a lo largo de estos meses que ya quedan atrás, henos ido escribiendo lo más importante del otoño por aquí. Para vivir una experiencia contigo, desde la distancia, y dejar recogido el tiempo y nuestros sentimientos. La Navidad fue anoche y hoy todavía un poco. Junto al belén pusimos el árbol, un pequeño granado con sus frutos y, bajo él, hemos puesto tu regalo. Para que, al menos esto, sea lo más parecido a como son las cosas en tu país. Aunque nuestro árbol sea distinto. Es, como te hemos dicho, un granado enano. El que ya tiene muchos años y todos los días riega la niña. Todavía, en estos días de fiesta, tiene sus ramas llenas de pequeñas granadas. Y todavía tiene sus hojas con el color del otoño. Como si nos estuviera permitiendo poner el broche final al otoño que te henos regalado. Quizá mañana o pasado o dentro de un año o dos, se nos olvide por completo lo de esta Navidad y lo de este otoño. Pero en este granado, en sus hojas color de otoño, en sus granadas pequeñas, dejamos nuestro cuaderno. Nuestro especial regalo de Navidad para ti. El tiempo, el amor, nuestro sueño y deseo, condensados en unas fotos y cuatro renglones.

Nuestro árbol de Navidad
es un granado,
todavía color de otoño
y enano.
De él las granadas se ven
colgando
en frutos naturales
ya madurados.
Nuestro árbol original
no es de plástico
ni tiene luces de colores
ni muñecos mágicos,
pero sí, bajo sus ramas,
hemos dejado
para ti, en estos fiestas,
un regalo.

26 de diciembre: adiós al otoño y, para ti, un abrazo Luego ayer, el día transcurrió sereno. En el ambiente se palpaba como una gran paz y en el cielo ni siquiera había nubes. Todo azul y el viento quieto. Y, a lo largo de todo el día, lució el sol. En Granada capital, hasta bien avanzada la tarde, no se vio mucha gente. Por la mañana las calles estaban solitarias, pocos coches, las tiendas cerradas, los belenes apagados y lo mismo la iluminación especial de Navidad. Todo parecía como si durmiera un sueño, en espera de no sé qué importante acontecimiento.

También en este Cortijo de la Viña, nos levantamos tarde. Y sin embargo, la niña madrugó. También lo hice yo. Como si tuviéramos necesidad de ver qué había sucedido en nuestro especial árbol de Navidad. Y descubrimos que no había sucedido nada. Todo quieto y en su sitio, como el día y el aire y la serenidad por las calles de Granada. Encendí el fuego en la chimenea y, junto a las llamas, nos sentamos. Porque, a pesar del sol que ayer hizo, el ambiente era muy frío. Me decía la niña:
- Fíjate qué solitario y quieto está nuestro regalo para ella bajo el pequeño granado.
Y era cierto. Bajo nuestro árbol de Navidad se veía el cuaderno, con tu nombre escrito en la portada. Le dije a ella:
- No importa. Nosotros hemos hecho lo más puro. Por sincero cariño hacia ella, le hemos regalado nuestra ilusión, los deseos más limpios de nuestros corazones y los momentos más hermosos de los días que han pasado. Y el cielo lo sabe.

Nada respondió. Muda siguió sentada junto a mí con sus miradas puestas en la llama de la lumbre. Iba amaneciendo y, a través de los cristales de la gran ventana, resplandeciente se veía la luz del nuevo día. Una luz hermosa, llena de colores, con algunas nubes dibujando el cielo y los árboles recortados en el horizonte. Como si el otoño, la Navidad y el invierno, se hubieran juntado para ofrecernos un bonito espectáculo al amanecer de este día nuevo. Me volvió a decir la niña:
- Hazle una foto y con ella ponemos punto y final en el cuaderno que le regalamos con el otoño de Granada.
Le hice caso y aquí tienes la foto. De verdad que parece como el anuncio de algo trascendente al mismo tiempo que sirve para celebrar la Navidad, despedir el otoño y darle la bienvenida al invierno. Así lo hacemos y damos gracias al cielo. Nos despedimos mientras te recordamos y deseamos lo mejor.

Adios al otoño
que para ti hemos recogido,
poco a poco,
de las calles de Granada,
en pequeños trozos.
Adiós a la Navidad
que también nosotros
hemos celebrado contigo
a nuestro modo.

Bienvenido al invierno
mudo y solo
que avanza desde el frío
de tu remoto
país de las nieves puras.
Por aquí todos
ya nos preparamos
junto al rescoldo
de tu recuerdo blanco.
Adiós al otoño
y, para ti, un abrazo
sincero y hondo.